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Obama se equivoca en su crítica contra las Big Tech

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El expresidente Barack Obama pronunció un discurso en el corazón de Silicon Valley para la Universidad de Stanford, en el que arremetió contra las grandes empresas tecnológicas por no hacer lo suficiente para suprimir la supuesta desinformación y pidió una amplia regulación sobre cómo actúan las empresas tecnológicas. Aunque tanto conservadores como progresistas están más que dispuestos a arremeter contra los gigantes tecnológicos por su influencia en la formación de la opinión pública, la diatriba de Obama contra las grandes tecnológicas pone de manifiesto lo que los progresistas entienden mal: no están molestos porque las grandes tecnológicas censuren, sino porque no censuran lo suficiente.

Durante su discurso, Obama señaló que la forma en que la gente adquiere información ha cambiado significativamente en los últimos años, y dijo que la proliferación de medios de comunicación ha llevado a una fragmentación de la narrativa de los medios y que la gente ya no es capaz de “distinguir entre los hechos, la opinión y la ficción al por mayor”. 

Subrayó que el principal problema para el debilitamiento de las democracias es el “cambio en la forma de comunicar y consumir información” y lamentó que la gente ya no debata sobre el mismo conjunto de hechos compartidos como lo hacía durante la época dorada de la televisión.

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Las cuestiones de la libertad de expresión y la desinformación se han vuelto críticas en el mundo actual (Imagen: Flickr)

Obama argumentó que la gente utiliza las redes sociales no sólo como “nuestra ventana a Internet. Sirven como nuestras principales fuentes de noticias e información”, pero que la naturaleza de las redes sociales ha permitido que la desinformación se dispare. Para el expresidente, la respuesta a esto es obligar a las plataformas de medios sociales, mediante la regulación gubernamental y la “supervisión democrática”, a frenar la difusión de la supuesta desinformación.

Argumentó que los líderes autocráticos como Vladimir Putin y el exestratega de Trump, Steve Bannon, socavan la democracia al “inundar la plaza pública con suficientes aguas residuales”, generando dudas en las personas, haciéndolas perder la confianza en “sus líderes, los principales medios de comunicación, en instituciones políticas, y entre ellas mismas”. 

No se discute que las grandes empresas tecnológicas desempeñan un papel importante en la formación de la opinión pública estadounidense, y tanto los conservadores como los liberales han cuestionado el poder que tienen los titanes tecnológicos para moldear eficazmente la agenda pública. Sin embargo, el enfoque de Obama hacia las grandes tecnológicas es profundamente problemático, ya que parece estar dispuesto a incendiar el principio de la libertad de expresión para supuestamente salvar la democracia.

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Los problemas de la diatriba de Obama contra las grandes tecnológicas

Los problemas del argumento de Obama son los siguientes: asume que la diversidad de los medios de comunicación es algo nuevo en Estados Unidos; piensa que las Big Tech han sido demasiado indulgentes con la supuesta desinformación; absuelve a las élites de sus errores, y olvida que la información precisa ha sido suprimida en nombre de la lucha contra la desinformación.

La primera cuestión es bastante sencilla. Obama argumenta que los estadounidenses están consumiendo una cantidad de fuentes mediáticas sin precedentes, en contraste con las narrativas curadas y dirigidas por las élites que eran comunes durante la era dorada de la televisión. Sin embargo, Obama aparentemente olvidó que la historia no comenzó en la última mitad del siglo XX, ya que el panorama mediático durante nuestro primer periodo republicano estaba lleno de una gran variedad de periódicos partidistas que vomitaban teorías de la conspiración que harían temblar a Obama. 

En realidad, lo verdaderamente nuevo en Estados Unidos no es que haya una gran variedad de medios de comunicación (eso siempre ha sido así), sino que todas las fuentes de información relevantes trabajan bajo plataformas que son propiedad de un grupo muy reducido de personas. La verdadera amenaza para la democracia no es que haya demasiado discurso, sino que nuestra plaza pública digital sea propiedad de muy pocas empresas.

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El presidente Obama argumentó que las grandes tecnológicas han permitido que la desinformación se dispare (EFE)

Para Obama, la difusión de “desinformación” por parte de actores malintencionados es la principal razón por la que la gente está perdiendo la confianza en las instituciones.  ¿Es desinformación que la comunidad de inteligencia estadounidense proporcionara información errónea en el período previo a la guerra de Irak? ¿Es información errónea que las instituciones financieras mintieran a propósito en la crisis financiera de 2008? ¿Es desinformación que los expertos en salud pública mintieran constantemente durante el COVID? ¿Es desinformación que los militares estadounidenses gestionaron de forma catastrófica la retirada de Afganistán?

La razón por la que la gente no confía en el establishment no se debe a un plan maquiavélico de Putin, sino a que las élites han hecho un pésimo trabajo desde finales de la década de 1990.

Obama argumenta que las redes sociales han permitido (por error o a propósito) que la “desinformación” fluya libremente y que no ha habido suficientes intentos de contrarrestarla. Está profundamente equivocado. Obama sólo tenía que ver cómo Twitter bloqueó preventivamente la historia de la laptop de Hunter Biden incluso cuando no sabían si la historia era falsa o no. Además, el expresidente podría verificar cómo los gigantes de las redes sociales etiquetaron cualquier referencia a la teoría de la fuga de laboratorio como información errónea, o incluso podría intentar encontrar la cuenta de Twitter/Facebook de su sucesor en la Oficina Oval. 

Estos ejemplos no sólo ponen en duda la afirmación de Obama de que las redes sociales no han hecho suficiente censura, sino que también plantean dos contrapuntos cruciales a su teoría. En primer lugar, la supresión de la “desinformación” no servirá para acabar con ella. Si la teoría de imponer una dura supresión de la supuesta desinformación es correcta, entonces ¿por qué Donald Trump sigue siendo popular dentro del GOP después de más de un año sin plataforma?

La segunda pregunta, sin embargo, es aún más importante. Los medios de comunicación pensaron que la historia de la laptop de Hunter Biden y la teoría de la fuga de laboratorio eran informaciones erróneas, siguieron a los “expertos” en inteligencia y salud que lo dijeron. Sin embargo, más tarde se demostró que la laptop de Hunter era real y que la teoría de la fuga de laboratorio es bastante razonable. En pocos meses, la peligrosa desinformación se convirtió en hechos respetables. ¿Cómo está seguro Obama de que una de las víctimas de una amplia represión de la “desinformación” no será la propia verdad?

Obama tiene razón en que el papel de las grandes empresas tecnológicas en la esfera pública debe cambiar. Pero un cambio hacia una “moderación de contenidos” aún más dura (un eufemismo para la censura corporativa) dirigida por personas que han calificado repetidamente los hechos como “desinformación”, sólo alienará a los conservadores aún más, poniendo al país en un camino extremadamente volátil y peligroso.

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