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Murió Maradona y no sé cómo sentirme

Mi ser futbolero está afligido, pero la parte ajena a lo futbolístico no siente nada

No miento cuando digo que estas líneas me cuestan mucho. Diego Armando Maradona fue, dentro de la cancha, de los talentos más grandes que existieron. No hablo de si fue el mejor o no, eso es una banalidad digna del que busca polémica, sino de su talento. Las cosas que hizo, y cómo las hizo, trascendieron tanto que lograron, para millones, opacar sus grandes sombras.

Dejaré bastante claro que estas líneas no son para irrespetar a Maradona, ni a sus millones de admiradores en todo el mundo. Tampoco para eximirlo de sus culpas, son más bien para desahogarme porque no sé cómo sentirme y creo que mis sensaciones representan al de muchas personas que vivieron y sufrieron el socialismo, pero que sienten el fútbol como algo más que un deporte —pero que también tienen presente inequívocamente a sus países.

Maradona le hizo daño a Venezuela y a los países doblegados por tiranías socialistas. Apoyó a los tiranos Hugo Chávez, Fidel Castro y Nicolás Maduro; y no solo ideológicamente, porque también tuvo negocios con el conglomerado criminal chavista. Eso fue un golpe bajo que muchos, simplemente, no podemos perdonar y que, muy al contrario, condenaremos enérgicamente. Sus trágicas posiciones e ideas políticas fueron mucho más graves que sus problemas fuera de la cancha, al menos para mí.

Maradona, muerte, Castro
Foto del 2005 de Fidel Castro jugando con Maradona. (AFP)

Grandes deportistas y celebridades de la historia, leyendas absolutas, cayeron en los vicios y no por eso su legado fue borrado. La frase espetada por Maradona, «La pelota no se mancha», tenía no solo sentido, sino también razón.

Lo que hizo en Boca, Napoli, Argentina tiene pocas semejanzas. Reprochables sus acciones fuera, pero también admirables sus pinturas sobre el verde.  

Diego no fue un buen ejemplo, de hecho, es lo contrario a eso. Pero sí fue una inspiración para millones. Deportistas ejemplares como Lionel Messi —a mi criterio el único que puede competir con Diego en la cuota de talento— crecieron admirando a Maradona. Otras leyendas, como Pelé, también dejaron en claro su predilección por el talento de Maradona. Y esto tampoco puede olvidarse al momento de hablar del argentino.

Su caída fue estruendosa para todas las personas que lo apreciaban. Su problema de adicción terminó siendo su propia perdición. Pero el principal inconveniente para mí, y para cientos de miles, fueron las heridas que dejaron sus posturas y negocios políticos.

Nada define mejor a Maradona que el partido contra Inglaterra en el 86. Capaz de llegar a la gloria con picardía —y trampa, porque el gol con la mano fue, claramente, ilegitimo— pero también haciendo algo irrebatible: el mejor gol del siglo XX y de la historia del deporte. El cielo y el infierno en cuestión de minutos.

«Arranca por la derecha el genio del futbol mundial», es el relato, quizás, más emocionante de una Copa del Mundo. Y se narraba mientras Maradona la llevaba atada mientras desparramaba rivales ingleses en el camino. Con todo el contexto de la guerra de Las Malvinas a sus espaldas. El momento, objetivamente hablando, es icónico.

Si algo me genera tristeza —sus errores me provocan bronca— es cómo sus “amigos” y representantes usaron la figura de Maradona como un show de comedia en sus últimos momentos de vida. Ese ya no era el argentino polémico al que criticaba por sus posturas, al que podía odiar y admirar al mismo tiempo, sino una especia de marioneta al que, parecía, manipulaban y usaban. Un acto de indignidad humana. ¿Y saben qué es lo peor? Que la gente, miles de sus seguidores, aplaudían. Reprobable se queda corto.

La gloria y la miseria en las manos de Maradona

Una parte de mí está apenada, otra no siente nada, ni bronca. Pues no lo vale. Maradona fue un enorme jugador, al que dentro de la cancha admiraré, pero también una figura que tuvo la gloria en sus pies y la miseria en sus manos. Su legado también estará relacionado con personas malvadas; gente que hizo sufrir a los pueblos, personas que reprimieron y asesinaron; llena de escándalos de adicción e incluso de maltratos, sería ingrato y totalmente inmoral que se niegue esta faceta de Maradona.

No tengo problemas en decirlo: una parte de mi ser nunca olvidará los desmanes del argentino y los condenará, la otra solo verá la pelota.

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