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México: La impaciencia amenaza la libertad económica de Oaxaca

Oaxaca

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El desarrollo en México no ha sucedido de forma igual en todos los estados. Esto en gran medida se debe a la forma en la que se dieron los arreglos institucionales en los distintos estados durante el periodo posterior a la Revolución Mexicana.

El sur del país fue el gran perdedor de la Revolución: la falta de derechos de propiedad y la deficiencia del Estado de derecho en el país se convirtieron en un obstáculo muy complicado para que estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas crecieran tanto como otros por lo que, finalmente, se convirtieran en los más pobres del país.

La ausencia de libertad

El Instituto Fraser de Canadá, en su estudio Libertad Económica en el Mundo, nos dice que “un individuo tiene libertad económica cuando la propiedad que adquiere sin el uso de fuerza, fraude o robo está protegido de invasiones físicas por parte de otros y cuando son libres de usar, intercambiar o regalar su propiedad, siempre que sus acciones no violen los derechos idénticos de otros”. Múltiples estudios han demostrado que la libertad económica es uno de los grandes factores para el desarrollo de los países y regiones.

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Con este mismo instituto he participado por los últimos 8 años en realizar una medición de la libertad económica para los estados de México y Estados Unidos, así como las provincias canadienses. Los resultados rara vez nos sorprenden: los estados norteamericanos y canadienses ocupan los primeros 60 lugares y los restantes 32 son para los mexicanos. La ausencia de libertad económica y el bajo nivel de desarrollo van de la mano y México no es la excepción.

El éxito inesperado de Oaxaca

Construir la libertad económica es algo simple, pero no fácil. Mejorarla a nivel estatal es cuestión de llevar finanzas públicas sanas, menos impuestos, menos gasto público y menos regulación al mercado laboral. Mediciones como la del Instituto Fraser permiten a los tomadores de decisiones saber dónde se encuentra la libertad económica y qué políticas podrían implementar para mejorarlo.

Oaxaca ha transitado un camino difícil hacia mejorar su nivel de libertad económica y, como en todos los casos, el éxito no ha sido una línea recta sino una serie de altibajos con tendencia positiva, subiendo en el ranking desde la posición 23 entre los 32 estados mexicanos en 2006, hasta la posición 6 en 2019, último año que mide el estudio de Libertad Económica de Norteamérica 2021.

Sería muy injusto pensar en este éxito como algo deliberado. La libertad económica no estaba entre las prioridades del gobierno de Oaxaca, pero persiguiendo el crecimiento dieron con la fórmula correcta: reducir el gasto, renegociar la deuda y apostar por cierta mejora regulatoria que les permitió, por ejemplo, tener un crecimiento extraordinario entre 2018 y 2020, además de estar entre los primeros estados en lograr recuperar su actividad económica previa a la pandemia.

El problema de la impaciencia

Cuando un estado tiene problemas tan profundos como Oaxaca, el desarrollo no puede darse de la noche a la mañana, hay mucho que arreglar. Liberalizar la economía del estado es sólo el primer paso; la libertad económica atrae la inversión, lo cual aumenta el empleo e incentiva la inversión en infraestructura; la necesidad de trabajadores calificados estimula la educación y, lentamente, como hemos visto en otros ejemplos, la libertad económica desata una bola de nieve de desarrollo.

El rumbo de Oaxaca sin duda era el correcto, pero la gente no suele tener paciencia y quiere resultados inmediatos. Ahí es donde la política se adueña del discurso y la economía pasa a un segundo plano. Se deja de confiar en el camino lento pero seguro para apostar por soluciones rápidas y falsas promesas de crecimiento inmediato.

Esas promesas han sido el caballo de batalla de la izquierda populista en todos los países y aquí los dueños de ese discurso son el presidente López Obrador y sus acólitos en MORENA.

Salomón Jara, candidato del partido del presidente a la gubernatura de Oaxaca, prometió a los oaxaqueños 10 puntos entre los que incluía desterrar la corrupción, salud y medicamentos gratuitos, “Estado de bienestar” y crédito barato. Una lista de buenos deseos muy atractiva sin un plan claro de cómo conseguirlos.

Jara ganó la elección el pasado 5 de junio por barrida con un programa de gobierno absurdo que no sólo no es posible lograr, sino que va a destruir los primeros pasos en el camino hacia el desarrollo que ya habían dado los oaxaqueños. Todo por la impaciencia.

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