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“Estábamos en una lista negra rusa”: periodistas cuentan su aterradora experiencia cubriendo la guerra en Mariúpol

En una detallada crónica, los fotógrafos Mstyslav Chernov y Evgeniy Maloletka contaron cómo vivieron el asedio ruso contra la ciudad Mariúpol, de donde huyeron escoltados por el Ejército ucraniano

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Debido a su ubicación geoestratégica —es portuaria con el mar Negro— Mariúpol es una de las ciudades ucranianas que más ha sufrido las consecuencias de la invasión rusa. Por semanas, los mísiles no han parado de caer sobre infraestructura civil, incluyendo hospitales y el afamado teatro donde se refugiaban unas 1,300 personas. La gente se esconde en los refugios antiaéreos, logrando protegerse parcialmente de los bombardeos, pero luego mueren en las filas para comprar comida. En medio de todo el asedio ruso, las comunicaciones cayeron por completo, dejando a Mariúpol aislada; sola, con apenas noticias del exterior, sin agua, comida o medicinas y sin la capacidad de poder transmitir lo que sucede en la zona al resto del planeta.

La guerra no solo se mide en bombas y disparos, también es comunicacional, allí Rusia ha sembrado su propaganda internamente, controlando las señales e impidiendo que las televisoras o emisoras locales y estatales puedan transmitir. Mientras tanto, en el exterior, Rusia intenta desmentir los reportes de ataques confirmados contra infraestructura civil. Uno de los más renombrados fue el bombardeo contra el hospital materno-infantil de Mariúpol donde, según cifras de autoridades locales, 3 personas fueron asesinadas, incluyendo una niña. La cifra de heridos llegó a 17.  

En medio de esta hecatombe, el pánico se acrecentaba entre la población al no poder recibir información sobre la guerra. Lo único que escuchaban eran bombas y disparos. Con el paso de los días, los periodistas internacionales (quienes a duras penas conseguían conectarse a Internet) huían de la ciudad asediada; dejando a Mariúpol —y al mundo— solo con las versiones oficiales de ambos bandos.

Pero hubo dos periodistas que se quedaron en Mariúpol por semanas: Evgeniy Maloletka y Mstyslav Chernov. Ambos, al servicio de la agencia The Associated Press, se encargaron de informar todo lo que veían, grababan y fotografiaban desde la ciudad portuaria hasta que, un día, el ejército ucraniano los tuvo que evacuar porque sus vidas estaban en riesgo.

“Fuimos testigos de la agonía de Mariúpol y huimos de la lista negra de Rusia”

En una detallada crónica publicada en AP, los fotoperiodistas Mstyslav Chernov y Evgeniy Maloletka contaron cómo vivieron el asedio ruso y por qué tuvieron que huir de la ciudad.

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“Los rusos nos estaban persiguiendo. Tenían una lista de nombres, incluido el nuestro, y se estaban acercando”, se lee en el relato. “Éramos los únicos periodistas internacionales que quedaban en la ciudad ucraniana, y llevábamos más de dos semanas documentando el asedio de las tropas rusas. Estábamos informando dentro del hospital cuando los hombres armados empezaron a acechar los pasillos. Los cirujanos nos dieron batas blancas para camuflarnos”.

En los perfiles de Instagram de Maloletka y Chernov se puede apreciar la cobertura que los fotógrafos hicieron desde Mariúpol. Ellos eran, prácticamente, una de las pocas —por no decir la única— fuente independiente que intentaba informar sobre lo que ocurría dentro de la ciudad portuaria.

Imágenes de la periodista Evgeniy Maloletka desde Mariúpol.

Según los periodistas, en el amanecer del 15 de marzo, una docena de militares ucranianos entraron en el hospital preguntando: “¿Dónde están los periodistas, joder?”.



Dubitativos, porque pensaban que podían ser rusos encubiertos, los periodistas se identificaron, y enseguida los militares les informaron que tenían ordenes de evacuarlos de Mariúpol mientras las paredes del hospital temblaban por los disparos en las afueras del recinto.

“Salimos corriendo a la calle, abandonando a los médicos que nos habían dado cobijo, a las mujeres embarazadas que habían sido bombardeadas y a las personas que dormían en los pasillos porque no tenían dónde ir. Me sentí fatal al dejarlos atrás”, relató Chernov, quien dijo que el impacto cercano de los proyectiles les obligaba a lanzarse al suelo mientras corrían por las destrozadas calles de Mariúpol.

“Llegamos a una entrada y los vehículos blindados nos llevaron a un sótano oscuro”, escribió el periodista. “Sólo entonces supimos por un policía por qué los ucranianos habían arriesgado la vida de los soldados para sacarnos del hospital”: los rusos tenían una lista negra con sus nombres y las autoridades ucranianas temían que los periodistas de AP fueran secuestrados y obligados a desmentir sus propios informes.

“Si los atrapan, los pondrán en cámara y les harán decir que todo lo que filmaron es mentira”, dijo el policía a los dos reporteros. “Todos tus esfuerzos y todo lo que has hecho en Mariúpol será en vano”.


“Estábamos en una lista negra rusa”: periodistas de AP cuentan su aterradora experiencia cubriendo la guerra en Mariúpol
Columnas de humo salen de una zona residencial en la ciudad de Mariúpol, en el sureste de Ucrania y asediada desde hace tres semanas por las tropas rusas, el sábado 19 de marzo de 2022. (EFE)

En medio de la crónica, luego de denunciar que Rusia los quería capturar porque sus reportes dejaron en evidencia la crueldad de los ataques rusos, los periodistas relataron algunos de los horrores que vieron en Mariúpol.

“Las muertes se sucedieron rápidamente. El 27 de febrero, vimos cómo un médico intentaba salvar a una niña alcanzada por las balas de metralla. Murió”, se lee en la crónica. “Un segundo niño murió, luego un tercero. Las ambulancias dejaron de recoger a los heridos porque la gente no podía llamarles sin señal, y no podían circular por las calles bombardeadas”.

Según el relato, los médicos pidieron insistentemente que se grabara a las familias que llevaban al hospital a sus propios heridos y muertos. Vieron saqueos de supermercados, proyectiles impactando establecimientos y mucho miedo en la población. Muchos ucranianos les pedían información sobre la guerra y cuándo terminaría, ni Maloletka y Chernov sabían que responder. La única esperanza que había era el rumor de que el ejército ucraniano estaba llegando a la ciudad para recuperarla y librarla del asedio. Nunca llegó nadie.

“Había visto tanta muerte que filmaba casi sin asimilarla”

A medida que los ataques aéreos se intensificaban, las muertes y heridos se multiplicaban. Los periodistas de AP fueron testigos de ello y del destrozo causado en el hospital materno-infantil. “Habíamos grabado muchos muertos y niños muertos, una fila interminable”, dijeron.

Eso fue días antes de huir. Ellos no sabían que, en ese momento, Rusia se esforzaba por desmentir su trabajo y que sus vidas corrían peligro.

Sobre la huida de Mariúpol, los periodistas dijeron que no parecía un rescate ya que la sensación era “que nos trasladaban de un peligro a otro”.

“Nos metimos en un Hyundai con una familia de tres personas y nos metimos en un atasco de 5 kilómetros para salir de la ciudad. Alrededor de 30.000 personas salieron de Mariúpol ese día, tantas que los soldados rusos no tuvieron tiempo de mirar de cerca los coches con las ventanillas cubiertas de trozos de plástico que se agitaban”, relataron los periodistas, quienes ahora están fueran de la ciudad portuaria y son noticia en todos los medios importantes del mundo.

Según su relato, atravesaron hasta quince puestos de control ruso, allí comprendieron que Mariúpol está condenada al asedio, pues el ejército ucraniano tendría que abrirse paso entre demasiado terreno hostil.

En el decimosexto puesto de control, finalmente, oyeron voces ucranianas. “Sentí un alivio abrumador. La madre que iba delante del coche rompió a llorar. Habíamos salido”, escribió Chernov. “Éramos los últimos periodistas en Mariúpol. Ahora no hay ninguno”.

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