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Las lecciones de las elecciones mexicanas son las de un país que sigue en juego. Imagen: EFE/Mario Guzmán

México: 5 lecciones de las elecciones

Las lecciones de las elecciones mexicanas muestran que el futuro de México sigue en juego. AMLO mantiene la ventaja en su intento autoritario, pero no ha ganado

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Las lecciones de las elecciones intermedias en México nos dibujan un escenario mucho más competitivo de lo que hubiéramos esperado hace unos meses. El futuro económico y político del país sigue en juego, y todavía es posible revertir los avances del socialismo.

Ya con los resultados completos, la cabeza fría y las develadas repuestas, tras la intensa campaña que concluyó el pasado domingo 6 de junio con las elecciones intermedias más grandes en la historia del país, México reajusta su equilibrio político, mientras tanto el oficialismo como la oposición comienzan a digerir los aprendizajes, curarse las heridas y tomar las ventajas que les brinda un nuevo escenario donde, como explicamos hace unos días, todos ganaron lo mínimo indispensable para mantenerse en pie de guerra.

López Obrador no es invencible

Tras su contundente triunfo en las presidenciales del 2018, la idea de que el movimiento de López Obrador era invencible y estaba destinado a expandirse sin freno hasta dominar completamente al país se convirtió en uno de los pilares de la retórica oficialista. La narrativa consistía en que los partidos de oposición estaban, supuestamente, condenados a extinguirse y que, una vez que México viviera la honestidad de AMLO, la “cuarta transformación” del país sería una realidad absoluta.

El 6 de junio quedó claro que esto no es verdad. Morena (el partido estelar del presidente) perdió medio centenar de escaños en la Cámara de Diputados y sufrió escandalosas derrotas en 9 de las 16 alcaldías de la Ciudad de México, que durante dos décadas había sido el bastión inexpugnable del obradorismo. Si AMLO es el mesías, como lo creen muchos de sus simpatizantes, entonces ese mesías puede sangrar y puede perder. México no está condenado al obradorismo como destino histórico, y ahora todo el país lo sabe.

El PRIAN es viable

Hace un año, cuando los empresarios Gustavo de Hoyos y Claudio X González redoblaron los esfuerzos del movimiento “Sí por México” y proyectaron una gran alianza entre los 3 partidos tradicionales del país (el PAN, de derecha; el PRI, de centro; el PRD, de izquierdas) su idea fue recibida con amplio escepticismo. Muchos militantes y analistas (me incluyo) pensamos erróneamente que esta la alianza “del PRIAN” estaba condenada al fracaso, porque las estructuras de los partidos no podrían colaborar y el resultado sería una campaña caótica, impotente y catastrófica. No fue así.

El 6 de junio quedó claro que el “PRIAN” es un modelo viable para competir contra López Obrador. Las fortalezas regionales del PRI, PAN y PRD se complementan bien y sus estructuras son capaces de compartir candidato sin caer en el abismo de los celos o los resentimientos. El éxito de la alianza opositora, especialmente en la Ciudad de México y el Estado de México, es un motivo de esperanza para el futuro, aunque no significa que ya estemos del otro lado.

El PRIAN tiene mucho por perfeccionar

El 6 de junio quedó claro que la alianza opositora es un “minimum viable product”. Es decir: funciona, pero tiene muchos defectos por corregir antes de que se convierta en un producto terminado, que refleje en votos su pleno potencial. La buena noticia es que con sus resultados en estas elecciones, los opositores han “comprado” otro par de años para perfeccionar su mensaje, construir una campaña que trascienda el mero voto anti obradorista.

Una parte fundamental de este “PRIAN 2.0” será el impulso de liderazgos propios, que no sólo impulsen a las bases de los partidos que la conforman, sino también a la ciudadanía en general. Para ganar la presidencia necesitan un candidato que emocione, que conecte y que sea motivo de orgullo para respaldar en campaña, y la mala noticia es que hasta ahora no se ve nadie con ese perfil, así deberán trabajar contrarreloj para desarrollar candidatos, proyectarlos y consolidarlos antes de la campaña presidencial del 2024.

La unidad opositora es clave. Esa es una de las lecciones de las elecciones en México. EFE/Carlos Ramírez
La unidad opositora es clave. Esa es una de las lecciones de las elecciones en México. EFE/Carlos Ramírez

Morena funciona

A pesar de su profunda crisis interna y del mal disimulado odio entre sus grupos internos, el partido del presidente López Obrador demostró en estas elecciones que tiene la disciplina suficiente como para adquirir el apoyo de los ciudadanos y luego movilizar dicho respaldo el día de las elecciones para traducirlo en votos contantes y sonantes.

Esa fortaleza en cuanto al trabajo en territorio les permitió ganar 11 de las 15 gubernaturas, aun sin tener el respaldo del nombre de López Obrador en la boleta. Si Morena sigue consolidando el funcionamiento de sus estructuras será un rival todavía más difícil de vencer en las elecciones presidenciales, aunque para ello deberá renovar de manera exitosa su dirigencia nacional y sus comités estatales, al igual que sus consejos políticos, lo que no será fácil.

Eventualmente, el propio AMLO se verá obligado a influir abiertamente en favor de alguno de los grupos internos de Morena, para imponer a su sucesor, y en ese momento se pondrán a prueba todas las lealtades del oficialismo, que aun ahora parecen tambalearse.

La gente no quiere novedades raras

Las elecciones dejaron en claro que, en términos generales, el votante mexicano ha optado por respaldar marcas partidistas que siente confiables (o, cuando menos, predecibles).

En 2021 prácticamente desaparecieron los candidatos independientes, que habían surgido en 2015 como una opción viable para desafiar el predominio de los partidos políticos. El problema fue que este tipo de candidaturas se convirtió rápidamente en refugio de politicastros sin mayor lealtad que la de sus intereses, provocando que la ciudadanía le perdiera el respeto a esta figura de participación política. ¿El resultado? en 2021 apenas el 0.08 % de los votos válidos para diputado federal se emitieron a favor de un candidato independiente.

A los tres nuevos partidos políticos les pasó lo mismo: Fuerza por México, Encuentro Solidario y Redes Sociales Progresistas apostaron a candidatos “ciudadanos”, pintorescos o de la farándula, en un intento de llamar la atención de los votantes, pero fracasaron rotundamente. Sus candidatos generaron memes y burlas en las redes sociales, pero a la hora de la verdad se quedaron lejos del 3 % de la votación válida que necesitaban para mantener su registro. Por lo tanto, los 3 desaparecerán.

Como podemos ver, las lecciones de las elecciones mexicanas nos muestran un país donde la competencia política sigue ligeramente desequilibrada a favor del presidente (pero no en forma definitiva) y donde, a pesar de todo, los ciudadanos mantienen un mínimo de respeto o resignación hacia los partidos y liderazgos tradicionales. México no está todavía como para un Bukele o un Pedro Castillo. Todavía no.

1 comment
  1. El PES volverá a recuperar su registro, si es que lo pierde. En el 2018 lo perdió, pero por orden de Obrador se lo devolvieron; tuvieron que cambiar (aunque fuera solo ligeramente) el nombre, para tener registro como “nuevo” partido. Nada impide que vuelva a ocurrir.

    “México no está todavía como para un Bukele o un Pedro Castillo”. Cierto, pero se seguirá insistiendo; solo es cuestión de tiempo.

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