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Maria Corina Machado Says Venezuela is at War. The International Community Must Listen

María Corina Machado dio el paso. El mundo debe acompañarla

Es la guerra de un régimen contra sus gobernados; de un secuestrador contra sus rehenes. Y a los secuestradores, como muy bien dice Machado, no se les trata sino con fuerza y plomo

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Venezuela luce huérfana y de ahí la desesperanza. Es palpable, yo la cargo. La gente anda hastiada de lo que sea que tenga que ver con política, porque el país parece a la deriva, condenado a años de socialismo.

En gran parte, el peso de esta tragedia cae sobre los hombros de la dirigencia a la que la comunidad internacional coronó como líder indiscutible de la oposición venezolana. A los fracasados, mediocres y, en últimas, cómplices. Que jamás estuvieron a la altura y nunca tuvieron la disposición real de liberar a Venezuela. Engañaron a los venezolanos y engañaron al mundo, que les dio la confianza, los recibió y los encumbró.

No solo esta última etapa, la del Gobierno interino, la más amarga. El problema y la razón por la que el venezolano decidió someterse a su terrible realidad, es porque ocurrió una y otra vez: demasiadas decepciones. Pero, quizá, aún hay que hacer.

María Corina Machado lleva años siendo una voz coherente y oportuna. Sin los millones de recursos de Voluntad Popular y toda la maquinaria política de quienes hicieron un negocio de la crisis, goza de mucha más credibilidad y respeto que aquellos a los que el mundo coronó en su momento. Y ahí sigue, pese a tanto. Pese a que no parezca sensato, ni inteligente ni conveniente. Pese a los sacrificios personales, que son indecibles.

Y hoy, 24 de marzo, dio un paso. Valiente y urgente, le gritó al mundo, en un video de varios minutos, que en Venezuela hay una guerra. De una tiranía, liderada por Maduro, contra toda una población. Y reconocer que Venezuela atraviesa un conflicto pasa por dejar sentado varios puntos: no puede haber negociación, ni espacio para la política limpia; la lógica, también, es la de un secuestro. Es la guerra de un régimen contra sus gobernados; de un secuestrador contra sus rehenes. Y a los secuestradores, como muy bien dice Machado, no se les trata sino con fuerza y plomo.

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Fuerza es lo necesario, plomo lo indeseable. Fuerza es, por ahora, la presión o la amenaza de que eventualmente llegará el plomo. Y eso exige Machado, quien desde Venezuela lo ha dado todo y pone la piel en el juego, a la comunidad internacional, que bastante cínica ha sido frente a nuestro caso. El mismo cinismo que permitió Ruanda o Bosnia.

El paso de Machado es decisivo. No hay vuelta atrás luego de reconocerse como una de las partes de una guerra —en este caso, la parte a la que matan y hambrean—. Su paso puede, imploro, romper con la desesperanza y la docilidad de tantos. No ha habido revolución sin inspiración. Es la responsabilidad de un líder. María Corina Machado dio el paso. Queda ver si será acompañada y si su grito, valiente y crudo, encuentra eco.  

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