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La ideología detrás del totalitarismo islámico de Irán

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Irán es un totalitarismo islámico revolucionario, y en un régimen así la ideología lo es todo. Por eso, cuando Teherán habla en aniquilar a Israel, habla en serio. Teherán ve en el apaciguamiento una debilidad enemiga que aprovecha para fortalecerse y seguir atacando. La revolución está atada a una ideología de la que no puede apartarse porque, si esta se debilita, el régimen colapsa.

Desde 1979 Teherán sostiene objetivos revolucionarios que justifican la represión totalitaria en casa para exportar su revolución a sus vecinos y al mundo entero. El fundador del totalitarismo iraní, el ayatolá Khomeini, introdujo una idea nueva y revolucionaria en la teología islámica chiíta, rehaciendo al tradicional tutelaje clerical chiíta de los necesitados Velayat-e Faqih en un nuevo totalitarismo político que se resume en que un ayatolá, a través del clero chiita, deberá tutelar totalmente al Estado islámico y toda su población, como un poder destinado a gobernar el mundo entero.

La Jihad, o guerra santa, de Khomeini está atada a esa teología revolucionaria que podría considerarse una herejía en tradición musulmana, por lo que luchar contra “malos musulmanes” ha sido tan importante para Teherán como luchar contra infieles. El objetivo totalitario, violento y expansivo de Khomeini en su moderna interpretación revolucionaria del Corán [8:60] quedó incorporado a la constitución Iraní así:

“El Ejército de la República Islámica de Irán y el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos (…) serán responsables no solo de proteger y preservar las fronteras del país, sino también de cumplir la misión ideológica de la yihad a la manera de Dios, es decir, extendiendo la soberanía de la ley de Dios por todo el mundo”.

Khomeini, afirmó siempre: “Exportaremos nuestra revolución a todo el mundo y hasta que el grito ‘No hay más dios que Alá’ resuene en todo el mundo, habrá lucha” porque aclaraba que “si uno permite que un infiel continúe en su papel de corruptor de la tierra, el sufrimiento moral del infiel será aún peor. Si uno mata al infiel, y esto le impide perpetrar sus fechorías, su muerte será ​​una bendición para él”, para lo que insistió en que “todos los que están en contra de la revolución deben desaparecer y ser ejecutados rápidamente”.

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Iranian clerics burn US flags during a rally marking the 43rd anniversary of the 1979 Islamic Revolution, at the Azadi (Freedom) square in Tehran, Iran, 11 February 2022.

Fiel al la teología revolucionaria de Khomeini, su sucesor el ayatolá Khamenei ha insistido en que Irán bien podría terminar en cenizas para que el Islán gobierne el mundo. Khamenei resumió la teología  revolucionaria de Teherán en una frase: “El Islam es política o no es nada”. Su noción de política y de “racionalidad” ideológica de fines las aclaró afirmando:

“No adoramos a Irán, adoramos a Alá. Porque el patriotismo es otro nombre para el paganismo. Yo digo que esta tierra arda. Yo digo que esta tierra se convierta en humo, siempre que el Islam emerja triunfante en el resto del mundo.”

Teherán patrocina organizaciones terroristas como Hezbollah, responsable de ataques terroristas, como el atentado que costó la vida de 241 marines americanos en Beirut en 1983, el atentado a la embajada americana en Beirut en 1984, el ataque de 1992 a la Embajada de Israel en Buenos Aires y el bombardeo del USS Cole en octubre de 2000; Hamas, responsable de un sangriento golpe de Estado contra la Autoridad palestina en Gaza y de innumerables ataques con misiles contra Israel; y las milicias hutíes que mantienen una guerra civil en Yemen y lanzaron ataques terroristas contra el reino Saudí y los Emiratos Árabes. Por realismo político táctico, Teherán incluso habría apoyado logísticamente ataques terroristas del fundamentalismo Suní de Al Qaeda el 11 de septiembre, por lo que un tribunal federal americano ordenó a Irán indemnizar con $7 mil 500 millones a las familias de las víctimas.

Teherán es el mayor patrocinador del terrorismo del mundo y no dejará de serlo mientras sea un totalitarismo revolucionario expansivo dispuesto a transformar su propio suelo y a su propio pueblo en cenizas para lograr sus objetivos ideológicos. Negarse a verlo como lo que realmente es está entre los peores errores en que la administración Biden insiste tercamente.  

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