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La defensa de Taiwán tiene una importancia estratégica para los Estados Unidos

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El artículo de Jared McKinney y Peter Harris en Parameters –revista trimestral del U.S. Army War College– titulado “Broken Nest: Deterring China from Invading Taiwan” ha reavivado las discusiones sobre la importancia de Taiwán para la seguridad estratégica de América ante China.

La tesis de los autores es que “Estados Unidos y Taiwán deberían hacer planes para una estrategia de tierra arrasada que haría que Taiwán fuera tanto escasamente atractivo para ser tomado por la fuerza como extremadamente costoso de mantener”. Su artículo ha sido el documento más descargado de 2021 en la Escuela de Guerra del Ejército de EE.UU.

McKinney y Harris aciertan en que es un riesgo para la seguridad de América el hecho de que empresas americanas sean las que diseñan los chips pequeños y más rápidos del mundo, pero ninguna empresa en América los fabrique. Los hacen únicamente Taiwán Semiconductor Manufacturing Company –que produce poco más de la mitad de los chips a medida del planeta y cerca del 90% de los procesadores avanzados– y Samsung Electronics.

En una previa columna advertía que aunque la administración Biden desearía retomar la extrema complacencia comercial de Obama con China, las grandes corporaciones tecnológicas americanas empezaban a despertar al que China no era una fábrica inofensiva con mano de obra barata y escasas regulaciones ambientales para deslocalizar la producción industrial de tecnología americana a bajo costo. Las empresas chinas se habían hecho competidores formidables gracias a las forzadas transferencias de tecnología a las que estos empresarios habían dado poca importancia. El robo de tecnología era un obvio objetivo del gobierno chino y las corporaciones “privadas” patrióticas chinas, su cómplice y beneficiario activo.

Adelantaba que la pesadilla de imaginar la estratégica industria de semiconductores de Taiwán bajo control de Beijing empujaría a Silicón Valey ha presionar a Washington a hacer lo necesario para evitarlo. China fracasó en desarrollar su propia industria de semiconductores y depende tan críticamente de Taiwán como los EE.UU, que tampoco los fabrica. Pero lo que no están evaluando adecuadamente en McKinney y Harris es que al llegar al poder, Xi Jinping se refirió a Taiwán.

“Mirando más adelante, el tema de los desacuerdos políticos que existen entre las dos partes debe llegar a una resolución final, paso a paso, y estos temas no pueden transmitirse de generación en generación”, afirmó al respecto en octubre de 2013.

Michael Turton, columnista del Taipéi Times responde a McKinney y Harris que la dependencia no detiene sino que impulsa a un poder imperial a la conquista, aclarando que la china de Xi “quiere Taiwán porque, como la Alemania nazi, es una potencia expansionista impulsada por una ideología racista y un mito histórico racista”.

No olvidemos que lo primero que copió y adaptó a sus propias necesidades el Partido Comunista chino cuando adoptó soluciones “capitalistas” limitadas para evitar un colapso como el de la URSS sin comprometer su control totalitario, fue al otro gran totalitarismo del siglo XX: el nacionalsocialismo alemán. Taiwán es un triple desafío para Beijing porque:

Es una democracia exitosa con una economía de mercado y una población mucho más próspera que la de china continental, en un país de población casi exclusivamente china. Desmiente el mito de la necesidad “cultural” del control autoritario como única vía al orden y la prosperidad de los chinos.

Beijing no reconoce la independencia de Taiwán y la considera una provincia rebelde apoyada por fuerzas extranjeras. Para elevarse a la altura del mito histórico imperial ancestral que invoca, Xi necesita someter a esa provincia rebelde.

Taiwán es indispensable en los arcos de contención a China que articulan la estrategia de los EE.UU. en el Indo-pacífico frente a Beijing.

La geografía sigue determinando la geopolítica y Taiwán está en el punto en que se unen los mares del sur y el este de China, donde protege el flanco sur del Japón. Por eso Washington no puede entregar Taiwán a Beijing, ni entero ni en ruinas. Estados Unidos necesita defender a Taiwán de Beijing para no perder una hegemonía estratégica en el Indo-Pacifico de la que depende su propia seguridad geoestratégica.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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