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A 33 años de la Masacre de la Plaza de Tiananmén: un hecho trágico que todavía nos impacta hoy

Plaza de Tiananmén, El American

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Este año se cumple el 33.º aniversario de la Masacre de la Plaza de Tiananmén. Es valioso destacar, no solamente su importancia como acontecimiento histórico trágico, sino entender que los resultados extraídos de ese domingo seminal de 1989, todavía nos impactan hoy. 

Irónicamente, en Polonia ese mismo día, la primera ronda de elecciones semilibres dio a “Solidaridad”, el movimiento de oposición polaco, su primera victoria legislativa. Este acontecimiento desencadenó una serie de manifestaciones anticomunistas que contribuyeron a su liberación y a la caída del comunismo soviético. Mientras tanto, en China, los atroces actos cometidos por su régimen comunista gobernante en la plaza más grande del mundo, consolidaron el infame “modelo China” y posiblemente la dictadura más perfecta del mundo.

Durante siete semanas, entre abril y junio de aquel paradigmático año, cientos de miles de chinos llevaron a cabo una sucesión de protestas masivas en más de cuatrocientas ciudades del país, reclamando democracia y libertad. La muerte de Hu Yaobang, reformista y antiguo secretario general del Partido Comunista chino (PCch) (1982-1987), que pretendía extender el proceso de liberalización más allá de la esfera económica, fue la chispa que encendió las manifestaciones a nivel nacional. Zhao Ziyang, tercer primer ministro del régimen marxista chino (1980-1987) y secretario general del PCch que sucedió a Yaobang (1987-1989), compartía el interés de su predecesor por ampliar los espacios de libertad al ámbito político y civil. El apoyo de Ziyang a las protestas prodemocráticas que condujeron y culminaron en la atrocidad de la Plaza de Tiananmén, en la que murieron más de tres mil personas y otras diez mil resultaron heridas (solamente en esa plaza de Pekín), le llevó a ser destituido, detenido y condenado a quince años de prisión.  

Ambos, Yaobang y Ziyang, fueron arquitectos clave del “modelo chino” o “socialismo con características chinas”, como lo calificó el dictador supremo de China de 1978 a 1992, Deng Xiaoping. Este sistema sociopolítico híbrido pretendía conservar el formato estatal leninista, al tiempo que operaba una economía mercantilista planificada y dirigida por el régimen, con fuertes atisbos de capitalismo de Estado. Su propósito, como argumentó Deng con tanta eficacia, era salvar el socialismo en China. Vladimir Lenin y su Nueva Política Económica (NEP) fueron constantemente mencionados en sus diatribas ante el Tercer Pleno del 11° Comité Central en 1978. 

Deng fue categórico al afirmar que el comunismo puede coexistir estructuralmente en un régimen totalitario marxista-leninista que contenía un esquema comercial que utilizaba un sistema de mercado global, sin comprometerse con el Estado de derecho, los derechos de propiedad, ni mucho menos, las libertades políticas y civiles. 

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El nacionalsocialismo en Alemania, y no únicamente la NEP de Lenin, fueron referencias históricas precisas. Estos ejemplos de lo que el capitalismo de Estado puede hacer por los regímenes socialistas totalitarios (sí, el nazismo es una variante del socialismo) fueron fuertes agentes de persuasión de que la China post-Mao estaba preparada para este experimento de modernización. Deng se dio cuenta astutamente de ello y trazó un curso que no incluía una transición democrática. Políticos como, Yaobang y Ziyang, y millones de ciudadanos chinos creyeron que lo económico podía transformar lo político. Su error fue diagnosticar erróneamente la dictadura de China. 

La teoría de la modernización nos dice que la expansión económica amplifica la presión social que reclama la democracia y que, finalmente, se abre paso en el círculo político autocrático. Esto es cierto para los regímenes no democráticos de tipo autoritario (Taiwán, Corea del Sur, Grecia, Brasil, España, etc.). Las dictaduras comunistas y fascistas son totalitarias. Estas variantes dictatoriales de dominación total, en las que los componentes económicos, políticos, militares y sociales están todos bajo el control de un régimen dictatorial fusionado de Estado y partido, nunca son receptivas a la fortificación económica (modernización) y a la democratización. 

Las siete semanas de manifestaciones masivas, que pusieron a prueba la elasticidad del “modelo chino” en el reclamo popular de libertad y democracia en China, terminaron en una carnicería. Lo que se perdió para siempre no fue solo la vida de miles de los mejores y más brillantes chinos, sino también la creencia de que las dictaduras comunistas pueden ser persuadidas mediante el compromiso económico y diplomático con Occidente para evolucionar hacia regímenes democráticos, también saltó en pedazos, como muchos de los manifestantes ese día. 

La próxima vez que una persona bienintencionada defienda el compromiso con los regímenes socialistas como medio para lograr las libertades políticas y civiles, recuérdele el episodio en la Plaza de Tiananmén el 4 de junio de 1989.

Julio M Shiling, political scientist, writer, director of Patria de Martí and The Cuban American Voice, lecturer and media commentator. A native of Cuba, he currently lives in the United States. Twitter: @JulioMShiling // Julio es politólogo, escritor, director de Patria de Martí y The Cuban American Voice. Conferenciante y comentarista en los medios. Natural de Cuba, vive actualmente en EE UU.

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