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La oposición mexicana volvió a la vida

La oposicion mexicana volvio a la vida. EFE/ Cámara de Diputados

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La oposición mexicana volvió a la vida el 17 de abril. La alianza opositora no solo logró detener en seco la iniciativa que había presentado el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para reformar la Constitución y destruir el mercado eléctrico, sino que pasó con un éxito indudable su prueba de fuego y encontró, por fin, el camino hacia una narrativa que le permita ser competitiva en las próximas elecciones presidenciales.

La reforma eléctrica: capricho y derrota de López Obrador

La narrativa del régimen obradorista está construida con base en la idea de que las transformaciones institucionales que acompañaron a la transición democrática fueron una traición al modelo revolucionario y que, por lo tanto, es necesaria una “Cuarta Transformación” que purgue los pecados neoliberales y traiga de regreso el “centralismo justiciero”, donde el presidente marca el rumbo e impide que los extranjeros y los empresarios sometan la soberanía de la nación.

Con este mensaje, durante casi dos décadas de campaña permanente Obrador sumó el apoyo de una variopinta alianza que incluye desde la izquierda radical, hasta los nostálgicos del viejo priísmo y a una colección de políticos profesionales resentidos con los viejos partidos.

Ya en la presidencia, Andrés Manuel ha avanzado en esa ruta erosionando las instituciones y concentrando cada vez más poder en sus manos. La reforma eléctrica era el siguiente gran paso de esa estrategia.

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En pocas palabras, la iniciativa de reforma le entregaba el control del mercado eléctrico a la Comisión Federal de Electricidad (dirigida por Manuel Bartlett, uno de los principales aliados del presidente) y sometía al capricho del ejecutivo a las empresas privadas que llegaran a sobrevivir en dicho sector. Para ello, la reforma violaba abiertamente el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, además de colocar en grave riesgo a toda la planta productiva del país.

López Obrador controla (a través de la bancada oficialista) a más de la mitad de los diputados y senadores; Sin embargo, para aprobar su reforma constitucional necesitaba 2/3 partes de los votos. Es decir, el presidente tenía que conseguir 60 votos de los diputados de oposición, algo que inicialmente no parecía imposible. Después de todo, durante sus 3 años y medio de gobierno, López Obrador había impuesto su agenda legislativa ante la resignación o el apoyo de los opositores –incluso en temas tan polémicos como la creación de la Guardia Nacional–.

Esta vez la historia fue diferente. Los diputados de oposición resistieron a pie firme las presiones del régimen y votaron en bloque para rechazar la iniciativa presidencial, apuntándose su mayor victoria política de los últimos años. Este es un triunfo que necesitaban urgentemente y llega justo a tiempo, mientras el país entra en la recta final antes de las elecciones del 2024.

La oposición mexicana ha puesto a Morena a la defensiva. Imagen: EFE/ Isaac Esquivel
La oposición mexicana ha puesto a Morena a la defensiva. Imagen: EFE/ Isaac Esquivel

¿Por qué este triunfo opositor es tan importante?

  1. Porque “Va por México” (la alianza opositora que incluye al PAN, al PRI y al PRD) superó su prueba de fuego y demostró su solidez como proyecto político. Una coalición que hace una década era impensable y todavía hace 2 años era muy poco creíble. Hoy ya es una realidad. Ahora todos sabemos que la alianza funciona y tiene la fuerza suficiente como para derrotar al presidente, incluso en temas clave para él.
  2. Porque “Va por México” logró sumar en su bloque (al menos para esta votación) a Movimiento Ciudadano, el otro partido de oposición, que se ha negado a unirse a la alianza y que incluso en el debate sobre la reforma eléctrica originalmente apostaba por un “voto particular” –que retiraron el propio domingo 17, cuando decidieron sumarse plenamente el resto de la oposición–.
  3. Porque este triunfo político le demuestra a la sociedad que López Obrador no es invencible y que su capricho no es ley. Hoy tenemos claro, por primera vez desde que inició el gobierno obradorista, que en México hay una oposición efectiva, valiente y capaz de resistir al régimen. Esa noción es un requisito indispensable para cualquier campaña competitiva en las elecciones presidenciales.
  4. Porque esta victoria legislativa planta la semilla para un proyecto que pueda integrar a toda la oposición en una campaña presidencial conjunta, que sea creíble y pueda ser competitiva.

Por supuesto, a pesar de la derrota de su reforma, López Obrador sigue siendo el presidente, sigue teniendo una popularidad superior al 60% y sigue contando con cómodas mayorías para aprobar leyes secundarias en el Congreso de la Unión y controlar una veintena de gobiernos locales. Sin embargo, aún con todo eso, no es invencible. Aún con todo su poder, Obrador puede perder.

Y saberlo ya es ganancia.

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