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Nuevo estudio demuestra la inutilidad de las estrictas políticas covid en la Universidad de Cornell

Cornell - Lockdowns - El American

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La Universidad de Cornell, una institución de la Ivy League situada en Ithaca (Nueva York), se preciaba de ser una de las principales universidades del país a la hora de implementar medidas Covid basadas en “la ciencia”. 

Pero uno de los propios profesores de Cornell ha echado por tierra esas pretensiones. En una nueva  carta de investigación publicada en la red JAMA, la Dra. Genevive R. Meredith, doctora en salud pública de la Universidad de Cornell, demolió el argumento de que todas las medidas y vacunas Covid eran importantes. 

“Cuando se detectó el SARS-CoV-2 en Estados Unidos, entraron en vigor medidas de salud pública de emergencia, como el cierre de las escuelas”, escribe la Dra. Meredith. “A medida que las disposiciones de prevención y control mejoraban, las políticas de respuesta a la emergencia retrocedían. La Universidad de Cornell abrió sus puertas para la enseñanza residencial en el otoño de 2021 utilizando un amplio programa de pruebas, rastreo de contactos y aislamiento en colaboración con el Departamento de Salud del Condado de Tompkins. La vacunación fue obligatoria para todos los estudiantes y se alentó a los empleados”.

“Se exigió el uso de mascarillas en el campus, y se dictaron órdenes de aislamiento y rastreo de contactos en las horas siguientes a cualquier resultado positivo. Nuestra hipótesis es que estas medidas limitarían la propagación de COVID-19 en el campus y tratamos de controlar esto con un estudio de series de casos de los registros de pruebas de la universidad”. 

Error. No hicieron nada para “frenar la propagación”, según la doctora en salud pública. 

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“Basándose en el análisis de los datos de vigilancia de la población recogidos de forma rutinaria, la experiencia de Cornell muestra que las intervenciones tradicionales de salud pública no fueron capaces de hacer frente a Omicron”, concluyó. “Aunque la vacunación protegió contra la enfermedad grave, no fue suficiente para evitar la rápida propagación, incluso cuando se combinó con otras medidas de salud pública, como las pruebas de vigilancia generalizadas”.

“La generalización de los resultados del estudio podría ser limitada debido a la demografía de la muestra (la mayoría de los participantes eran estudiantes universitarios) y al entorno institucional único del estudio. A medida que el SARS-CoV-2 se va adaptando, los estudios de vigilancia y de series de casos que se realizan en diferentes poblaciones y entornos serán útiles para identificar eventos centinela y orientar las acciones para mitigar los daños”. 

Sin embargo, incluso la justificación casual de que “protegían contra la enfermedad grave” es muy discutible. En primer lugar, los jóvenes de entre 18 y 29 años que no padecen enfermedades graves tienen un riesgo de mortalidad casi nulo a causa de Covid-19.

Crédito de la imagen: Agencia de Censo de USA, marzo de 2022

Además, los niños y los jóvenes no corren más riesgo con Covid-19 que con la gripe estacional. Incluso a mediados de 2020, el riesgo de mortalidad era aproximadamente equivalente. A principios de 2022, el riesgo de la gripe estacional para los jóvenes era mucho mayor que el de Covid-19. Y, por supuesto, no existe ningún mandato para la vacuna contra la gripe estacional.

En diciembre, la Universidad de Cornell cerró su campus de Ithaca (Nueva York), donde tiene unos 25.600 estudiantes, a pesar de que la tasa global de vacunación de la universidad fue de 99 % de los estudiantes.

Jeremy Redfern, secretario de prensa del Departamento de Salud de Florida, señaló los resultados de la Universidad de Cornell.

“Un estudio muy interesante de Cornell”, dijo Redfern. “El uso obligatorio de mascarillas, la vacunación obligatoria de los estudiantes, las pruebas de PCR obligatorias una vez por semana, el aislamiento y el rastreo de los contactos en las horas siguientes al resultado positivo de la prueba. Los mandatos de usar mascarilla fallaron (imagínense) y el 98.6 % de los casos fueron avances”. 

Aunque algunos objetaron la observación de Redfern de que los mandatos de mascarilla no lograron frenar la propagación en la Universidad de Cornell, esa es una conclusión cierta que ha sido demostrada por múltiples estudios científicos académicos.

“Contrariamente a nuestra hipótesis, los mandatos tempranos no se asociaron con un menor crecimiento de casos. El crecimiento máximo de casos fue el mismo entre los estados con mandatos tempranos, tardíos y sin mandatos. Esto indica que los mandatos de mascarilla no predijeron una propagación más lenta del COVID-19”, según un estudio de la Universidad de Louisville realizado en mayo de 2021.

Un estudio revisado por pares y publicado en la revista Cureus en abril es definitivo: “Estos hallazgos indican que los países con altos niveles de cumplimiento de las mascarillas no obtuvieron mejores resultados que aquellos con un bajo uso de las mismas”.

Así pues, la Universidad de Cornell debería aprender una dura lección sobre hacer suposiciones sin datos científicos que las respalden y llevar a cabo políticas opresivas que violan los derechos de los estudiantes.

El mundo académico existe para desafiar la sabiduría predominante y fomentar el pensamiento independiente. El hecho de que las universidades estadounidenses ya no parezcan capaces de desempeñar esa función básica en la sociedad es una advertencia permanente sobre los peligros del “pensamiento de grupo”, así como una llamada de atención sobre la necesidad urgente de una reforma académica. 

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