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Luis Manuel Otero Alcántara, El American

Luis Manuel Otero Alcántara y la cruzada de la libertad en Cuba

El aparato represivo cubano es experto en manipular y culpar a Estados Unidos y al exilio cubano en Miami de estar detrás de estos activistas, a los que tildan de “mercenarios” pagados por la CIA

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“Que mi muerte sea la continuidad a la chispa por la libertad de Cuba”. Uno de los últimos mensajes compartidos en la página de Facebook de Luis Manuel Otero Alcántara, artista independiente y líder del Movimiento San Isidro (MSI), da una medida de la épica batalla por la libertad que un grupo de jóvenes cubanos está librando en las calles de Cuba.

El pasado 25 de abril, Otero Alcántara, contra el que la maquinaria represiva castrista no cesa de abrir causas penales, encierros domiciliarios forzosos y torturas psicológicas, se declaró en huelga de hambre y sed exigiendo que el Gobierno respete algo tan básico como son sus derechos, establecidos por la Constitución.

Luis Manuel Otero Alcántara, El American
“La paciencia del pueblo cubano, minada por décadas de expectativas frustradas, puede agotarse”. (EFE)

Presa del pánico y del nerviosismo por el alcance de la protesta de Otero Alcántara —como ya lo ha había hecho con Orlando Zapata y el Coco Farinas— el régimen de La Habana orquestó de inmediato una campaña para desacreditar al activista.

En la madrugada de este último domingo, oficiales de la Seguridad del Estado allanaron la vivienda del artista en La Habana Vieja, sacándolo a la fuerza y trasladándolo a un lugar desconocido. 

Inmediatamente, las autoridades de Salud Pública publicaron una ambigua nota donde aseguraban que Otero Alcántara estaba ingresado en un hospital al que llegó “sin signos de desnutrición” y donde presuntamente sus familiares le acompañan por turnos, mientras la Seguridad del Estado ejerce un control total sobre todos los aspectos de su vida.

En lugar de abrir la correspondiente investigación para aclarar lo ocurrido, los medios oficiales han auspiciado una operación de desprestigio contra el artista contestario, haciéndose eco de un video emitido por la televisión estatal junto con un comunicado donde el Gobierno cubano afirma que Luis Manuel Otero Alcántara no estaba en huelga de hambre y sed, apoyándose en análisis médicos de dudosa acreditación científica.

Conociendo los anzuelos que suele utilizar el aparato de inteligencia del régimen, Otero Alcántara podría haber recibido garantías de que era seguro visitar el hospital para recibir atención médica. A partir de ahí, cualquier cosa puede haber sucedido para silenciar de manera permanente al activista.

Los medios oficiales y las organizaciones en Cuba que presentan a Otero Alcántara como una marioneta de Occidente, un agente enemigo que busca desestabilizar el país, difundieron este martes un extraño video en la que el artista cubano, visiblemente excitado e inseguro, comenta que “la atención médica, el personal médico, ha sido espectacular, más allá de que pudiera estar exigiendo mis derechos como artista”.

Luis Manuel Otero Alcántara (YouTube)

Por su parte, los defensores de Otero Alcántara —quien no cuenta con acceso a Internet y apenas ha podido hacer declaraciones independientes desde que fue hospitalizado— exigen a las autoridades transparencia sobre su estado de salud actual, al tiempo que piden que sea liberado incondicionalmente cuanto antes.

No es la primera vez que el régimen prepara un circo mediático de estas características. Como sentenciaba Lenin, el terror, especialmente ejercido contra los inocentes, es la manera más eficaz de alentar la obediencia colectiva. El aparato represivo cubano es experto en manipular y culpar a Estados Unidos y al exilio cubano en Miami de estar detrás de estos activistas, a los que tildan de “mercenarios” pagados por la CIA. 

La Casa Blanca advirtió el sábado, a través de la cuenta de Twitter de Julie Chung, subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado, que “Estados Unidos está sumamente preocupado por el bienestar del activista cubano Luis Manuel Otero Alcántara y exhorta al Gobierno cubano a tomar medidas inmediatas para proteger su vida y su salud”. 

Pero Biden, a través de Juan González, consejero de Seguridad Nacional para de la Casa Blanca, envió hace unos días señales amigables hacia Diaz Canel al asegurarle al sicario de los Castro la disposición del Gobierno de Estado Unidos a “dialogar con los cubanos”, con quien “tenemos relaciones diplomáticas con Cuba en este momento”, incluso cuando la vida y el paradero de Otero Alcántara se han convertido en una enorme incertidumbre.

Libertad o dictadura

¿Se le ha olvidado a Biden y al Partido Demócrata, ahora en el poder, cual es la estrategia represiva de una tiranía que lleva más de 60 años humillando a su pueblo? Los Castro y sus testaferros se creen dueños absolutos de la vida y la muerte de todos los cubanos, eliminando el menor resquicio de libertad y esperanza.

Y quienes, como Luis Manuel se proponen esquivar o enfrentarse a la maquinaria represiva del régimen, los persigue, los encierra, los dispersa, los infiltra, los desacredita y luego los asesina o resucita de acuerdo con su grado de servilismo o abyección al régimen. La represión es el método de control fundamental para mantener el mando total en manos del castrismo. Su nivel de compasión es inversamente proporcional a cualquier petición de libertad y justicia. 

Castro y sus secuaces ganaron el poder con las manos manchadas de sangre y lo mantienen matando. Sus códigos mafiosos son incompatibles con los valores de un Estado de derecho y de un gobierno democrático y civilizado.

La porfía entre libertad y dictadura tiene lugar hoy en muchos países tutelados por regímenes comunistas. Y lo más conmovedor de este desafío es la entereza y el coraje de personas como Otero Alcántara, Maykel Osorbo, Iliana Hernández, Katherine Bisquet o Esteban Rodríguez —por solo citar algunos— que arriesgan todos los días sus vidas en defensa de la democracia y del respeto a los derechos de su pueblo. 

La verdadera razón del secuestro de Otero Alcántara es silenciarlo. Por ello, su valentía personal es tan notable como el miedo de Raúl Castro y sus secuaces a su liderazgo. 

Al igual que tantas dictaduras impopulares en la historia reciente que han sufrido el despertar impetuoso de sus pueblos, la de La Habana podría tomar buena nota sobre el hecho de que abusar demasiado de sus oponentes respetados y pacíficos podría traerles consecuencias imprevistas. Ahí están los ejemplos recientes de Joshua Wong en Hong Kong y Alexei Navalny en Rusia.

La situación de desamparo que sufre la disidencia cubana no tiene precedentes ahora mismo en Occidente y cada violación de derechos o graves infortunios que saltan ante los ojos de la comunidad internacional, superan por su impunidad y atropello a las más elementales reglas de los derechos humanos.

Desde el entorno más próximo del activista, ha sonado una alarma angustiada de que la salud de Otero Alcántara se habría deteriorado seriamente durante los días de la huelga. Por razones obvias, la condición del activista cubano no puede verificarse de manera independiente. 

Investigación independiente

Raúl Castro, Diaz Canel y sus esbirros son a partir de ahora responsables directos de lo que le suceda a este valiente activista de la libertad, convertido en némesis de una dictadura sangrienta y acabada.

El viejo zorro de los Castro debería entender que dejar morir a Luis Manuel ahora en las cárceles sanitarias cubanas condenaría definitivamente la naturaleza totalitaria de la dictadura comunista de la isla.

En medio de versiones contradictorias en torno al estado de salud de Otero Alcántara, si su vida corriese peligro no existe ninguna duda de quiénes son los responsables de su muerte y del alto precio que tendrán que pagar por ello.

El enorme torrente de solidaridad con Luis Manuel empezando por la Unión Europea, la OEA y una lista enorme de países no deja lugar a dudas sobre la opinión generalizada en la comunidad internacional acerca de la extrema gravedad que vive Cuba, al borde de una guerra civil. 

En mi opinión, me parece una actitud envilecida que España no estuviera en primera línea, apoyando al valiente activista cubano en estos momentos difíciles, lo que dice mucho del indigno compromiso del presidente del Gobierno con sus socios políticos, herederos ideológicos del comunismo de los Castro.

A raíz de estos últimos acontecimientos, cabe extraerse también reflexiones políticas esclarecedoras.

¿Podría estar el régimen castrista creando las condiciones para negociar un eventual milagro de salvación de Otero Alcántara, a cambio de que Estados Unidos y la UE flexibilicen las sanciones que pesan sobre la dictadura cubana? Nada puede descartarse. 

Lo que sí es muy probable es que la manipulación del estado de salud del artista contestatario cubano puede ayudar a tomar conciencia sobre los crecientes peligros que enfrenta la disidencia en Cuba. 

En el enésimo año consecutivo en el que disminuye el nivel de libertad bajo el régimen dictatorial de los Castro, ignorar el caso de Otero Alcántara será una mala noticia para las democracias en el mundo.

Por ello, la prensa y la comunidad internacional deberían ser más contundentes que nunca a la hora de exigir una investigación independiente para esclarecer los hechos que rodean el secuestro hospitalario del activista cubano y no aceptar la versión oficial. 

La paciencia del pueblo cubano, minada por décadas de expectativas frustradas, puede agotarse.

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