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La pequeña dictadora que sueña con incendiar Estados Unidos

La pequeña dictadora que sueña con incendiar Estados Unidos

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La casa se está incendiando. Hay una combustión lenta que empieza a consumir las paredes y doblar las columnas de soporte; algunos sujetos hacen malabares para intentar apagar el fuego y que no se venga todo abajo, sin embargo, otros se han decidido a destruirlo todo, golpean por la espalda a los que tratan de reconstruir, y echan más gasolina al fuego. Si van a gobernar, que sea sobre cenizas, así lo ha determinado la pequeña dictadora.

En ambos partidos —demócrata y republicanos— hay personajes con un discurso incendiario, existen ya diferencias irreconciliables, y parece difícil hacer las paces, sin embargo, comulgan con las leyes, respetan las instituciones —aunque lo hacen con mucho recelo— y mantienen cierta compostura para evitar que todo se venga abajo. Esta última regla tiene una excepción: Alexandria Ocasio-Cortez.

No hay dudas que Estados Unidos atraviesa la etapa más polarizada desde la guerra civil, demócratas y republicanos viven en realidades completamente ajenas, los primeros en el mundo creado por CNN donde se ve a un Biden joven y vigoroso, los segundos, hechizados por Trump; se insultan, se detestan, pero utilizan las instituciones para dirimir conflictos; hago nuevamente una excepción: Alexandria Ocasio-Cortez, ni respeta las normas, ni le interesa aparentar que lo hace, golpea directamente las instituciones, pide destituir jueces, cambiar las reglas del Congreso para que las cosas se hagan a su antojo, pide acosar a senadores y congresistas, llama a turbas a protestar frente a los hogares de funcionarios públicos. La nación se está incendiando y ella parece disfrutar del fuego, quiere a todo el país en una hoguera y gobernar sobre cenizas.

Lo peligroso de Ocasio-Cortez es que apenas es una congresista y ya quiere destrozar el sistema, arremete contra los miembros de su propio partido y las instituciones, de llegar más lejos, Dios sabe lo que podría pasar.

En su mundo de fantasía, o en su absurda mente trastornada, es su deber “constitucional” pedir la destitución de los jueces de la Corte Suprema de Justicia que fallen en contra de sus causas. Para ella resulta legítimo que, si no se hace lo que ella considera correcto, esa persona debe ser desechada.

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Para la pequeña dictadora, acabar con el filibuster y cambiar las reglas del juego para hacer cumplir su voluntad tampoco es suficiente, hay que acabar con todo, y lo escribe, como si tuviese 7 seguidores en Twitter y manejara una cuenta anónima. Hay que acabar con todo “por el bien del planeta” asegura.

La mente trastornada de la pequeña dictadora

La congresista por Nueva York es insistente y reticente en su agenda, no la oculta, dice abiertamente que hay que expandir la Corte Suprema, lo suficiente para que su partido pueda hacer lo que le venga en gana con la institución; también pide acabar con el filibuster, con el mismo fin, y básicamente, considera que la separación de poderes debe ser enterrada y el Estado —siempre y cuando esté en manos de su partido— tenga un poder absoluto sobre las personas.

Pero no se preocupen, no todo es malo. Ella hace todo esto porque quiere cuidar del planeta y permitir que las mujeres aborten, en realidad, si lo piensan, no es tan terrible, ella misma lo dice, si hay que destruirlo todo, adelante, es por bien el del planeta; ya que, según ella, estamos en presencia de un golpe judicial. Porque por supuesto, unos jueces que toman una decisión basada en la Constitución y no en agendas partidistas, son unos traidores contra la patria, y por ende, el presidente debe restringir a esos malvados jueces.

Disculpen, ¿ya mencioné la simpatía que siente Ocasio-Cortez por dictadores como Nicolás Maduro? ¿Si sabían que miembros de su agrupación política “Socialistas democráticos de América” viajaron a Venezuela para abrazarse con el tirano de Caracas y lavar su rostro? Y que, además, cuando los cubanos protestaron por su libertad en la isla, la socialista guardó un silencio absoluto y luego achacó los problemas de Cuba al “embargo” de Estados Unidos…

A la pequeña dictadora no le interesa la verdad, los datos, las reglas democráticas, ni respetar las instituciones, tampoco le importa, como ella misma alega, echar abajo a todo el país, si eso le permite seguir con su agenda política. El peligro de estas pequeñas tiranuelas es que su discurso, además de radicalizar a la base votante del Partido Demócrata, obliga al Gobierno de Biden a asumir las mismas posturas bajo amenaza de ponerse a su electorado en contra. Es un fuego que crece y cada vez es más difícil de controlar.

Las tácticas de Alexandria le han funcionado, ahora, el propio Biden en el exterior criticó un fallo de la Corte Suprema de Justicia en plena cumbre internacional con los líderes de otros países. Imaginen el bochorno, un presidente de Estados Unidos, hablando pestes de las instituciones de su país, frente a sus socios políticos y mandatarios del mundo libre. ¿Cuál imagen estará reflejando Estados Unidos en el exterior?

Ocasio-Cortez, la pequeña dictadora, es de esos problemas que las repúblicas democráticas deben enfrentar para sobrevivir, es un reto, o el sistema —los votantes— se encargan de quitarle el poder, o su poder consumirá las instituciones, la paz, y la democracia del país.

A quienes, a pesar de las diferencias, queremos seguir viviendo en un país de orden, ley e instituciones, nos queda el deber de denunciar a estos personajes y alertar a la población para que estén atentos, pues como dijo el padre de esta gran nación, John Adams: “La libertad una vez perdida, está perdida para siempre”.

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