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México Y Perú, ante una decisión clave. Imagen: Unsplash

México y Perú, ante el silencio de la urna

México y Perú definen su futuro. Ante el silencio de la urna cada ciudadano es responsable de su elección, que someterá al juicio de su propia conciencia

México y Perú se enfrentan al momento definitivo. Este domingo, millones de personas nos encontramos ante el silencio de la urna, en el momento clave de definir nuestro voto y, junto con él, lo que esperamos que sea el futuro de nuestros países.

Para ambas naciones la democracia no es una novedad que proyecte sobre nuestras mentes las triunfales imágenes de la justicia y de la prosperidad del pueblo, como lo hiciera antaño. Ahora somos más conocedores y un poco más cínicos. La acción del voto ha perdido en parte ese toque de misticismo y de epopeya, convirtiéndose en algo más cercano a un trámite o una mera “ofrenda cívica” que colocamos a los pies de un dios político en el que ya no creemos.

Y, sin embargo, ahí estamos, ante el silencio de la urna. A pesar del manto de la desesperanza que cubre a nuestra sociedad. A pesar del vodevil de las campañas y de los motes grotescos de los candidatos. A pesar de todo, porque muy en el fondo conservamos la certeza de que nuestro voto importa para el juicio de la historia, tal vez no para la historia de nuestros países, donde se diluirá entre tantos millones de papeletas, pero sí para nuestra historia personal.

Votamos, por lo tanto, en primer y principal lugar, para nuestra conciencia. Para expresar de dientes afuera y de corazón adentro que hicimos lo que estaba en nuestras manos y que cumplimos con el deber que nos colocaban las circunstancias. Estamos ante el silencio de la urna con esa convicción resignada y madura que alguna vez movió a nuestros bisabuelos al campo de batalla, para mayor gloria de la nación, del rey y de Dios.

Hoy arriesgamos apenas una fracción de lo que ponían en juego otras generaciones. Nuestra batalla es pacífica y no derrama sangre sobre la carne, sino color sobre la boleta. Sin embargo, no por ello es menos relevante. De lo que se decida, dependerá en buena medida cómo será la vida en México y Perú durante el resto de nuestras vidas, que, por lo tanto, realmente están en la línea, aunque la burocrática serenidad del voto nos tiente a olvidarlo.

México Y Perú, ante una decisión clave. Imagen: Unsplash
México Y Perú, ante una decisión clave. (Unsplash)

A los ciudadanos de México y Perú, de corazón les pido 

Dense la oportunidad de ser parte de este momento. Voten. No se queden en casa. No disfracen su pereza de una supuesta convicción de repudio a la “clase política”, porque si en serio tanto les indigna la corrupción, tendrán en cuenta que engañarse a ustedes mismos es el primer acto corrupto, del que se desprenden todos los demás.

Voten, porque su voto vale, en primer lugar de cara a ustedes mismos, pero también de cara a la nación y a la historia. Esta vez no se trata de decidir entre dos corruptos mediocres ni entre dos tecnócratas con diferencias menores. Esta vez, los dos países, se enfrentan a una elección donde optarán por uno de dos proyectos radicalmente distintos: el autoritarismo regresivo socialista (de AMLO y Castillo) y la tecnocracia imperfecta, pero democrática (del PRIAN y de Keiko).

Sí, es cierto que ninguna de las opciones es una solución de fondo a los problemas de México y Perú, pero el PRIAN y Keiko tienen una distinción fundamental: que creen en la democracia y que su triunfo nos brindaría, al menos, la oportunidad para seguir construyendo mejores opciones que puedan competir en elecciones razonablemente libres. Por el contrario, AMLO y Castillo implican ceder nuestro futuro al capricho de una autocracia de la que solo nos libraremos por el caos de la resistencia civil o el agotamiento de las décadas.

Llegado el momento definitivo, ante el silencio de la urna, piensen cómo es el México y el Perú en el que quieren pasar el resto de sus vidas y si es que están dispuestos a seguir trabajando para perfeccionar la modernidad o si, por el contrario, vencidos por el rencor y la desesperanza optarán por empoderar a un tirano absoluto, que destruya a los políticos que nos traicionaron… y junto con ellos destruya a todo el país.

Al final del día todos votaremos por quien nos venga en gana, conscientes de que el voto es secreto. Sólo recuerda siempre que tu elección ante el silencio de la urna, y esa marca en la boleta implicará el juicio de tu conciencia, del que nunca podrás escapar. Para bien o para mal.

1 comment
  1. gane quien gane, los ciudadanos perdemos, y es que al final, las opciones son las mismas, los intereses tambien, los disfraces, las caretas puede que sean diferentes, pero los lobos son lobos, con la piel que se pongan….

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