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Marco Rubio se lanza a salvar el capitalismo de las garras woke. Imagen: FE/EPA/Sarah Silbiger

Marco Rubio salvará el capitalismo

Marco Rubio presentó una iniciativa para que los directivos ya no impongan impunemente la ideología progre a costa de las empresas que dirigen

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El 23 de septiembre el senador Marco Rubio (R-Florida) anunció su iniciativa para enmendar el Securities Exchange Act of 1934, por medio del Mind Your Own Business Act, con el objetivo de “empoderar a los accionistas y permitirles actuar cuando una empresa sigue las nuevas modas progres y marxistas al boicotear a un estado, negarles servicios a grupos políticamente desfavorecidos o rehacer su fuerza laboral para impulsar conceptos como la teoría crítica de la raza”.

En síntesis, la legislación propuesta por Rubio permitiría que los accionistas de las empresas puedan demandar a sus compañías cuando sus directivos actúen en beneficio de una agenda política en lugar de cumplir su obligación legal de actuar en beneficio de los accionistas, cuya inversión mantiene funcionando a esa empresa.

Parece una propuesta menor, pero más allá de sus posibilidades reales de ser aprobada en el Congreso, constituye un paso político muy importante para poner la luz de la atención pública sobre la marabunta de ejecutivos que han convertido a las organizaciones donde trabajan en meros vehículos de su capricho, arriesgando y perdiendo miles de millones de dólares ajenos, mientras protegen sus “bonos” y su “prestigio” como buenos burócratas

¿Marco Rubio salvará el capitalismo?

Está bien, quizá lo de “Marco Rubio salvará el capitalismo” es un poco exagerado, pero la hipérbole nos sirve para resaltar que el Mind Your Own Business Act pone en relieve un hecho, tan relevante como silenciado: “Las empresas” no actúan. Por el contrario, como lo explicaba en un artículo previo, lo que percibimos como acciones de las empresas son, en realidad, los actos que realizan individuos específicos con capacidad de decisión al interior de esas organizaciones.

Por ello, los defensores del libre mercado no debemos caer en el error de sacralizar a “las empresas” como entes objetivos, que actúan pura y racionalmente, de manera similar a como los estatistas y colectivistas idolatran la voluntad del “legislador” o del “Estado”, pues al final del día todas ellas (empresas, legislador y Estado) son meras abstracciones bajo las cuales actúa la voluntad de personas concretas, que no necesariamente coincide con el mejor interés de esas propias organizaciones.

El demonio está en la burocracia

El problema de fondo, que comparten las grandes empresas y los grandes gobiernos es que, como resultado de las necesidades de su administración, ambos acumulan gruesas capas de burocracia que, eventualmente, desarrollan identidades, incentivos e intereses muy distintos a los de sus mandantes teóricos (los accionistas en el caso de las empresas, los ciudadanos en el caso de los gobiernos).

Como resultado, las estructuras directivas se infestan de funcionarios que pueden darse el lujo de impulsar sus propias ideas, avaricias, caprichos y venganzas por medio de los recursos de la empresa, incluso aunque ello le genere un daño a la compañía.

Veámoslo así: en un negocio pequeño, operado por su propietario, sus acciones tienen efectos (positivos o negativos) que son inmediatamente evidentes y adjudicables: si no abrió la tienda una semana, no hay con quien diluir la culpa. Por el contrario, en la América corporativa, con legiones de CEOs, directivos de la C-Suite, vicepresidentes y directores regionales, la responsabilidad por el daño a los intereses de la empresa resulta mucho más fácil de ocultar.

Esto significa que las grandes empresas no actúan con base en la voluntad de sus dueños o inversionistas, sino de la alta burocracia que dirige las actividades y que no necesariamente comparte los incentivos o intereses de los accionistas en el largo plazo. El jefe corporativo, director general o de área puede dar rienda suelta a todos los delirios justicieros que absorbió en su educación Ivy-League, sin necesidad de arriesgar su propio dinero o prestigio en el proceso.

Después de todo, si las cosas salen mal, habrá forma de culpar a alguna otra área de empresa o a la inestabilidad del mercado; incluso en el peor escenario, si la compañía colapsa, siempre hay forma de negociar un buen “severance package” o incluso algún bono de “buen desempeño” como aquellos que encendieron la indignación hace 10 años, durante la Gran Recesión.

Por eso la América corporativa se ha convertido en un nido de activistas, que utilizan a las empresas como instrumento político, como ocurrió en los ejemplos que ha mencionado el propio Marco Rubio: Nike retiró del mercado un diseño de zapato deportivo porque tenía una bandera americana, Coca-Cola (y otras empresas) hicieron berrinche por la reforma para prevenir el fraude electoral en Georgia; Gillette insultó a sus clientes con un comercial contra la “masculinidad tóxica”.

La propuesta de Marco Rubio pone sobre la mesa algo clave: Los directivos deben actuar con base en el bien de los accionistas y no a partir de agendas o caprichos propios. Imagen: Unsplash
La propuesta de Marco Rubio pone sobre la mesa algo clave: los directivos deben actuar con base en el bien de los accionistas y no a partir de agendas o caprichos propios. (Unsplash)

Es momento de responsabilizar a los directivos

El sector privado ha logrado importantes avances en materia de transparencia y rendición de cuentas, especialmente en cuanto a la situación financiera de las empresas que cotizan en bolsa, pero la rendición de cuentas debe ir más allá.

El accionista debe tener el derecho de saber exactamente qué agendas están impulsando los directivos de la empresa en la que ha invertido, y debe tener el derecho de exigir que los altos mandos de la compañía tomen decisiones atendiendo a su responsabilidad de procurar la generación de valor para los accionistas. Y si no lo hacen, que los demanden, como lo prevé el Mind Your Own Business Act.

Al presentar públicamente su iniciativa, Marco Rubió señaló que “las compañías americanas solían estar orgullosas de su país, pero ahora muchas pasan más tiempo disculpándose o burlándose de ella, que dirigiendo sus propios negocios…la elite corporativa se inclina ante las turbas progres y marxistas que dominan el internet y Hollywood”. Tiene razón, y corregir esa perversión burocrática es necesario para salvar el capitalismo e indispensable para proteger el futuro de América.

Y el primer paso es poner el tema sobre la mesa.

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