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Florida

Los medios están reconsiderando la estrategia de Florida ante la pandemia

Tras meses de mordaces críticas, la prensa y los políticos americanos están reconsiderando la respuesta de Florida ante la pandemia

Por Jonathan Miltimore

En julio pasado, Adam Weinstein de The New Republic escribió que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, estaba llevando a los americanos “hacia una muerte segura” al no adoptar las mismas restricciones que otros estados estaban implementando por el COVID-19.

“Mantener abiertas las iglesias, así como las playas, restaurantes, y otros comercios rentables, ha sido una gran prioridad para Ron DeSantis”, escribió Weinstein. “DeSantis se ha resistido, ante el llamado de expertos médicos y de los residentes de Florida, de regresar a las medidas de cuarentena o al cierre de los negocios no esenciales”.

Weinstein escribió que DeSantis, en lugar de escuchar a los expertos, estaba simplemente alentando a los residentes a comportarse de manera responsable, a lo que Weinstein llamó una “estrategia libertaria idealista”. Tal enfoque haría a DeSantis cómplice de homicidio, y quizás incluso de genocidio.

“Mientras escribo esto, el virus ha matado 44 veces más americanos que los que murieron el 11 de septiembre”, escribió Weinstein. “Con el tiempo, muchos de nuestros líderes políticos serán vistos como lo que son: cómplices involuntarios de un homicidio a una escala que los republicanos podrían llamar genocidio, si lo vieran desarrollarse en otro país”.

Los comentarios de Weinstein parecen hoy en día hiperbólicos (por decirlo suavemente), pero no fue el único miembro de la prensa y de la clase política que hacía tales afirmaciones, a pesar de que la tasa de mortalidad por COVID-19 en Florida era muy inferior a la de muchos otros estados de USA (tal como sigue siendo hoy en día).

Más de seis meses después, los medios de comunicación y los políticos americanos están reconsiderando (finalmente) la respuesta de Florida a la pandemia, informó Axios: “Después de un año entero de vivir con una pandemia, la prensa nacional está empezando a hacer la pregunta que incluso los demócratas han estado reflexionando en silencio en el estado soleado: ¿Fue la respuesta del gobernador Ron DeSantis a la pandemia la más adecuada para la Florida?”.

El artículo resalta otros recientes, uno de The New York Times y uno en Los Angeles Times, que comparan la respuesta de Florida ante la pandemia y el resultado que tuvo California, un estado donde el virus explotó durante el invierno, aún cuando este estado implementó algunas de las más severas medidas de cierre en Estados Unidos.

Los Angeles Times y el NYT no son los únicos medios que lo han notado. Associated Press publicó su propio análisis el fin de semana: “El número de casos de contagio es similar a pesar de que los gobernadores tomen medidas distintas”, y Newsweek publicó el lunes un artículo con un titular parecido: “Florida tiene la misma tasa de casos de COVID-19 que California, a pesar de no tener restricciones estatales”.

Aquí la historia de AP:

Casi un año después de que el gobernador de California, Gavin Newsom, ordenara el primer cierre estatal en Estados Unidos por el coronavirus, las máscaras siguen siendo obligatorias, las cenas dentro de los restaurantes y otras actividades, están significativamente limitadas, y Disneylandia sigue cerrada. En contraste, la Florida no tiene restricciones a nivel estatal.

El gobernador republicano Ron DeSantis ha prohibido a las municipalidades el multar a la gente por rehusarse a usar mascarilla, y Disneyworld está abierto al público desde julio.

A pesar de sus diferentes maneras de abordar la crisis, California y Florida han experimentado resultados casi iguales en cuanto a la tasa de casos de COVID-19.

¿Cómo es que dos estados que han tomado tácticas tan distintas han llegado a un punto tan cercano?

Aunque ninguno de los artículos califica los cierres como un fracaso absoluto, en general está claro que algo ha cambiado desde julio. Para empezar, The New York Times señala que el miedo ha desempeñado un papel importante en la configuración de al menos algunas políticas del COVID-19 (y muchas respuestas a esas políticas), que hoy al verlas en retrospectiva, resultan ridículas.

“Cuando [Florida] no cerró sus playas, hubo disconformidad nacional, aunque ahora, mirando hacia atrás, la decisión es obvia, dado que es mucho más seguro que la gente esté en exteriores”, notó el New York Times.

Este mismo diario también alude a las compensaciones que vienen con los cierres estrictos. Patricia García, una demócrata y escritora de 34 años que se mudó a Florida desde Nueva York en el 2017, le declaró al periódico que inesperadamente se encontró defendiendo las políticas de DeSantis ante sus amigos, porque le agradaba tener una vida.

“La gente de aquí ha podido trabajar. Los niños han podido ir a la escuela”, dijo García. “Tenemos esta reputación en Florida de ser un tanto inusuales y estar llenos de locos, pero prefiero estar en Florida que en California, Nueva York o Chicago”.

En general, los artículos de prensa que exploran las respuestas y los resultados del caso Florida-California demuestran un notable cambio con respecto al verano pasado, cuando Weinstein y otros utilizaban un lenguaje febril comparando el enfoque de laissez-faire de DeSantis con una “muerte segura”.

Tal retórica era desmesurada por muchas razones, entre ellas, el hecho de que ya sabíamos que el COVID-19 no era tan letal como se creía, que los expertos en modelos de previsión se habían equivocado astronómicamente en sus predicciones y que había razones para dudar de la eficacia de los cierres.

Es claro que la presunción de que los cierres y otras restricciones gubernamentales es cosa del pasado. Esto no quiere decir que el debate sobre la (in)eficacia de los cierres haya terminado (como ha dejado claro la afirmación del alcalde Eric Garcetti de que la comparación de Florida y California no es justa), pero al menos es una muestra de que hemos entrado en una nueva fase del debate.

Durante meses, mientras el miedo al virus se apoderaba de los americanos, se les bombardeó con frases como “quédate en casa, mantente a salvo” y “puedes salvar al menos una sola vida” que estaban diseñadas para que se doblegaran ante cualquier restricción que los burócratas y los líderes políticos dijeran que era necesaria.

“Todo el mundo sabe que el  coronavirus no es un paseo por el parque, porque literalmente no se puede caminar por el parque, pero en algún momento el ritmo diario de la depresión y el terror se convierte en pánico”, observó el cómico Bill Maher.

El miedo y los eslóganes llevaban implícita la idea de que las acciones del gobierno protegerían a los demás y salvarían vidas, por lo que las órdenes no debían cuestionarse. Cuestionar esta premisa o la sensatez de una política concreta era motivo para ser acusado de egoísmo e insensibilidad ante la vida humana (al igual que la mera inacción).

Amesh Adalja, investigador principal del Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins, deja claro que en la actualidad esa forma de pensar está lejos de ser útil.

“Esta va a ser una pregunta importante que tenemos que hacernos: ¿Qué medidas de salud pública fueron realmente las más impactantes, y cuáles tuvieron un efecto insignificante o resultaron contraproducentes al conducir el comportamiento de las personas a la clandestinidad?”, dijo Adalja a Associated Press.

Un restaurante cerrado al público en Encinitas, California, por las estrictas normas de confinamiento. (EFE)

Este cambio de mentalidad es importante porque está relacionado con algo que siempre (o casi siempre) se pasa por alto en los artículos.

Cabe preguntarse: ¿Por qué hay que analizar qué medidas de salud pública han funcionado? ¿Por qué no extremar las precauciones? ¿Qué hay de malo en ello?

Resulta que los daños son graves.

Los casos de contagio y mortalidad por COVID-19 en California y Florida son comparados en mayor detalle en nuevos y más recientes artículos, así como también algunos datos económicos, como el hecho de que la tasa de desempleo en California es casi el doble que en la Florida. Pero aún se discute muy poco sobre las consecuencias negativas no previstas de los encierros, las cuales son innumerables.

El daño colateral de estos encierros incluyen muy serias afectaciones a la salud mental, un incremento en el suicidio así como en el abuso de drogas y alcohol, pérdida de la educación, un malestar social generalizado, tratamientos médicos pospuestos o totalmente cancelados, soledad crónicapobreza mundial latente y otras incontables consecuencias adversas que, en muchos casos, golpean con mayor gravedad a los jóvenes.

“Hemos visto un incremento preocupante en los intentos de suicidio”, y la pandencia es muy probablemente la causa detrás de ese incremento, declaró recientemente a WebMD el Dr. Taranjeet Jolly, psiquiatra pediátrico del Penn State Health’s Milton S. Hershey Medical Center.

Efectivamente, Associated Press recientemente reportó que los médicos están siendo testigos de una “epidemia internacional” de suicidio infantil.

Estos costos invisibles de los encierros pueden perdurar por décadas. Aun así, el Dr. Anthony Fauci permanece inmutable. El mayor experto nacional en enfermedades infecciosas continúa advirtiendo contra la relajación de casi cualquier restricción.

“Queremos que los niveles del virus bajen aún más, y entonces tendremos mucho más tiempo para recuperarnos y hacer que la economía y muchas otras cosas regresen a la normalidad”, expresó Fauci a Face the Nation recientemente.

Afortunadamente, algunos estados del país ya han tenido suficiente y están habiendo re-aperturas masivas a pesar de las advertencias de Fauci. La semana pasada Maryland se convirtió en el último estado en reabrir su economía cuando el gobernador Larry Hogan anunció que a los minoristas, restaurantes y otros negocios se les permitiría volver a funcionar con ciertas restricciones. Los gobernadores en Texas, Mississippi, Arizona, Connecticut, Arizona, Virginia Occidental y más, han anunciado planes similares.

Este es el encanto del federalismo. Los padres-fundadores de Estados Unidos entendieron cómo era la mejor manera de formar una unión perdurable, y que proteger la libertad significaba dispersar el poder para la auto-gobernación de los estados, lo que los convierte (en palabras inmortales del juez Louis Brandeis) en “laboratorios de democracia”. Esto es lo que le da a los americanos la libertad de “votar con los pies”. 

“Prefiero mil veces estar en Florida”, declaró Patricia García al New York Times.

Gracias al federalismo, los americanos tenemos esa opción.

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