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Ejercicios Navales, El American

¿Qué hará Occidente frente a los “Ejercicios Navales” de Rusia?

Los ejercicios cubrirán las aguas de los mares adyacentes al territorio ruso, así como áreas operativamente importantes del océano

Europa comenzó 2022 con una peligrosa crisis. A la pandemia mundial se agrega el riesgo político de un choque con Rusia que, si bien no será militar, tensará las relaciones del Viejo Continente con Moscú al nivel de la Guerra Fría. La cooperación se reducirá al mínimo, y el hecho de ocupar Ucrania -si se concreta- hará inevitable asimismo la anexión de Taiwán por parte de China. Dos estados democráticos corren serio riesgo de desaparecer. Y es dudoso que Washington tenga la decisión de impedirlo, aunque posee —no quepa duda— el poder de hacerlo.

El presidente francés Emmanuel Macron fue el primer líder europeo que estableció línea directa con Moscú. Sin Angela Merkel, la única dirigente que Vladimir Putin veía de igual a igual y conversaba indistintamente en alemán y ruso, el puente entre Bruselas y Moscú pasa ahora por París. 

Macron criticó “la política desestabilizadora del Kremlin, sus ataques cibernéticos y el uso político de la migración”, en referencia a Bielorrusia. Su objetivo inmediato es reducir la tensión fronteriza.

Europa defiende la soberanía e integridad territorial ucraniana. “Si hay una agresión el precio será muy caro”, afirmó Scholz, el nuevo canciller alemán, sin aclarar más. Berlín no enviará armas pues “no las exportamos a zonas de conflicto”. Kiev calificó el hecho de “traición”, pero también para otras naciones aliadas como Lituania y Polonia el “no” germano es decepcionante. Alemania argumentó que ha hecho más por Ucrania que nadie, apoyando su democracia e invirtiendo en su desarrollo, al fortalecer su rol como país de tránsito en la red de suministro del gas ruso. 

Según el analista de política internacional israelí Matty Zwaig “la OTAN seguirá siendo la columna vertebral de la seguridad en Europa, a pesar de las dudas sobre el compromiso a largo plazo de los Estados Unidos, pero muchos desafíos de seguridad emergentes como ahora con la crisis ucraniana, requieren la intervención de la Unión Europea (UE), que incluye sanciones, creación de instituciones, asistencia para el desarrollo, convergencia regulatoria, ciberseguridad y lucha contra la desinformación con origen en Rusia, en lugar de solamente usar el martillo militar de la OTAN”.

Antony Blinken, en quien el presidente Joe Biden delega lo esencial de su política exterior, acusó duramente al Kremlin en la “Academia de Ciencias Berlín-Brandeburgo”. Afirmó que se vive una “gran urgencia para el mundo”. En la visión americana Moscú ignora los acuerdos que han mantenido la paz en el continente durante décadas. Estos principios, establecidos “tras dos guerras mundiales y una guerra fría, rechazan el derecho de un país a cambiar las fronteras de otro por la fuerza”. 

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Permitir que Rusia viole estos principios impunemente “nos arrastraría —aseguró el secretario de Estado–- a una época mucho más peligrosa e inestable, cuando este continente, y esta ciudad, estaban divididos en dos, con la amenaza de una guerra total… enviaríamos el mensaje de que estos principios son prescindibles, con resultados catastróficos”. 

En 1991, millones de ucranianos votaron para decir que “se gobernarían a sí mismos, y en 2014 el pueblo se levantó para defender un futuro democrático… desde entonces, viven bajo la sombra de la ocupación rusa en Crimea. La guerrilla en el este de Ucrania ha causado ya 14,000 muertos. Ciudades enteras han sido destruidas. Un millón y medio de personas han huido de sus hogares a otras regiones y la crisis humanitaria aumenta. Unos tres millones de ciudadanos necesitan alimentos y refugio para salvar sus vidas. Incluso quienes viven lejos de los combates son afectados por ellos; es su país y son sus compatriotas.

En la visión de Vladimir Putin “ucranianos y rusos son el mismo pueblo”. Como escribió Francisco Faig en “El País” de Uruguay, la incorporación a la OTAN de los países bálticos en 2004 “fue lo último que aceptó pacíficamente”. De allí en adelante Moscú invadió Georgia y no tolera ninguna extensión de la OTAN en sus fronteras. “Putin ha sido claro en sus objetivos geopolíticos que, por cierto, no son nada estrambóticos si se conoce la historia rusa… sabe que las cómodas y envejecidas sociedades occidentales no están dispuestas a que sus jóvenes vayan a morir por Ucrania”. Y finalizando su nota —donde subraya con acierto el peligro del terrorismo islámico y la China totalitaria–- sostiene Faig que “Occidente precisa hoy que un De Gaulle o un Churchill expresen claramente que el cowboy… que circunstancialmente mora en Washington, está haciendo el papel de un viejo clown tartamudo, olvidadizo y políticamente irresponsable; infelizmente para Estados Unidos”. 



En 1994, en el “Memorándum de Budapest”, Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña se comprometieron a “respetar la independencia y soberanía de Ucrania y sus actuales fronteras” y abstenerse de toda amenaza o uso de la fuerza contra el país. Estas promesas ayudaron a convencer a Ucrania de renunciar a su arsenal nuclear, heredado tras la disolución de la Unión Soviética y que entonces era el tercero más grande del mundo. Bien arrepentidos que estarán hoy de aquella decisión.

El miércoles Rusia comenzó grandes maniobras en el mar Negro, informó su Ministerio de Defensa. La flota, que incluye buques de guerra y apoyo, partió de las bases de Sebastopol y Novorsísk para llegar a las áreas elegidas, de acuerdo con un comunicado militar. Incluye fragatas, patrulleros, buques antisubmarinos, navíos equipados con misiles, naves de desembarco y dragaminas. En el marco de este importante ejercicio las unidades realizarán pruebas de comunicación, maniobras en áreas de navegación intensiva y ensayos de defensa antiaérea en el mar.

Rusia tiene en estos momentos 120,000 soldados rodeando las fronteras con Ucrania, y afirmó —por si alguien quiere creerlo–- que las maniobras forman parte del “Plan de Entrenamiento de la Federación Rusa 2022”. En “enero y febrero se realizarán una serie de ejercicios navales” bajo la supervisión del comandante de la Marina, almirante Nikolái Evmenov. La meta principal es determinar la preparación de la Armada y las Fuerzas Espaciales para “proteger los intereses nacionales en el océano, así como contrarrestar amenazas militares”. 

Los ejercicios cubrirán las aguas de los mares adyacentes al territorio ruso, así como áreas operativamente importantes del océano. Se realizarán acciones en los mares Mediterráneo, Norte, Ojosk, así como los océanos Atlántico y Pacífico. Está previsto que participen 140 buques de guerra, 75 aviones y 10,000 efectivos.


No hay duda que el acercamiento a la OTAN y su intención de integrarla fue un gravísimo error de cálculo, tanto de Kiev como de la alianza atlántica. Era imposible que Moscú permitiera dicho giro en un país fronterizo, estratégicamente ubicado y con un 20 % de población étnicamente rusa. 

Hoy por hoy, si aún es posible, la mejor solución es evitar la invasión mediante una política ucraniana de neutralidad absoluta, que garantice el abandono de todo alineamiento y evite la desconfianza de su poderoso vecino del Este. Si para Putin es aceptable esta solución, solo él lo sabe. Los demás, lo sabremos pronto.

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