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AMLO, hacia la tiranía. Imagen: EFE/ Sáshenka Gutiérrez

Obrador acelera hacia la tiranía: 3 acciones para detenerlo

AMLO acelera hacia la tiranía mientras México se acerca a las elecciones intermedias. Para detenerlo, la oposición debe afinar su mensaje y movilizar a la gente

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López Obrador pisó el acelerador hacia la tiranía, y para detenerlo la oposición necesita corregir el rumbo de su mensaje y de sus esfuerzos antes de las elecciones intermedias del próximo 6 de junio, que son la última oportunidad para contener institucionalmente la consolidación de un régimen cada vez más autoritario, caprichoso y desastroso.

3 señales del avance hacia la tiranía

La primera de ellas fue el anuncio de que los ingresos del Tren Maya (una mega obra de infraestructura turística que el Gobierno impulsa en el sureste del país a pesar de sus graves efectos ambientales) serán directamente para el Ejército, que también se encarga, cada vez más, de los obras de construcción del propio tren, así como del aeropuerto de Santa Lucía y 2,700 sucursales del nuevo banco del gobierno, entre otros proyectos multimillonarios.

En campaña, Obrador prometió regresar el Ejército a los cuarteles. Sin embargo, ya en el gobierno, AMLO consolidó la participación del Ejército en el supuesto combate contra el crimen (por medio de la Guardia Nacional) y expandió la participación de las Fuerzas Armadas en el control de los puertos y aeropuertos. Además de convertirlas en el principal contratista de los grandes proyectos de infraestructura de su administración.

La creciente presencia de los militares es grave, porque pone en riesgo la separación del poder militar y el poder político, gracias a la cual México lleva más de 80 años sin intentos de golpe de Estado. Peor aún, la creciente vinculación de intereses entre los militares y el presidente de la República pareciera dibujar peligrosas similitudes con el pacto mafioso que sostiene al chavismo venezolano.

Las otras dos señales tienen que ver con la lucha por el mercado energético. La semana pasada, AMLO publicó en el Diario Oficial de la Federación una serie de reformas a la Ley de la Industria Eléctrica, que prácticamente, destruyen el mercado eléctrico privado y restauran el pleno dominio de la Comisión Federal de Electricidad.

Inmediatamente, las empresas del sector buscaron el amparo de la justicia federal, ya que esas reformas son flagrantemente inconstitucionales. Los jueces otorgaron diversas suspensiones provisionales, que impiden que el gobierno aplique la contrarreforma, mientras ellos analizan el fondo del asunto para llegar a una decisión final.

El presidente reaccionó lanzándose contra el Poder Judicial y exigió que se investigue por posibles actos de corrupción a los jueces que pararon su reforma. Peor aún, el 17 de marzo anunció que si declaran que su reforma es inconstitucional, entonces propondrá modificar la Constitución, utilizando la amplia mayoría de la que dispone en el Congreso.

Para dejar más claro el tufo a tiranía, una diputada oficialista presentó una reforma a la Ley de Amparo, para impedir que los jueces suspendan la aplicación de “leyes y resoluciones que tengan por objeto fomentar la operación y funcionamiento de Empresas Productivas del Estado”, lo que debilitaría al juicio de amparo como contrapeso ante un gobierno cada vez más voraz en cuanto al control de la economía.

Estos son sólo 3 botones de muestra de las tendencias tiránicas que se profundizan mientras el país se encamina a las elecciones intermedias del 6 de junio. Estas elecciones renovarán 15 gubernaturas, la Cámara de Diputados y la mayoría de los Congresos locales.

Si como lo indican las encuestas, el oficialismo logra mantener sus actuales mayorías, López Obrador tendrá vía libre para consolidar su agenda, destruir los contrapesos institucionales y fortalecer el poder de la Presidencia de la República para influir, e incluso, determinar el resultado de las elecciones presidenciales del 2024. Sería, en pocas palabras, el regreso del “Partido de Estado”.

3 acciones para impedirlo

La oposición tiene en claro la gravedad de la amenaza y para enfrentarla construyeron una alianza que, bajo el nombre de “Va por México”, busca a arrebatarle la Cámara de Diputados al oficialismo, para impedir que éste siga imponiendo su agenda sin siquiera la gentileza de negociarla. Pero, a pesar de lo loable de sus esfuerzos, necesitan corregir el camino si es que esperan ganar y salvar al país. Urgen 3 acciones:

Para millones de personas, el futuro es más temor que esperanza, y eso lo aprovecha AMLO hacia la tiranía. Imagen: Unsplash/Maximalfocus
Para millones de personas, el futuro es más temor que esperanza, y eso lo aprovecha AMLO hacia la tiranía. Imagen: Unsplash/Maximalfocus

Primera. No enfocarse en el futuro

La narrativa opositora está repitiendo los mismos errores que la llevaron al desastre en las elecciones del 2018: un discurso tecnocrático, centrado en la apuesta por el futuro y la tecnología y en demostrar el “contraste” con la visión supuestamente retrógrada de López Obrador.

Lo que los opositores no entienden es que para el ciudadano normal el futuro no es algo que los llene de esperanza, sino de temor. El “futuro” es ese robot que les quitará el trabajo en la fábrica, es Amazon que provocará la quiebra de su pequeño negocio, esa computadora que los reemplazará en la caja del almacén, ese vehículo autónomo que los reemplazará como taxistas. Esa vida de algoritmos y computadoras que no entienden y en la que no confían.

Para esos millones de mexicanos, el discurso opositor centrado en el futuro representa una amenaza directa que no van a apoyar, sin importar lo inepto o desastroso que sea López Obrador, porque en sus mentes él, por lo menos, les brinda la certeza de vivir en un mundo que comprenden y en el que son útiles.

AMLO representa los “buenos tiempos” donde todo estaba claro, mientras que los opositores encarnan un futuro incierto, dominado por máquinas y por ricos con título de Harvard. Para acabar pronto, es ese sentimiento encarnado por Panteón Rococó en su clásica canción “La carencia”: en un mundo globalizado, la gente pobre no tiene lugar.  Sí, racionalmente esa aseveración es absurda, pero a nivel emocional es así cómo se sienten millones de mexicanos que votarán el 6 de junio.

Segunda. Bajar de lo abstracto a lo concreto

El discurso opositor sigue enfocándose demasiado en elementos abstractos y poco comprensibles para la gente normal. Hablar de la “defensa de las instituciones”, de los “equilibrios constitucionales” y de la “autonomía de los organismos técnicos”, no significa nada para quienes están fuera del círculo rojo.

Para que la gente realmente entienda la gravedad de lo que está pasando con López Obrador y se atreva a votar en consecuencia, es necesario que la oposición explique en términos concretos cuáles son los daños que las reformas y caprichos de AMLO provocan en la vida cotidiana de los mexicanos. A la gente le valen madre las legislaciones e instituciones; lo que les importa es su madre, sus hijos, sus hermanos y amigos.

Por ejemplo, mientras se discutía la contrarreforma en materia energética, los opositores se lanzaron a las redes sociales con el hashtag #LeyCombustóleo, lo que “nomás” se entendieron ellos solos. Para tener mayor impacto los opositores debieron optar por algo como “#LeyAsfixia”, que transmita de forma clara el daño a la salud que provoca la quema de combustóleo impulsada por la reforma obradorista.

Diego Fernández, rival histórico de AMLO, convertido en pitcher de salvamento para la oposición. Imagen: EFE/Héctor López
Diego Fernández, rival histórico de AMLO, convertido en pitcher de salvamento para la oposición. Imagen: EFE/Héctor López.

Tercera. Buenas campañas con buenos candidatos

Estamos a menos de 3 meses de las elecciones intermedias y la oposición sigue sin posicionar agenda o candidatos. A nivel nacional, la sensación es como que ni siquiera estuviéramos en año electoral, y esa falta de ánimo afectará mucho más a los opositores que al oficialismo, ya que entre menor sea la participación, más fácil será que el Gobierno federal aproveche sus estructuras de programas sociales y sus acuerdos con liderazgos locales para “acarrear” los votos que le permitan conservar su mayoría parlamentaria.

Para acabar pronto, que el regreso mediático del octogenario excandidato presidencial panista Diego Fernández de Cevallos sea lo más emocionante que le ha pasado a la oposición en los últimos dos años es una contundente condena a la incapacidad de los nuevos liderazgos para generar conexión, y digamos con el pueblo en general, sino incluso con sus propios simpatizantes.

Quedan aproximadamente 10 semanas para las elecciones y en esas 10 semanas la oposición necesita construir campañas relevantes y efectivas, que puedan mantener la atención de los votantes en medio de la pandemia y las constantes ocurrencias del presidente. Campañas diseñadas para concentrar en sí la atención de propios y extraños, arrebatándole oxígeno al resto de los actores políticos.

Si los opositores logran dejar de lado su contraproducente narrativa de futuro, bajar de lo abstracto a lo concreto y hacer muy buenas campañas, quizá logren contener el autoritarismo obradorista. De otro modo, solo resta esperar un milagro o una tiranía.

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