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Liz Cheney se enfrenta a un reto político: ¿Sobrevirirá a los intentos de sacarla del poder?

La posición política actual de Cheney dentro de su propio partido es débil y se deteriora rápidamente

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La representante Liz Cheney (R-WY) se enfrenta a una potencial condena política ya que la posibilidad de ser destituida de su posición de liderazgo como presidenta de la Conferencia Republicana del Congreso está ganando fuerza. El GOP parece estar volviéndose decisivamente en su contra debido a sus fuertes críticas tanto al papel del expresidente Trump en el asalto del 6 de enero en la capital de la nación, como a sus intentos de seguir siendo una voz poderosa dentro del GOP.

La posición política actual de Cheney dentro de su propio partido es débil y se deteriora rápidamente. De hecho, el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy (R-CA), dijo que ha “perdido la confianza” en ella en un comentario filtrado por un micrófono encendido antes de una entrevista. Además, el representante republicano Steve Scalise (R-LA) ha declarado públicamente que apoya que la representante Elise Stefanik (R-NY) ocupe el puesto de Cheney como presidenta, un movimiento que ilustra claramente el deterioro de la posición de Cheney en su partido.

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La rep. Liz Cheney (R-WY) se enfrenta a la posibilidad de ser destituida de su posición de liderazgo en el Congreso (EFE)

Liz Cheney se enfrenta a una posible destitución por su ruptura con Trump

Cheney ha una gran crítica de Trump en los meses posteriores a las elecciones y especialmente sobre su papel en los disturbios del 6 de enero en el Capitolio. Cheney dijo que Trump “convocó a esta turba, reunió a la turba y encendió la llama de su ataque” en una declaración en la que anunció su decisión de ser uno de los 10 republicanos que acabaron votando a favor de la destitución de Trump.

Cheney se enfrentó a principios de año a una votación para destituirla de su puesto en la dirección, ya que muchos congresistas del ala más pro-Trump del partido forzaron la votación en el caucus del GOP. Ella sobrevivió a la medida por un cómodo margen de 145-61, sin embargo, tres meses después de esa votación su posición parece ser significativamente más débil.

Ya en febrero, el senador Mitch McConnell (R-KY) ofreció su apoyo a Liz Cheney y el recuerdo del 6 de enero estaba todavía muy fresco en la mente de muchos legisladores. Sin embargo, esta vez incluso McConnell se ha abstenido de dar el mismo tipo de apoyo a la asediada congresista de Wyoming.

La congresista ha seguido emitiendo comentarios periódicos contra las acusaciones de Trump de que le robaron las elecciones. Dijo que pensaba que Trump no debería haber hablado en la CPAC, que los senadores que apoyaron abiertamente la anulación de las elecciones en enero deberían ser inhabilitados para presentarse a cargos más altos, y recientemente tuiteó que cualquiera que siga diciendo que las elecciones de 2020 fueron robadas está difundiendo la “gran mentira” y “envenenando nuestro sistema democrático”.

También ha respondido a las crecientes informaciones sobre una próxima maniobra política contra ella escribiendo un mordaz artículo de opinión en The Washington Post en el que sostiene que las continuas afirmaciones de Trump de que ganó las elecciones van en contra del “más conservador de los valores conservadores”, la adhesión al Estado de Derecho. También dijo que el Partido Republicano se encuentra actualmente en un punto de inflexión, ya que pide a su partido que se aleje del “antidemocrático culto a la personalidad de Trump.”

También dijo que es vital que el GOP rechace las afirmaciones más tóxicas de Trump para establecer una amplia coalición de base que pueda devolver la cordura al país, especialmente cuando los demócratas caen en lo que ella llama “wokeness ridículo”, “políticas irracionales en la frontera” y “gasto desbocado”.

El expresidente Trump no se ha mantenido al margen de la controversia, emitiendo una declaración típicamente contundente en su recién creado blog en la que acusa a Cheney de ser una “tonta belicista” que “no tiene nada que hacer en el liderazgo del partido republicano” antes de apoyar también la candidatura de la diputada Stefanik para sustituir a Cheney como presidente de la conferencia.

Liz Cheney - Kevin McCarthy - El American
El líder de la minoría en la cámara, Kevin McCarthy (R-CA), dijo en un audio filtrado que perdió la confianza en Liz Cheney (EFE)

Una prueba sobre el futuro del partido

La casi segura próxima votación contra Liz Cheney nos dará ciertamente alguna indicación sobre cómo está la cúpula del Partido Republicano para abordar la creciente división entre aquellos en el partido que quieren adoptar un enfoque más beligerante contra las acciones de Trump después de la elección y aquellos que están buscando activamente su respaldo y apoyo.

Una expulsión de Cheney de su puesto y -lo que es más importante- su sustitución por un candidato respaldado por Trump demostraría que, aunque el expresidente no tenga la misma cantidad de poder al no estar ya en el Despacho Oval, estar agraciado con él sigue siendo una necesidad vital para los que quieren conservar posiciones de liderazgo en el GOP.

Una derrota de Cheney también crearía más incentivos para que el ala más anti-Trump del partido se centre únicamente en oponerse a la expansiva y ambiciosa agenda legislativa de la administración Biden, dejando de lado el asalto del 6 de enero, ya que podría avivar más divisiones dentro del GOP. Este, por cierto, parece ser el camino que están siguiendo McConnell, Romney y otros, ya que han adoptado la táctica de simplemente ignorar los constantes ataques del expresidente.

La polémica ha surgido después de que Cheney criticara repetidamente la actitud de Trump el pasado 6 de enero (EFE)

Independientemente del resultado de los intentos de destituirla, Cheney se enfrentará a la prueba política de su vida en 2022, cuando seguramente habrá una gran energía del ala más pro-Trump del GOP para apoyar a un contendiente en las primarias republicanas, una amenaza formidable ya que Trump ganó Wyoming por márgenes muy amplios y tuvo un índice de aprobación muy alto entre los votantes de las primarias del GOP.

Cheney sabe que cada vez que condena a Trump está erosionando aún más su posición dentro de vastos sectores del GOP, aunque siga siendo sólidamente conservadora en básicamente todos los temas. Si pierde las primarias, entonces podría seguir intentando conseguir el escaño como independiente con la esperanza de que muchos demócratas y el ala del GOP que nunca ha sido de Trump se unan a su apoyo como una de las más prominentes “never-Trumpers” del país.

¿Funcionará esta arriesgada estrategia? Nadie lo sabe, pero parece que Cheney está comprometida a arriesgar su futuro político en ello.

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