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Los Emiratos Árabes intentan crear en Siria la más improbable coalición contra Irán

Con la actual política de la administración Biden, Irán no se retirará de Siria ni dejará de apoyar a Hezbollah. Poco se puede esperar del Plan de Acción Integral Conjunto que Washington se empeña en firmar con Teherán. Los Emiratos buscan una alternativa.

Desde que Biden apostó por revivir el fallido acuerdo nuclear con Irán a costa de la confianza de sus aliados árabes y la seguridad de Israel, los estados del Golfo necesitan encontrar nuevas formas de enfrentar a Teherán sin Washington, algo para lo que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) intentan crear la más improbable coalición con Israel, el gobierno sirio de el-Assad y algún compromiso con la Turquía de Erdoğan.

Mohammed bin Zayed, quien llegó a la presidencia de los Emiratos Árabes Unidos en mayo, tras la muerte de su predecesor y medio hermano, el jeque Kalifa, decidió apostar por el-Assad para una nueva coalición contra Irán. Siguiendo a los EAU, Bahrein restableció su embajada en Damasco y Jordania reabrió el principal punto de cruce de su frontera con Siria, además de enviar a un encargado de negocios a la capital de ese país. Ya en mayo de 2020 se habían reunido en Siria los jefes de de inteligencia de Siria y Arabia Saudita y una delegación ministerial siria fue a Riad, pero los saudíes no siguieron adelante. La Liga Árabe en su reunión en Kuwait en febrero de 2022 no logró consenso alguno respecto a Siria.

El 18 de marzo el-Assad fue recibido en Abu Dabi en su primera visita a un país árabe desde 2011. Ahí se reunió con el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, gobernante de Dubái, y con el ahora presidente de los EAU, Mohammed bin Zayed. El portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, declaró que Washington estaba profundamente decepcionado y perturbado por la visita de el-Assad a Abu Dabi.

Syrian flag (Siria, Emiratos Árabes Unidos) EFE

Los Emiratos lo ignoraron y sostuvieron contactos con Ankara, pese a que Erdoğan apoya a los hermanos musulmanes, a los que Abu Dabi enlista como organización terrorista. Turquía, apoyándose en las milicias islámicas sirias que sostiene ocupó la región kurda de Afrin expulsando a 300 mil habitantes para poblarla con sus partidarios. Ankara mantiene un doble juego respaldando a las organizaciones rebeldes en Idlib contra el-Assad, al tiempo que en el foro de Astana coordina acciones en Siria con Rusia e Irán.

La realpolitik emiratí busca distanciar a el-Assad de Teherán e integrarlo en una coalición contra Irán  como la que se dibujaba tras los Acuerdos de Abraham de 2020, que lograron relaciones diplomáticas entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos; además de la  colaboración entre los estados del Golfo e Israel en seguridad e inteligencia. Algo que la administración Biden dinamitó comprometiendo la confianza de sus aliados árabes y la seguridad de Israel.

En Siria Daesh ha reanudado sus ataques y la visita sorpresa de Assad a Teherán el 8 de mayo señala a Tel Aviv que el-Assad sigue dependiendo de Teherán. Hay un enfrentamiento militar entre Irán e Israel en territorio sirio. Los iraníes buscan rehacer una Siria chiíta en el tejido social, religioso y económico sirio incrementando la influencia en el país sunita. Irán instala refugiados chiítas en aldeas que los desplazados sirios sunitas abandonaron huyendo de la guerra, creó un barrio chiíta en Damasco y ha firmado acuerdos comerciales y económicos con el-Assad. También refuerza las milicias chiítas en Siria, instalando sistemas antimisiles y apoya a avanzadas de Hezbollah en los Altos del Golán con misiles de precisión y medios técnicos para producirlos. Israel lanza bombardeos contra los convoyes y depósitos debilitando la estructura terrorista sostenida por Irán.

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Las negociaciones entre el régimen de Assad y los rebeldes, auspiciadas por la ONU en Ginebra no van a ningún lado y el foro de Astana, que pretendía redactar una nueva constitución y rehacer el mapa sirio, tampoco. Con la actual política de la administración Biden Irán no se retirará de Siria ni dejará de apoyar a Hezbollah. Poco se puede esperar del Plan de Acción Integral Conjunto que Washington se empeña en firmar con Teherán. Aunque la apuesta emiratí por el-Assad haga muy difícil para Tel Aviv entrar en la coalición que buscan los EAU, Israel se puede ver obligado a cooperar estrechamente con unos estados del Golfo, cada vez más distanciados de Washington, para neutralizar o al menos reducir la creciente influencia de Teherán en Siria.

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