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AMLO delira y la oposición no lo puede parar. Imagen: EFE/ Sáshenka Gutiérrez

López Obrador avanza en su desprecio hacia las instituciones mientras la oposición sigue en su burbuja

La situación en México es grave. AMLO delira y la oposición, encerrada en sí misma, no lo enfrenta con efectividad. Esa combinación es trágica

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México enfrenta el momento más peligroso de su vida política moderna, atrapado entre la espada y la pared de un régimen obradorista que se vuelve cada vez más caprichoso y una oposición que parece decidida a mantenerse dentro de su burbuja, incapaz de aprender de sus errores, para corregirlos.  

López Obrador avanza en su desprecio hacia las instituciones

Andrés Manuel pez Obrador, el presidente de México, entra en la recta final es un mandato con una actitud cada vez más caprichosa y autoritaria. Su desprecio hacia las instituciones, que era evidente desde sus tiempos en la oposición, no amainó tras su llegada al gobierno. Por el contrario, ese repudio a la descentralización del poder y las formas institucionales se vuelve cada vez más profundo, mientras acelera su estrategia.

Obrador va por todo. El 29 de marzo directamente planteó desbaratar la estructura institucional que se encarga de garantizar la certeza y la limpieza de las elecciones. En su conferencia mañanera, Obrador anunció que enviará una iniciativa de reforma constitucional para “que no haya consejeros, que no haya magistrados que no tengan vocación democrática…voy a proponer que sea el pueblo el que elija a los consejeros electorales y a los magistrados (del tribunal electoral) de manera directa”.

En el discurso, se trata de impulsar una democracia más plena. En la práctica, López Obrador básicamente sometería a las instituciones electorales a su capricho, apalancándose en la capacidad de acarreo de votos que le brinda no solo su popularidad, sino también el control que ejerce el oficialismo sobre la mayoría de los gobiernos estatales y sobre la estructura de dádivas que se opera desde el gobierno federal.

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Y esa iniciativa no es un hecho aislado; los caprichos se han convertido en sistema.

  • El 21 de marzo, Obrador inauguró un aeropuerto supuestamente internacional, del que salen menos de 10 vuelos diarios a pesar de que absorbió una inversión superior a los $10,000 millones de dólares, sumando los costos de la obra y los de cancelar el aeropuerto que estaba construyendo el presidente anterior (algunos cálculos sitúan la cifra real en el rango de los 25,000 millones de dólares).
  • El 10 de abril se llevará a cabo un proceso de “revocación de mandato” evidentemente inconstitucional e irónicamente impulsado por el propio López Obrador, cuyos simpatizantes reunieron firmas y apoyos para una consulta revocatoria que pretenden convertir en una “ratificación de mandato” para legitimar la radicalización política del presidente.
  • Mientras tanto, el obradorismo impulsa una reforma constitucional que destruiría casi por completo el mercado energético, reviviría el absurdo monopolio de la Comisión Federal de electricidad y dejaría en entredicho no sólo la sustentabilidad a futuro, sino la propia viabilidad energética del país a corto plazo. Todo ello aderezado con las casi permanentes difamaciones en contra de los medios de comunicación y de sus opositores políticos.

En pocas palabras, un circo cada vez menos democrático y cada vez más dictatorial.

AMLO delira y la oposición no lo logra detener. Imagen: EFE/ Mario Guzmán
AMLO delira y la oposición no lo logra detener. Imagen: EFE/ Mario Guzmán

La oposición, en su burbuja

Del otro lado del abismo, la oposición sigue encerrada en su burbuja. A casi cuatro años de las elecciones del 2018, los partidos tradicionales siguen sin entender porque perdieron y sin corregir los factores que los llevaron a esa derrota.



La oposición se atrincheró en el discurso anti-obradorista, y han sumado pequeños éxitos, como la conquista de Twitter. Sin embargo, en el mundo real, sus avances son básicamente nulos. A pesar de los escándalos y de la crisis, que habría demolido a cualquier otro gobierno, la oposición mexicana no crece.

Las encuestas reflejan que los antiobradoristas suman aproximadamente un 40 % de la población, y no han logrado rebasar ese techo. En términos de identificación partidista, Morena (el partido de Obrador) supera por casi 3 a 1 a los principales partidos opositores. En la carrera para las elecciones presidenciales del 2024, los aspirantes oficialistas mantienen una amplia ventaja en términos de conocimiento y apoyo popular.

Y las cosas no tienen para cuándo cambiar, porque los opositores están enamorados al estilo Narciso, ensimismados con el reflejo de sus rostros en la burbuja donde se encerraron y donde “confirman” una serie de virtudes que la sociedad simplemente no les reconoce.

Embriagados en ese espejismo, la oposición se vuelve cada vez más frívola, apostándole a competir contra las payasadas del régimen, pero sin la gracia ni el estilo de López Obrador. Bastan dos anécdotas:


  • Hace algunos meses, el presidente López Obrador baló como borrego en su conferencia de prensa, para hacerse el chistoso. Meses después, Lilly Tellez (la principal legisladora de oposición) utilizó la grabación de esos balidos en el pleno de la Cámara de diputados, para hacerse la chistosa.
  • El 29 de marzo, mientras López Obrador proponía una reforma que destruiría a las instituciones electorales, los senadores de oposición presumían muy contentos la maqueta de Lego qué mandaron hacer para parodiar la mansión del hijo de AMLO en Estados Unidos. Sonrientes, felices, como niños traviesos.

Sí, México enfrenta al momento más peligroso su vida política moderna. El país vive la muy real amenaza de la regresión autoritaria, la violencia desatada del crimen organizado y el creciente caos que se alimenta del cinismo social, mientras oficialistas y opositores intercambian payasadas en una guerra de chistes que en lugar de hacer gracia, hacen desgracia.

Hace meses sospechábamos que México tenía al peor gobierno y a la peor oposición, en el peor momento. Hoy ya no es sospecha, sino diagnóstico.

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