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El miedo no debería de ser a la variante Ómicron, sino a las restricciones de los Gobiernos

Yo insisto: la pandemia se acabó. Ahora el gran reto es enfrentarse a las medidas tiránicas de los Gobiernos supuestamente democráticos, que van rebanando poco a poco las libertades civiles

El surgimiento de una nueva mutación del coronavirus está generando reacciones irracionales a lo largo del mundo. Como si se tratara de los primeros días de la pandemia, muchos países europeos, y Estados Unidos, decidieron restringir los vuelos desde y hacia África. Es un sinsentido. 

Aún no sabemos mucho de esta nueva variante del coronavirus, que la Organización Mundial de la Salud llamó Ómicron (aunque el fundador de BioNTech ya dijo que no nos va a matar). Lo que sí sabemos es lo que hemos aprendido del coronavirus, que ya va para dos años sometiendo al mundo: nunca fue tan letal como nos dijeron, se esparce rápidamente y la vacuna neutraliza el riesgo de muerte.

Bajo estas premisas, de las que sí estamos al tanto, es una locura sumarse a la histeria por el surgimiento de una variante. No es la primera, ya ha habido varias mutaciones. Ante cada una, los medios y los Gobiernos presentaron un panorama aterrador. Prácticamente el relato es el de que la pandemia no ha acabado y no va a acabar en el corto plazo. Esto es falso.

Ninguna variante ha demostrado ser más peligrosa que el virus en su etapa inicial. Ninguna variante se propagó tan rápido como supuestamente lo iba a hacer. Pero, ante el surgimiento del Ómicron, vuelve el pánico, los Gobiernos reaccionan y los mercados también. El Dow cayó un 2,5 %; también el precio del petróleo, a 13 %.

La realidad es que sí debería de haber pánico, pero no ante el coronavirus y las variantes —que siempre existirán y con las que tendremos que convivir. El mundo debería de estar aterrorizado es ante las medidas restrictivas —y debería de estar dispuesto a resistirlas rabiosamente. 

Biden criticó a Trump por restringir los vuelos hacia África, le llamó xenófobo, y ahora él hace lo mismo. Lo cierto es que cuando Trump lo hizo no tenía sentido, pero ahora mucho menos. La vacuna está disponible, quien quiera puede aplicársela y millones ya padecieron el virus, por lo que están protegidos.

Yo insisto: la pandemia se acabó. Ahora el gran reto es enfrentarse a las medidas tiránicas de los Gobiernos supuestamente democráticos, que van rebanando poco a poco las libertades civiles. Si algo nos debe quedar claro es que los cierres de la economía, las cuarentenas y la segregación hacen mucho más daño de lo que puede hacer el coronavirus. 

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