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Biden ya no puede darse el lujo de seguirse equivocando en el Medio Oriente

Un Partido Demócrata radicalizado por una influyente ala ultraizquierdista y neomarxista ha imposibilitado los consensos bipartidistas sobre Medio Oriente

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El Jeque Abdullah bin Zayed Al Nahyan, Ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) afirmó el 28 de marzo en la Cumbre de Negev:

“Hemos perdido estos 43 años de conocernos mejor, de trabajar juntos y de cambiar la narrativa que muchas generaciones de israelíes y árabes han estado viviendo (…)  Así que es hora de ponerse al día, de construir una relación más fuerte (…)  creando un mejor entorno para que nuestras empresas trabajen entre sí: esa es la forma en que podemos derrotar la narrativa del odio, de la incitación, del terror. Prevaleceremos, sin duda. Nos va a costar, pero importa. Nos importa, y podemos hacerlo…”.

La administración Trump y el gobierno de los EAU cooperaron estrechamente en los Acuerdos de Abraham que lograron el reconocimiento de Israel por los Emiratos, Bahrein, Sudán, Marruecos y Kosovo. Aquello abrió la posibilidad de un nuevo Medio Oriente. Pero para lograrlo la administración Trump dio un giro de 180 grados a la política que de 2009 a 2017 adelantó la administración de Obama hacia el Medio Oriente, que ya había sido un gran golpe de timón, pues optó por la Hermandad Musulmana e Irán contra sus aliados tradicionales.

Los resultados de la era Obama fueron desde el derrocamiento en Egipto de Mubarak, seguido del breve gobierno de la Hermandad Musulmana encabezado por Mohamed Morsi, hasta el derrocamiento de Gaddafi, un brutal tirano tras cuya caída Libia no ha retomado la estabilidad; sin olvidar una guerra civil inmanejable en Siria, durante la que ya vimos el auge y caída del califato de ISIS, una fuerza terrorista que está lejos de haber desaparecido.

En 2015 la administración Obama firmó, con apoyo de la Unión Europea (UE) y Rusia, un acuerdo nuclear que permitió a Irán, el mayor patrocinador oficial del terrorismo en el Medio Oriente, avanzar en su programa nuclear. Bajo el manto del débil acuerdo Teherán continuó su programa nuclear militar en la sombra, desarrolló misiles balísticos y patrocinó el terrorismo en toda la región.

Con otro gran golpe de timón, la administración Trump enfrentó a Teherán, se aproximó a los antiguos aliados y comenzó una larga y compleja negociación que logró a los Acuerdos de Abraham. Denunció el avance del programa nuclear y el patrocinio al terrorismo de Teherán, retirándose del fallido acuerdo nuclear de Obama y restableció unilateralmente las sanciones a Teherán. Se dibujaba rápidamente un nuevo Medio Oriente, liderado por los Estados Unidos, los EAU e Israel.

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Medio Oriente

Pero Biden regresó el timón a la ruta fallida de Obama, minimizando lo logrado en los Acuerdos de Abraham se lanzó a retomar la política del expresidente demócrata hacia el Medio Oriente, adoptando como su principal objetivo en la zona la firma de un acuerdo nuclear más peligroso con Irán. Como señaló el columnista Bret Stephens, se ha negociado a través de intermediarios tan “confiables” para Washington como Moscú, que se han comprometido con Teherán en esquemas para evadir  sanciones americanas, y Beijing, cuyo objetivo estratégico es antagonizar y desplazar a Washington en todo el mundo para imponer un nuevo orden internacional a su totalitaria imagen.

Mientras la administración Biden insista en retomar las fallidas políticas de la administración Obama en el Medio Oriente y se niegue a aprovechar los éxitos de las políticas de la administración Trump, incluidos los Acuerdos de Abraham, Washington tendrá cada vez menos influencia en una región de importancia geoestratégica crítica.

Los grandes consensos bipartidistas son indispensables para la política exterior de una gran potencia democrática, pero un Partido Demócrata radicalizado por una influyente ala ultraizquierdista y neomarxista, en la que destacan figuras antisemitas como la representante Ilhan A. Omar (D-MN), ha imposibilitado los consensos bipartidistas de la política exterior para avanzar hacia la estafa del socialismo “democrático” en los Estados Unidos, a cualquier costo.

Lo cierto es que la Casa Blanca no puede darse el lujo de perseguir dudosos objetivos internos de corto plazo al costo de desestabilizar el Medio Oriente, alejar a sus aliados, fortalecer a sus enemigos y abrir paso a Beijing. Pero es lo que está haciendo ahora.

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