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Me despidieron de mi trabajo como profesor por negarme a vacunarme

Un poco de disciplina hoy puede conducir a la libertad mañana y a la capacidad de alejarse cuando la conciencia lo exija

Por Joshua Mawhorter

Hasta hace poco, era profesor en California y trabajaba en dos escuelas charter, una como profesor a tiempo completo de Gobierno/Economía y a veces de Historia de los Estados Unidos y la otra como profesor de estudios independientes a medio tiempo ayudando a  familias con programas de educación en la casa. He enseñado durante unos cinco años y me encanta la docencia.

La semana pasada, me despidieron de una escuela y me pusieron en licencia administrativa no remunerada en la otra por mi negativa de recibir y demostrar evidencia de vacunación contra el COVID-19 o a realizarme una prueba semanal. Incluso presenté una exención religiosa, que fue rechazada, en la que declaraba lo siguiente:

“Como seguidor comprometido de Cristo, religiosa y filosóficamente no puedo someterme a un mandato gubernamental de vacunación ni a pruebas semanales.

Esto viola los primeros principios fundamentales, incluyendo la visión bíblica del gobierno civil en relación con Dios (Romanos 13:1-7; Hechos 5:29), el valor cristiano de la libertad de conciencia, ya que “todo lo que no proviene de la fe es pecado” (Romanos 14:23), el hecho de que mi cuerpo es propiedad del Señor y está dedicado a Él (1 Corintios 6:20) y no al Estado y mi deber sagrado de ser fiel a los juramentos realizados (Deuteronomio 23:21; Mateo 5:33-37), incluyendo el juramento de apoyar la Constitución de los Estados Unidos y la Constitución del estado de California.

Nota de pie: Tanto el mandato de vacunación como las pruebas semanales violan las disposiciones de la Constitución en la 1ª, 4ª, 9ª y 10ª Enmienda, especialmente la 9ª Enmienda que dice: “La enumeración en la Constitución, de ciertos derechos, no debe ser interpretada para negar o menospreciar otros retenidos por el pueblo”. El Tribunal Supremo ha afirmado históricamente el derecho constitucional a la intimidad en el caso Griswold contra Connecticut (1965). Dado que estoy obligado por un juramento solemne a apoyar la(s) Constitución(es), no puedo someterme ni apoyar un mandato de vacunas o pruebas semanales porque hacerlo violaría la conciencia”.

Ante mi negativa a dar marcha atrás en estos principios, se me ofrecieron dos opciones: dimitir o ser despedido.

Para forzar la situación, opté por mantener mi posición y negarme a dimitir, por lo que me despidieron. Mi situación fue algo así como el espejo opuesto del viejo chiste: “No pueden despedirme, renuncio”.

En lugar de eso, básicamente le dije a mis empleadores: “No puedo renunciar, despídanme”. No todo el mundo está en condiciones de forzar la situación, pero yo sí. Y sentí que no tenía otra opción.

Sería incongruente con lo que enseño sistemáticamente a mis alumnos, retroceder y acatar en una cuestión de derechos, libertad y principios. Se aplica una cita, a menudo atribuida erróneamente a Thomas Jefferson, pero que no deja de ser cierta: “En asuntos de estilo, nada con la corriente; en cuestiones de principios, mantente como una roca”.

Espero seguir teniendo el carácter necesario para mantener mis principios aunque mi situación sea más grave. Sin embargo, hay algunas acciones y disciplinas concretas que me protegen ahora.

En primer lugar, un fondo de emergencia que puede cubrir entre 3 y 6 meses de gastos. Segundo, no tengo deudas. Tercero, mis gastos son mínimos. Cuarto, poseo mucho capital social, es decir, relaciones sociales positivas con la familia, los amigos y mi comunidad.

Animo a todos los lectores a que sigan estas disciplinas y prácticas lo antes posible porque, cuando llegue el momento de defender los principios, estas son sólo algunas cosas que pueden ayudar a hacerlo con confianza. Personalmente, durante el próximo año, aprovecharé esta oportunidad para convertirme en un completo autónomo y ayudar a otras personas a encontrar la libertad financiera porque, como sabemos, está inextricablemente conectada con la libertad personal y política.

Hay una gran libertad en la capacidad de decir no y alejarse. De todas las presiones que dificultan este tipo de situaciones, la presión financiera suele ser una de las más difíciles.

La estabilidad financiera, la libertad financiera y la riqueza a largo plazo son sencillas, pero no fáciles. Se ha dicho con razón que las finanzas son un 20 % de conocimiento y un 80 % de comportamiento. Un presupuesto mensual es esencial en este sentido. En contra de la creencia popular, un presupuesto no es sólo una limitación, sino que se trata de tomar el control total de su dinero sabiendo exactamente cómo se gasta cada dólar.

Como dice el refrán, un presupuesto es simplemente decirle a tu dinero a dónde ir, en lugar de preguntarte a dónde fue. Esto le da a la gente un sentido de propiedad, control y poder. Un presupuesto implica la disciplina regular de decirnos a nosotros mismos que no, para que, si llega el momento, podamos decir que no cuando nuestros lugares de trabajo intenten aplicar políticas y esperen que las cumplamos debido a la presión financiera.

Además, para protegerse, Dave Ramsey recomienda crear un fondo de emergencia de $1,000 dólares y pagar todas las deudas (menos las inmobiliarias), para luego acumular ahorros que cubran de 3 a 6 meses de gastos.

Un poco de disciplina hoy puede conducir a la libertad mañana —y a la capacidad de alejarse, incluso de un trabajo que amas— cuando tu conciencia lo exija.

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