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Fotografía de persona sentada de espaldas viendo un paisaje con lago y montañas

¿Cuáles son los 7 hábitos de la gente altamente efectiva?

¡Descubre cuáles son los 7 hábitos de las personas altamente exitosas según Stephen R. Covey para que los pongas en práctica!

Si sientes que estás perdido, que tu vida se encuentra en desorden, no entiendes cómo es la gestión de tiempo y no sabes muy bien cómo orientarte para ser exitoso, Stephen Covey tiene la respuesta para ti en su maravilloso libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, que ya lleva 30 años mejorando la vida de las personas. 

A continuación, te presentamos todo lo que tienes que saber para convertirte en una persona altamente efectiva.

Lo esencial de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva

Stephen R. Covey publicó este bestseller en 1989, uno de los más influyentes en la temática de desarrollo personal y cultural. Encuentra su éxito en el hecho de pregonar que el mundo conocido por cada persona depende únicamente de su percepción.

El libro define la efectividad como un conjunto de principios que brindan máximos beneficios a largo plazo y que facilitan la resolución de problemas.

El autor explica que, para adoptar esta percepción, es necesario internalizar lo que define como «paradigmas». Estas son las herramientas que hacen a una persona capaz de exteriorizar los símbolos que la caracterizan como exitosa. 

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A modo de resumen del libro, la obra aborda dos tipos de enfoque alternativos, un enfoque desde afuera hacia adentro y otro de adentro hacia afuera. El primero alude a trabajar para crear bienes, forjar relaciones y generar logros, mientras que el segundo comprende trabajar primero en la integridad personal.

¿Cuáles son los 7 hábitos de la gente altamente efectiva?

Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas a los que hace referencia Stephen Covey pueden agruparse en tres apartados. Los tres primeros hábitos explican el paso de la dependencia a la independencia, del cuarto al sexto se trata el desarrollo del trabajo en equipo y el séptimo propone el camino de la mejora continua.

Ser proactivo 

El primer hábito nos enseña a no pensar en que fuerzas sobrenaturales conspiran en nuestra contra, es decir, deslastrarnos de cualquier actitud y pensamiento que nos impida dejar la pasividad y adoptar la proactividad.



Es decir, tu vida no «sucede» sin más. Lo sepas o no, está cuidadosamente diseñada por ti. Las elecciones, después de todo, son tuyas. Tú eliges la felicidad, la tristeza, el éxito y el fracaso, la valentía y el miedo. Solo recuerda que cada momento, cada situación te proporciona una nueva elección. Y al hacerlo, te da una oportunidad perfecta para hacer las cosas de manera diferente y así producir resultados más positivos. Tú decides siempre el camino, sé proactivo. 

Ser proactivo significa que asumo la responsabilidad de mi vida. No puedes seguir culpando a los demás de lo que te pase. Las personas proactivas reconocen que son «responsables». No culpan a la genética, a las circunstancias, condiciones o el condicionamiento de su comportamiento. Saben que eligen su comportamiento. 

Las personas reactivas, en cambio, suelen verse afectadas por su entorno físico, ya que encuentran fuentes externas a las que culpar de su comportamiento. Si hace buen tiempo, se sienten bien, pero si el día está tormentoso, entonces su estado de ánimo se ve afectado y culpa de todo esto al clima. 

Según Stephen Covey, todas estas fuerzas externas actúan como estímulos a los que respondemos. Entre el estímulo y la respuesta está tu mayor poder: tienes la libertad de elegir tu respuesta. Una de las cosas más importantes que eliges es lo que dices, debido a que la manera en como te expresas es un buen indicador de cómo te percibes a ti mismo. 


Una persona proactiva utiliza un lenguaje proactivo; palabras como: puedo, quiero, prefiero, etc. Una persona reactiva utiliza un lenguaje reactivo: no puedo, tengo que, ojalá. En este sentido, se puede decir que las personas reactivas creen que no son responsables de lo que dicen y hacen porque piensan que no tienen elección.

En lugar de reaccionar o preocuparse por condiciones sobre las que tienen poco o ningún control, las personas proactivas centran su tiempo y energía en las cosas que pueden controlar. Los problemas, retos y oportunidades a los que nos enfrentamos se dividen en dos áreas: «el círculo de preocupación» y «el círculo de influencia».

Las personas proactivas centran sus esfuerzos en su círculo de influencia, es decir, trabajan en las cosas sobre las que pueden hacer algo: salud,  hijos, problemas en el trabajo. Las personas reactivas centran sus esfuerzos en el ciírculo de preocupación o en las cosas sobre las que tienen poco o ningún control como la deuda nacional, el terrorismo, el clima. Tomar conciencia de las áreas en las que gastamos nuestras energías es un paso de gigante para que la persona sea proactiva.

Tener una finalidad en mente

Es muy importante saber qué es lo que se quiere conseguir y tener claros los pasos que hay que seguir para obtener mejores resultados. Este segundo hábito plantea la necesidad de marcarnos metas y objetivos.

¿A qué quieres dedicar tu vida? Puede que esta pregunta parezca muy manida, pero es importante tomarla en cuenta. ¿Eres quien quieres ser?, ¿eres lo que soñaste que serías?, o ¿estás haciendo lo que siempre quisiste hacer? Sé sincero. Muchas veces nos vanagloriamos de victorias que se lograron a expensas de cosas que realmente nos importan, como tener ese puesto de trabajo bien remunerado, pero en un área que no nos hace ni remotamente felices. 

Debes tener en cuenta hacia dónde apuntan tus deseos y anhelos y luchar por conseguirlos, ya que si te dejas llevar por falsas victorias, cada paso que des te llevará por el lugar equivocado. 

Este segundo hábito se basa en la imaginación: la capacidad de imaginar lo que no puedes ver con tus ojos. Se basa en el principio de que todas las cosas se crean dos veces. Hay una creación mental y una creación física. La creación física sigue a la mental, igual que un edificio sigue un plano. Si no haces un esfuerzo consciente para visualizar quién eres y qué quieres en la vida, entonces das poder a otras personas para que te den forma a ti y a tu vida. 

Lo que Stephen Covey quiere decir con esto es que se trata de volver a conectar con tu propia individualidad y definir las líneas personales, morales y éticas desde donde puedes expresarte y realizarte más felizmente. Empezar con esto en mente significa comenzar cada día una tarea o proyecto con una visión clara sobre la dirección y el destino deseados, y luego continuar flexionando tus músculos proactivos para hacer que las cosas sucedan.

Una de las mejores formas de incorporar este paradigma a tu vida es desarrollar una visión personal sobre tus metas y centrarte en lo que quieres ser y hacer, ya que tú eres tu plan de éxito. Reafirma quién eres, pon tus objetivos en el punto de mira y traslada tus ideas al mundo real. Esta visión personal te convierte en el líder de tu propia vida.

Eres capaz de crear tu propio destino y asegura el futuro que imaginas. Aquí ya tienes una victoria privada.

Priorizar: poner primero lo primero

Luego de tener la mente clara hay que actuar en consecuencia. Este hábito consiste en discriminar las actividades que realizamos entre importantes, urgentes y no urgentes.

Para vivir una existencia más equilibrada, hay que reconocer que no hacer todo al mismo tiempo está bien. No hay necesidad de sobrecargarse. Lo único que hace falta es darse cuenta de que está bien decir «no» cuando es necesario y luego centrarte en lo que realmente importa. 

Según el primer hábito, tú estás al mando y eres el creador de tu propio destino, es decir, ser proactivo tiene que ver con tu capacidad de elección. El segundo hábito tiene que ver con tu capacidad de creación mental. Empezar con el fin en mente tiene que ver con la visión. Por tanto, el tercer hábito tiene que ver con el desarrollo o creación física de una misión personal.

Este hábito es donde se unen los hábitos 1 y 2. Sucede día a día, momento a momento, pero no se trata de lo físico solamente. El hábito 3 también trata de la gestión de la vida: tu propósito, tus valores, tus funciones y tus prioridades. «¿Qué es lo primero que debes atacar?», dice Covey. Pues las primeras cosas son aquellas que tú, personalmente, encuentras de mayor valor. Si pones las cosas en primer lugar, estás organizando y gestionando el tiempo y los acontecimientos de acuerdo con las prioridades personales que estableciste en el hábito 2.

Ganar-ganar: el beneficio mutuo 

Si se planea desarrollar el trabajo en equipo, este hábito consiste en trabajar diariamente aspectos personales como la integridad, la madurez y la mentalidad de abundancia. Esto en pro de lograr un beneficio mutuo en cada relación que entablemos para lograr ser personas exitosas.

Think Win-Win no consiste en ser amable, ni es una técnica de solución rápida. Es un código basado en el carácter para la interacción y la colaboración en las relaciones humanas.

Según este cuarto hábito, la mayoría de nosotros aprendemos a basar nuestra autoestima en las comparaciones y la competencia. Pensamos en el éxito en función del fracaso de otra persona: si yo gano, tú pierdes; o si tú ganas, yo pierdo. Por ejemplo, si solo hay una cantidad de tarta para repartir, y si tú consigues un gran trozo, hay menos para mí, por tanto, eso no es justo, y cuando esto ocurra de nuevo, voy a asegurarme de que no consigas más. Esto es muy dinámico, pero ¿es realmente divertido?, ¿acaso no es agotador?

Win-win ve la vida como un escenario de cooperación, no de competencia. Ganar-ganar es un estado de ánimo y un corazón que busca constantemente el beneficio mutuo en todas las interacciones humanas. Ganar-ganar significa que los acuerdos o soluciones son mutuamente beneficiosos y satisfactorios. Los dos nos comemos la tarta, ¡y sabe muy bien!

Para optar por el ganar-ganar, no es suficiente con ser empático, sino que también hay que tener confianza. No solo hay que ser considerado y sensible, sino también valiente. Ese equilibrio entre valor y consideración es la esencia de la verdadera madurez y es fundamental para ganar-ganar y obtener una victoria pública.

Entender y ser entendido

Para lograr lo planteado en el hábito anterior, también es necesario entender lo que la otra parte de cada relación espera conseguir.

La comunicación es la habilidad más importante de la vida. Uno pasa años aprendiendo a leer y escribir, y años aprendiendo a hablar. ¿Pero qué pasa con la escucha? ¿Qué formación has recibido que te permite escuchar para comprender realmente y a profundidad a otro ser humano? Probablemente ninguna, ¿verdad?

Si eres como la mayoría de la gente, probablemente lo primero que buscas es que te entiendan; quieres que se entienda tu punto de vista. Y al hacerlo, puedes ignorar por completo a la otra persona, fingir que está escuchando, oír selectivamente ciertas partes de la conversación o centrarse atentamente solo en las palabras que se dicen, pero perder por completo el significado. ¿Por qué ocurre esto? Porque la mayoría de la gente escucha con la intención de responder, no de comprender. 

Te escuchas a ti mismo mientras preparas en tu mente lo que vas a decir, las preguntas que vas a hacer, etc. Filtras todo lo que oyes a través de tus experiencias vitales, tu marco de referencia. Cotejas lo que oyes con tu autobiografía y ves cómo se ajusta a ella. Y, en consecuencia, decides prematuramente lo que la otra persona quiere decir antes de que termine de comunicarse. En algunas situaciones, las respuestas autobiográficas pueden ser apropiadas, como cuando otra persona te pide específicamente ayuda desde tu punto de vista o cuando ya hay un nivel de confianza muy alto en la relación.

Muchas otras veces lo que una persona nos cuenta inmediatamente la tomamos como referencia y comentamos cómo a nosotros nos pasó lo mismo, minimizando los sentimientos del interlocutor. Piensa que este hábito diluye esta concepción egocéntrica para que la próxima vez que alguien te cuente una experiencia escuches empáticamente. 

Lo que este hábito quiere transmitir es el ejercicio de una comunicación empática, sin prejuicios y en consonancia con los hábitos anteriores. 

Sinergizar

Entender y ser comprendido llevará la relación a nuevos grados de satisfacción para ambas partes. Es decir, si logramos la cooperación empática a partir de las relaciones interpersonales, nuestro mundo de contacto se expandirá. 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, sinergia es la «acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales». 

En pocas palabras, este sexto hábito significa «dos cabezas piensan mejor que una». La sinergia es el hábito de la cooperación creativa. Es el trabajo en equipo, la apertura de miras y la aventura de encontrar nuevas soluciones a viejos problemas. Pero no se produce por sí sola. Es un proceso y, a través de él, las personas aportan toda su experiencia y conocimientos. 

Juntos pueden producir resultados mucho mejores que los que podrían obtener por separado. La sinergia nos permite descubrir conjuntamente cosas que es mucho menos probable que descubramos por nosotros mismos. Es la idea de que el todo es mayor que la suma de las partes. 

Cuando las personas comienzan a interactuar juntas de forma genuina, y están abiertas a la influencia de los demás, empiezan a obtener nuevos conocimientos. La capacidad de crear nuevos enfoques aumenta exponencialmente gracias a las diferencias.

Valorar las diferencias es lo que realmente impulsa la sinergia. Mucha gente confunde la uniformidad con la unidad; lo mismo con la unidad. Una palabra: ¡aburrido! Las diferencias deben verse como fortalezas, no como debilidades. Todos los tipos de personas en la mezcla añaden sazón a la vida.

Afilar la sierra

Si un leñador quiere cortar un árbol, deberá mantener su sierra siempre afilada. Este hábito consiste en no descuidar nuestro físico, así como nuestra salud mental, espiritual y afectiva.

Afilar la sierra significa preservar y mejorar el mayor activo que tienes: tú. Significa tener un programa equilibrado de autorrenovación en las cuatro áreas de tu vida: física, socioemocional, mental y espiritual.

Al renovarte en cada una de las cuatro áreas, generas crecimiento y cambio en tu vida. Afilar la sierra te mantiene fresco para que puedas seguir practicando los otros seis hábitos. Aumentas tu capacidad de producir y manejar los desafíos que te rodean. Sin esta renovación, el cuerpo se vuelve débil, la mente mecánica, las emociones crudas, el espíritu insensible y la persona egoísta. No es una imagen bonita, ¿verdad?

Según el séptimo hábito, sentirse bien no ocurre porque sí. Vivir una vida en equilibrio significa tomarse el tiempo necesario para renovarse. Todo depende de ti. 

Puedes renovarte a través de la relajación o puedes quemarte por completo si te excedes en todo. Puedes mimarte mental y espiritualmente o puedes ir por la vida ajeno a tu bienestar. Puedes experimentar una energía vibrante o puedes dejar las cosas para después y perderte los beneficios de la buena salud y el ejercicio. Puedes revitalizarte y afrontar un nuevo día en paz y armonía o puedes levantarte por la mañana lleno de apatía porque tu ánimo se ha ido. 

Solo recuerda que cada día ofrece una nueva oportunidad para renovarte, una nueva oportunidad para recargarte en lugar de golpearte contra la pared. Todo lo que se necesita es el deseo, el conocimiento y la habilidad.

Hasta aquí los siete hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen Convey que prometen cambiar tu vida por completo. Sigue estos 7 mandamientos y verás cómo empiezas a dirigirte en la dirección correcta, alcanzarás el éxito y crecerás como persona. 

Sigue fomentando tu crecimiento personal con los resúmenes y opiniones de nuestros expertos.

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