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Los niños: nuevas víctimas de la guerra cultural y el adoctrinamiento progresista

El nuevo “niño revolucionario” está siendo atacado y adoctrinado desde que su cerebro no tiene ni la capacidad de razonar por sí mismo, pues allí se hace más sencillo y también más efectivo inculcar antivalores progresistas

La humanidad vive una época de resurgimiento del oscurantismo, donde la destrucción se presenta con matices de inclusión y representación, donde a las sombras se le ponen luces, y donde el sentido común es masacrado y cancelado por los grandes medios de comunicación y redes sociales cada vez más comprometidas con generar un cambio estructural en las formas que se han establecido nuestras sociedades occidentales.

Hace un par de años quizás usted escuchaba a alguien decir que la “izquierda quiere destruir a la familia”, y a muchos le parecía una exageración, un chiste, o seguramente “una teoría de conspiración”; lo cierto es que, lo que hasta hace poco podían parecer alucinaciones risibles de algún fanático religioso, hoy es una realidad que se pasea frente a nuestros ojos; no hay que ser un judío ortodoxo o un católico estricto para ver e indignarse por la amoralidad que hoy es promovida y amplificada, no solo por los medios de comunicación, sino por las propias escuelas que “educan” a nuestros hijos.

Desde que hace un par de meses en Netflix fuera publicada la película “Cuties”, una que muestra a niñas de 11 años haciendo bailes eróticos con enfoques cerrados a los órganos sexuales de las mismas, muchos comprendieron finalmente que la supuesta “teoría conspirativa” no era tal cosa, sino que en efecto era una realidad: existe una agenda bastante amplificada por adoctrinar a los niños con los nuevos valores progresistas: victimización, hipersexualización, etiquetas LGBTQ, segregación por razas, ideales económicos socialistas; valores que directa o indirectamente atentan contra el sostenimiento de la institución familiar.

La aberración de someter a los niños desde tan jóvenes a incorporar en su identidad etiquetas sexuales involucra una serie de riesgos para el desarrollo de su personalidad y su integridad psicológica, pero además, impulsa la normalización de otras conductas aberrantes en su entorno como es el caso de la pedofilia y la pederastia.

De las escuelas a los hogares disfuncionales

Desafortunadamente las escuelas en países del primer mundo, como es el caso de Estados Unidos, se han convertido en el principal vehículo para ir dominando las mentes de los más pequeños mucho antes de que tengan la capacidad de pensar por sí mismos para provocar así un daño irreversible. Durante muchos años la penetración del discurso progresista en universidades y escuelas fue escalando, a tal punto que en el año 2018 según un sondeo de Gallup, un 51 % de los jóvenes estadounidenses se sentían a favor del socialismo; e incluso, en una encuesta realizada por YouGov, un 70 % de los jóvenes norteamericanos votaría por un socialista, lo que habla de la intromisión del marxismo en las aulas. No obstante, no conformándose con esto, los progresistas han ido atacando cada vez más a personas en edades más tempranas, el adoctrinamiento en adultos y adolescentes ahora se realiza en niños, y no solo en niños entre los 9 y 12 años, sino que han comenzado a impartir sus “valores” en infantes de edades tan tempranas como los 4 años.

La semana pasada estuve reunido con la directora de una institución de educación primaria estadounidense en el estado de Texas, por razones evidentes no puedo compartir su nombre, pero me comentó que hace un par de meses se presentó un problema en la institución, puesto que uno de los alumnos (de cuatro años) llegó a la escuela vestido como mujer; actualmente en Estados Unidos existe un protocolo para el trato a efectuarse en estos casos, no puede haber ningún acercamiento que pueda de alguna forma hacer sentir al niño que hay algún tipo de discriminación pues esto podría desencadenar problemas legales.

Ante la situación los directivos de la escuela decidieron esperar a ver cómo se desarrollaba la situación, el resultado fue que tan solo un par de horas después de haber llegado a la escuela el niño fue reprendido por mostrar sus genitales en clase. Le llevaron a la oficina de la directora, y ante la presencia de testigos, tal como se requiere en estos casos, el infante confesó que estaba frustrado porque los niños se burlaban de él y las niñas tampoco querían jugar con él, debido a esto y cansado de burlas, decidió mostrar sus genitales para demostrar que él era un varón; luego de esto confesó que él no quería ir vestido de niña a la escuela, pero que su madre lo había obligado. Cuando llamaron a su madre, la misma aceptó que lo había vestido de esa forma, porque “quería que su hijo tuviera la oportunidad de decidir el género que prefiriera sin limitarse a su condición biológica”.

Si bien no existe actualmente una métrica que pueda definir cuantos de este tipo de casos se presentan actualmente en Estados Unidos, un clip de un nuevo documental de HBO muestra a un niño de 4 años siendo presionado por quienes se presumen son sus profesores y también su madre ante un auditorio lleno de adultos, para declarar que él es en realidad “una niña”.

Al niño se le da un micrófono cuando la madre del niño anuncia, “Este es Phoenix”. El niño se vuelve hacia la madre y dice: “Soy un poco tímido”.

“¿Eres un poco tímido? ¿Quieres decirle a todo el mundo si eres un niño o una niña?” preguntó la madre.

“Sólo quiero decirles que soy una niña”, respondió el niño, que seguía mirando a la madre.

El niño respiró profundamente y parecía estar a punto de hablar por el micrófono, luego se volvió hacia la madre y dijo: “No quiero hacerlo”.

“Vale”, respondió la madre. “Phoenix quiere que sepas que es una niña y que prefiere she y her (ella) como sus pronombres”.

Durmiendo con el enemigo

No todos los padres se prestan para el fomento de nuevas sociedades desnaturalizadas donde sus hijos son utilizados como conejillos de indias para experimentos sociales, no obstante, en algunas ocasiones, ni el amor brindado en casa es capaz de hacerle frente a una sociedad cada vez más contaminada por los antivalores del progresismo. También hace dos semanas, conocí y pude conversar con una madre de origen cubano en el estado de la Florida, a quien su hija de once años denunció ante la policía por “atacar y discriminar a la comunidad LGBTQ”.

Según me comenta, una de las amigas de su hija (también de once años) se declara a sí misma pansexual, y otra de ellas como bisexual, la madre le habría recriminado a su hija puesto que considera que no están en la edad de estar hablando en términos sexuales o incluso de estar pensando en aquello y le castigó. Acto seguido la niña les comentó a sus amigas quienes comenzaron a decirle que su madre practicaba un discurso de odio ante la comunidad LGBTQ; días después la señora recibió una visita de la policía por denuncias de “discriminación a las minorías”.

Evidentemente a partir de esto la relación madre hija ha sufrido un notable deterioro, el que por supuesto la madre desea no sea irreversible, sin embargo anímicamente estaba derrumbada, en sus propias palabras expresó que sentía que estaba “durmiendo con el enemigo”.    

El nuevo hombre revolucionario y el nuevo niño

Desde hace mucho tiempo los socialistas del mundo vienen hablando del “nuevo hombre”, este término fue utilizado por el chavismo en Venezuela, aunque la mayoría de venezolanos opositores a la tiranía comandada por Nicolás Maduro rápidamente adaptó la terminología del “nuevo hombre” como un mote peyorativo.

El nuevo hombre y niño revolucionario está siendo atacado y adoctrinado desde que su cerebro no tiene ni la capacidad de razonar por sí mismo, pues allí se hace más sencillo y también más efectivo inculcar los antivalores que podrían devenir en la decadencia absoluta del sistema social occidental. Niños creciendo en estado de confusión al desconocer su género biológico, inculcándoles ideas de víctimas y de necesidad de asistencia social por parte del Estado, es de entrada la semilla para el desarrollo de toda una generación que abogará por el socialismo y los Estados paternalistas con el fin de someter a las sociedades.

En la actualidad la teoría conspirativa no es creer que la nueva izquierda progresista desea destruir a la familia, lo “conspirativo” o por lo menos sospechoso sería pensar que no lo van a lograr si seguimos haciéndonos de la vista gorda y permitimos que sigan implantando sus antivalores en nuestros hijos.  

1 comment
  1. Que cosa mas absurda, desenfocada, sesgada y mediocre. no hay ninguna fuente, referencia bibliográfica o argumentación mínimamente objetiva en esta perorata infame y mal intencionada, que confunde la mierda con la pomada. Endilgar responsabilidades a una clase de política que nunca ha dirigido su atención a la humillación y descomposición social a través de la mala educación y trauma infantil. Se confunde el Chavismo que ni siquiera es una ideología, con el marxismo, socialismo o comunismo. Acá no hay un ápice de profundidad sobre conceptos políticos o fundamentación teórica; me siento más estúpido al haber leído tanta basura.

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