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NASA destaca belleza de parque nacional de Venezuela, pero no menciona devastación minera

NASA destaca belleza de parque nacional de Venezuela, pero no menciona devastación minera

El Parque Nacional Canaima, declarado patrimonio de la humanidad, afronta una terrible situación ambiental

«El Parque Nacional Canaima ha inspirado muchos libros y películas. Después de crear el personaje de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle escribió El mundo perdido, donde describe el ascenso aventurero de una meseta en la cuenca del Amazonas similar a las que se encuentran en Canaima», reseña el observatorio de la NASA en una publicación del pasado 12 de julio. «En la película Up, el personaje principal viaja en globo para cumplir el sueño de vivir en un parque que tiene un parecido sorprendente con Canaima. Aunque ficticias, ambas historias capturan el auténtico encanto de esta región».

La descripción es perfecta. En los tres millones de hectáreas que componen el Parque Nacional Canaima están, probablemente, varias de las bellezas naturales más imponentes del mundo. Los tepuyes, como el mismo Auyantepui (del cual desciende la cascada más larga del mundo, el Salto Ángel o Kerepakupai vená), Roraima, Kukenan, Akopán, entre otros; las tribus indígenas de la Gran Sabana, los balnearios naturales, su flora y fauna únicas en el mundo. Este parque, además, es considerado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad desde 1994.

Casi todo lo que hay en Canaima es verdaderamente mágico. Desafortunadamente hay que hacer énfasis en el «casi». Hoy por hoy, más allá de sus maravillas, Canaima afronta un problema que debería poner al mundo en alerta: la criminal devastación minera que amenaza con destruir su biodiversidad y pone en peligro toda la biota que en ella habita, incluyendo a las comunidades indígenas.

NASA publica fotos destacando la belleza del Parque Nacional Canaima, pero no menciona la criminal devastación
Imagen del Salto Ángel o Kerepacupai Vená. (Cortesía de Fritz Sánchez, periodista venezolano)

La NASA hace un buen trabajo describiendo la majestuosidad de Canaima, «Decorado con montañas de cima plana, acantilados empinados y cascadas espectaculares, el Parque Nacional Canaima es uno de los paisajes más notables de Venezuela», dice la nota, «El Espectrorradiómetro de imágenes de media resolución (MODIS, por sus siglas en inglés) del satélite Terra de la NASA capturó la imagen del parque que se ve más arriba el 25 de febrero de 2019. Canaima se extiende por más de 30,000 kilómetros cuadrados (12,000 millas cuadradas), lo que lo convierte en uno de los parques más grandes de Venezuela».

No obstante, en las imágenes satelitales no solo se ve la enorme dimensión del parque, sino varias zonas cubiertas por cruentos colores amarillos que van arropando, cada vez más, la selva del parque. Ese amarillo es la afectación antrópica —o devastación causada por el hombre— que ha alterado su geografía.

Hay organizaciones que desde hace varios años (sobre todo desde 2016, cuando empezó el proyecto del Arco Minero del Orinoco) han denunciado las actividades ilegales —como la minería de oro— que se realizan en este Parque Nacional y gran parte del estado Bolívar. SOSOrinoco.org es una de ellas.

El Arco Minero del Orinoco nació como un «proyecto de desarrollo estratégico nacional» creado por la dictadura de Venezuela en 2016. Inicialmente comprendía un área de explotación equivalente al 12 % del territorio nacional (principalmente en el estado Bolívar), pero en la práctica, la actividad informal e ilegal se extendió a diversas regiones al sur del Orinoco, incluyendo a las regiones de Amazonas y Delta Amacuro.

Es la zona más rica en minerales de toda Venezuela, por lo que el régimen de Maduro explota oro, cobre, diamante, hierro, torio y coltán: todos recursos utilizados para financiar actividades ilícitas de las que se benefician grupos irregulares y criminales.

Heliamphora, Flora Tepuyana en la meseta del Auyantepui. La Heliamphora es una de las especias de flora más exóticas en las denominadas “Islas del Tiempo”. Esta especie solo se ve en los tepuyes, por la altura y la radiación solar. (Cortesía de Fritz Sánchez, periodista venezolano)

Durante el pasado junio, la UNESCO al fin reaccionó y le pidió al régimen venezolano la autorización para evaluar el impacto ambiental de la minería dentro del Parque Nacional Canaima. SOSOrinoco confirmó la resolución.

En febrero de 2021, The Washington Post dio tribuna a SOSOrinoco para denunciar los crímenes ecológicos perpetrados en Venezuela, especialmente en el estado Bolívar y Canaima. En el artículo se lee:

«Según Mongabay y Global Forest Watch, la minería ilegal, la tala de árboles y la recolección de leña para cocinar representaron más de 3.2 millones de acres perdidos de selva tropical entre 2001 y 2018, una de las tasas de deforestación más altas de América tropical. El informe de RAISG de 2018 y el mapa de la huella minera de SOSOrinoco sitúan a Venezuela a la cabeza de la lista de países amazónicos con mayor número de minas ilegales. Se han detectado cientos de sectores mineros, incluyendo 59 conglomerados de minería ilegal de oro en el Parque Nacional Canaima, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y otras áreas protegidas, que albergan a 27 comunidades indígenas».

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Lagunas artificiales contaminadas por mercurio en el Parque Nacional Yapacana en la amazonía venezolana. (Cortesía de Fritz Sánchez, periodista venezolano)

No solo son datos aterradores, sino que existe una trágica realidad para las poblaciones que habitan en estas zonas.

Las comunidades indígenas se ven especialmente afectadas por la minería ilegal que atrae crimen organizado. Casi todas las tribus, salvo algunas que estoicamente se mantienen resilientes, terminan siendo parte de la deforestación y se convierten en un engranaje del sistema de minería mediante trabajos forzados y de diversas formas de esclavitud moderna.

La minería, además, genera un clima hostil de violencia donde los jóvenes y las mujeres se ven especialmente afectados, pues la prostitución, la trata de blancas y el tráfico de drogas son problemas comunes en estos lugares.

«La violencia y las enfermedades asolan las zonas mineras. Aproximadamente el 50 % de los casos de malaria registrados en América Latina se dan en Venezuela. De los 398,000 nuevos casos notificados en 2019, el 70 % se produjo en el sur de Venezuela. Las zonas mineras son explotadas por grupos estatales y no estatales, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), promoviendo la violencia, el trabajo esclavo e infantil, la prostitución y la desintegración de las estructuras sociales indígenas», explican Cristina Burelli y Francisco Dallmeier en The Washington Post.

La devastación en el Parque Nacional Canaima es abiertamente ignorada

Lo que ocurre al sur del Orinoco es un ecocidio, donde la contaminación de los principales ríos de la región por la descarga de mercurio afecta a la fauna acuática que es consumida por las poblaciones locales, cuya salud se va deteriorando con problemas neuronales, abortos espontáneos y complicaciones respiratorias.

Es un etnocidio progresivo y silente sobradamente denunciado por organizaciones ambientales, periodistas y críticos del régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, la comunidad internacional poco ha hecho para visibilizar este problema.

El American contactó a SOS.Orinoco.org para obtener comentarios sobre los problemas ambientales en el Parque Nacional Canaima y sus consecuencias, las recientes reacciones de la UNESCO, el informe de la NASA y sobre la responsabilidad del régimen Maduro en esta problemática. Un portavoz de la organización, quien por seguridad prefirió mantenerse bajo anonimato, comentó a El American:

«El Gobierno tiene los medios para detener esa minería, pero no lo hace porque es obvio que les conviene que se extraiga oro. La fortaleza del Gobierno es relativa, y se sustenta fundamentalmente en tolerar y participar, al mismo tiempo, de la trama delictiva en torno a la minería».

«Es el camino más corto, el de menos esfuerzo, el de menos inversión de recursos: dejar que la minería siga, y así permitir que los mineros “se resuelvan” económicamente, y paralelamente también se “resuelven” los funcionarios de Gobierno, militares, primeramente: ellos también obtienen su parte. Es el resultado de una política de negociación: que cada quien se beneficie, pero con el acuerdo tácito de no pasarse de cierta raya, que solo ellos saben cuál es y que depende de los acuerdos a los que han llegado, los cuales desconocemos». 

Sobre las consecuencias, el portavoz de SOSOrinoco explicó que «los daños que está generando en Canaima son de dos tipos: sociales-culturales y ecológicos».

«Los sociales-culturales tienen que ver con haber promovido un cambio de unas comunidades indígenas que eran relativamente autárquicas y que sacaban buen beneficio del turismo, a ser ahora totalmente dependientes de la minería. Eran comunidades que veían en la naturaleza un valor fundamental para ellos, y ahora las nuevas generaciones la ven con ojos de criollo: solo ven dinero y recursos económicos. Los daños ecológicos son muchos y están explicados en nuestro primer informe del año 2008, pero se pueden sintetizar en: alteración del valor escénico-paisajístico, modificación drástica de la ecología de los ríos, envenenamiento por mercurio y sedimentación de los ríos».

Fritz Sánchez, periodista venezolano especializado en la investigación de las consecuencias de la minería ilegal en el estado Bolívar, Canaima y toda la amazonía venezolana, conversó con El American y llamó la atención sobre los procesos de aculturación que generó esta «cultura minera» promovida y apadrinada por la dictadura de Maduro y miembros de la Fuerza Armada Nacional presente en la región.

Explicó el contexto adverso que genera la minería, pues lleva a que los indígenas se adapten a una forma totalmente distinta de vida dejando atrás prácticas ancestrales y cosmovisión de respeto al medioambiente como proveedor de alimentos y bienestar espiritual. Hoy muchos indígenas solo ven entrar en esta espiral extractivista el único sustento para sobrevivir —ante la inexistencia de turistas y el cobro en oro de todos los servicios de transporte aéreo, víveres, etcétera—.

Indígenas del pueblo Pemón que habitan en el Parque Nacional Canaima. (Cortesía de Fritz Sánchez, periodista venezolano)

Sobre la petición de la UNESCO y el trabajo de la NASA, SOSOrinoco enfatizó que la comunidad internacional no está prestando atención al ecocidio en el estado Bolívar y la devastación del Parque Nacional Canaima.  

«Realmente nosotros hemos visto poco interés internacional sobre lo que sucede en Canaima. El pequeño reportaje o informe que publicó la NASA era más para resaltar la maravilla del paisaje geológico. Ese reportaje fue malinterpretado», explicó el portavoz. «Algunos medios creyeron ver allí una denuncia por la deforestación, pero realmente esos espacios desprovistos de bosques corresponden a la famosa Gran Sabana, que sabemos es un paisaje muy antiguo, creado por intervención humana desde hace siglos».

«No vemos ningún interés por parte de ningún ente no-venezolano sobre el tema de Canaima y la destrucción minera. Incluso UNESCO tardó demasiado tiempo en reaccionar, y lo hizo por presión de las organizaciones de la sociedad civil que se dieron al trabajo de sustentar lo que ocurre y enviar sendos informes al organismo internacional. Estos no tuvieron más remedio que admitir que algo negativo está ocurriendo», recalcó.

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