fbpx
Saltar al contenido

México: 5 claves para la narrativa opositora

México: 5 claves para la narrativa opositora

Contenidos

Available: English

Hoy, México está a 748 días de las próximas elecciones presidenciales. Si el oficialismo se refrenda en la presidencia, López Obrador y sus aliados tendrán vía libre para consolidar un régimen autoritario que permanezca durante décadas y reducirán a los opositores a un mero rol testimonial, o a una complicidad institucionalizada.

Ahora bien, considerando los pésimos resultados del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia económica, de inseguridad y de pobreza, uno creería que los opositores juegan con el campo a favor y que tendrían todo para ganar las elecciones del 2024, pero no es así.

El hecho es que, a estas alturas del partido, la gran mayoría de los mexicanos (incluyendo millones que respaldaron a AMLO en 2018) saben que el presidente incumplió sus promesas y no es un líder capaz, pero lo siguen respaldando porque les cae bien y porque tiene una narrativa que les hace sentido.

¿Qué narrativa? La de que los “fifís” blancos, ricos, flojos y engreídos, hicieron alianza con los políticos tecnócratas, para robarle al pueblo bueno y humilde.

Por el contrario, la alianza opositora “Va por México” carece de una narrativa solida que trascienda al “López Obrador es malo, corrupto e inepto”, que les alcanza para movilizar aproximadamente a un 37 % de la población, pero nada más. En pocas palabras: o los opositores construyen una narrativa que les permita trascender el mero antiobradorismo, o no tendrán ninguna oportunidad de ganar la presidencia de la república…y se le está acabando el tiempo, así que les comparto 5 claves para lograrlo.

"*" señala los campos obligatorios

Is the Mar-A-Lago raid an unjust witch hunt?*
This poll gives you free access to our premium politics newsletter. Unsubscribe at any time.
Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

La narrativa opositora necesita:

1. Un enemigo que vaya más allá de López Obrador. Durante estos años el repudio a la figura de López Obrador ha sido el vínculo primordial que mantiene unida a la alianza opositora. Sin embargo, en 2024 el presidente no aparecerá en la boleta (aunque será su régimen el que estará en juego). Por lo tanto, la oposición necesita consolidar como “enemigo” un concepto que incluya al presidente junto con el resto de su alianza política.

Puede ser “el régimen”, “el oficialismo”, “la camarilla”, “el Gobierno”. Para acabar pronto, la oposición necesita encontrar el equivalente a los “fifís y conservadores” que juegan el rol de villanos en la narrativa obradorista.

2. Enfocarse que en lo que la gente normal está perdiendo debido a las torpezas, errores y corrupción del gobierno obradorista. Hasta ahora, la oposición se ha enfocado en conceptos demasiado abstractos: “Defender al INE”, defender la separación de poderes, proteger el Estado de derecho. Sin embargo, casi nadie saldría a las calles a votar, a desafiar en régimen (y menos aún a jugarse la vida) para “defender al INE”.

La oposición necesita encontrar banderas más aterrizadas, y ya logró hacerlo a pequeña escala, por ejemplo, cuando enfatizaron que la reforma eléctrica de Obrador implicaba envenenar con termoeléctricas contaminantes a las familias mexicanas. Necesitan banderas similares para otros temas, particularmente la inseguridad y los malos empleos. Se trata de dejar en claro que, en lugar de castigar la corrupción del pasado, el régimen de López Obrador se está robando las oportunidades y el futuro de las familias de a pie y especialmente de los que menos tienen.

3. No sólo futuro, sino certeza tradicional. En las elecciones del 2018, no de los peores errores de los candidatos tecnócratas fue apostarle todo al concepto de “futuro”. Anaya (del PAN) y Meade (del PRI) se posicionaron como los que iban a guiar a México a un entorno de tecnología y automatización. ¿El problema? Que para millones de familias ese futuro significa una amenaza, porque en ese nuevo mundo, que no comprenden y no desean, perderían sus empleos y relevancia.

Para esas familias, la narrativa obradorista, enfocada en las virtudes de un pasado comprensible, resulta muy atractiva. La oposición necesita entender que la mayoría de los mexicanos no se sienten incluidos en una visión de inteligencia artificial, energías renovables y vehículos automatizados. Millones anhelan las certezas del México que fue, y para conseguir su apoyo los opositores necesitan encontrar dentro de ese pasado algunas palancas emocionales que puedan vincular con el resto de su propuesta.

La narrativa opositora debe ir más allá de condenar a Obrador. Imagen: EFE/Isaac Esquivel
La narrativa opositora debe ir más allá de condenar a Obrador. Imagen: EFE/Isaac Esquivel

4. Una autocrítica profunda, o por lo menos una señal clara de que están conscientes y arrepentidos de sus tropelías previas. Hay un problema de fondo para cualquier propuesta y cualquier candidato que pueda lanzar la alianza opositora: los gobiernos que encabezaron durante décadas quienes hoy se oponen a López Obrador también estuvieron marcados por la corrupción, la incompetencia y el cinismo. Y eso la gente no lo olvida.

La narrativa opositora necesita integrar en su mensaje la conciencia y el arrepentimiento respecto al historial de corrupción que mancha a los partidos opositores. No hay tiempo de construir nuevas marcas o liderazgos libres de pecado; se tiene que trabajar con lo que hay, pero eso no significa que la oposición pueda salirse con la suya al proponer un México maravilloso como si todo lo que hicieron mal no hubiese ocurrido.

5. Dejar de ser “fifí”. Tanto en la publicidad de los partidos de oposición, como en los mensajes de los grupos opositores surgidos de la sociedad civil, es demasiado evidente que las perspectivas, los liderazgos y la visión del país se proyectan desde la “alta sociedad” intelectual y empresarial, especialmente de la Ciudad de México. Por más que quieran disimularlo y disfrazarse de populistas, los opositores y sus campañas terminan sonando más bien arrogantes ante los ojos de la gente normal.

Una regla de buen Cubero: si tu campaña y tu mensaje político parece sacado de una clase de “conciencia social” impartido en la Ibero Santa Fe, la Anahuac o el Tec de Monterrey por un “profe” con latte de Starbucks en mano, entonces tienes que empezar desde cero. Salgan de su burbuja en el CEN del PAN, en los cafecitos de la Condesa, en los spaces de Twitter y en las páginas del Reforma. Salgan a la calle, escuchen a las personas y construyan un mensaje que no sea condescendiente.

Pilón. Esta va de regalo: dejen de contratar a los mismos consultores políticos fallidos que idearon y diseñaron las desastrosas campañas presidenciales de los últimos años. Dejen de comprarle humo a los gurús sudamericanos y españoles. Sálganse de ese guioncito aburrido, falso, fatuo y predecible en el que llevan atorados unos 20 años.

Un punto de partida para la narrativa opositora:

¿Cuál podría ser, entonces, la narrativa opositora? Aquí va un (muy básico) primer borrador:

Durante años, los partidos políticos y sus aliados intelectuales actuaron de forma corrupta y arrogante, construyendo un país donde solo mandaban ellos, de modo que la gente se hartó y votó por López Obrador. Ya en el poder, Obrador traicionó al pueblo, rodeándose con lo peor de la vieja política y tomando decisiones caprichosas que lo hinchan de poder a cambio de destruir las oportunidades de los mexicanos trabajadores, que hoy enfrentan más inseguridad y más corrupción que nunca.

Para vencer a este traidor, los mexicanos usarán a los partidos de oposición. No porque los perdonen, sino porque son el único camino políticamente viable a corto plazo. Terminando la elección y derrotado el obradorismo, los partidos de oposición se desintegrarán y le darán espacio a nuevas opciones que, ahora sí, surjan de la gente, respondan al pueblo, sean transparentes y elijan a sus candidatos con base en capacidad y honestidad, en lugar de definirlos por sus conexiones sociales de familia o acuerdos de corrupción.

Esta es una versión inicial, necesariamente burda y perfectible, pero ese es el rumbo que debería tomar la narrativa opositora. La alternativa es que los opositores repitan los errores del 2018, que vuelvan a perder la presidencia y que México pierda el siglo XXI. Literal.

Total
87
Share