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La orden de emergencia de Trudeau está destruyendo la autoridad moral de Occidente

La ley que invoca Trudeau está reservada a situaciones verdaderamente peligrosas, y solo se ha utilizado durante las dos guerras mundiales y en 1970

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La injustificable decisión del primer ministro Justin Trudeau de asumir esta semana poderes extraordinarios para sofocar las protestas mayoritariamente pacíficas de los camioneros, es una oscura mancha en la imagen de las democracias liberales de todo el mundo. La orden de emergencia de Trudeau es peligrosa tanto para el futuro de la política interna de Occidente como para el supuesto compromiso global de presionar contra los gobiernos autoritarios en todo el mundo.

El Gobierno de Trudeau —envuelto en escándalos éticos y el cual alcanzó menos votos que la oposición— obtuvo una serie de poderes de emergencia, a los que se opuso el mayor grupo de derechos civiles. Estos poderes lo autorizan a tomar medidas enérgicas contra un grupo bastante pequeño de manifestantes y categorizarlos como partidarios financieros del terrorismo, y le permiten congelar las cuentas bancarias de los manifestantes sin las debidas órdenes judiciales. 

La ley que invoca Trudeau está reservada a situaciones verdaderamente peligrosas, y solo se ha utilizado durante las dos guerras mundiales (en las que murieron más de 100,000 canadienses) y en 1970, cuando un grupo terrorista québécois asesinó a un diplomático británico y secuestró al primer ministro de Quebec. Hasta el día de hoy, no ha habido ninguna muerte ni secuestro de un político destacado, y la Cámara de los Comunes sigue funcionando con normalidad, al igual que el gobierno federal canadiense. ¿Cómo puede entonces ser aceptable que un gobierno pida poderes que han sido utilizados anteriormente para derrotar a la Alemania nazi o a un grupo de terroristas verdaderamente peligrosos y asesinos? ¿Qué daño hace esto a la reputación de las democracias occidentales?

Justin Trudeau, cuyo partido obtuvo menos votos que los conservadores en las últimas elecciones, solicitó poderes extraordinarios para sofocar las protestas. (EFE)

La orden de emergencia de Trudeau es un regalo para los autoritarismos antioccidentales en el extranjero

Como se ha repetido hasta la saciedad en las redes sociales, si Donald Trump hubiera hecho lo mismo durante las protestas de BLM en 2020, la totalidad de los medios de comunicación de izquierda le hubieran acusado (con razón) de tomar un poder desproporcionado para sofocar la disidencia interna. ¿Dónde están los artículos de opinión del New York Times, Washington Post o The Atlantic advirtiendo del giro antiliberal de Ottawa?

Esto ni siquiera es una cuestión pro-Trump/anti-Trump, si cualquier líder de América Latina o África hubiera hecho lo mismo, el Departamento de Estado o el Ministerio de Asuntos Exteriores habría emitido declaraciones diciendo que estaba muy preocupado por las medidas antidemocráticas. Pues bien, ahora será muy difícil que Occidente haga lo mismo. ¿Con qué autoridad moral va a condenar Canadá a Nicolás Maduro si congela las cuentas bancarias de los valientes venezolanos que protestan pacíficamente en las calles? ¿Cómo respondería el Departamento de Estado si Bolsonaro decide tomar poderes extraordinarios y cita a Canadá como ejemplo? De hecho, el aspirante a autoritario más nuevo de la región, el presidente Nayib Bukele, ya ha usado este argumento.

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Cientos de manifestantes protestan frente a las Cámaras del Parlamento en Ottawa. (EFE)

Se ha dicho que vivimos en un mundo en el que la nueva lucha es entre las democracias y el autoritarismo, y muchos están de acuerdo con esa apreciación. Sin embargo, sancionar a los regímenes opresivos en el extranjero no es suficiente, el mundo occidental tiene que dar el ejemplo. Occidente ha participado activamente en la parte correspondiente a las sanciones, pero ha dado un mal ejemplo en los últimos dos años. Nadie que aspire a un gobierno democrático ve a Estados Unidos como un ejemplo democrático después de lo ocurrido el 6 de enero del año pasado, y los poderes de emergencia de Trudeau hacen que todas las declaraciones de Occidente en defensa de la democracia huelan a hipocresía. 

Después de todo, ¿por qué los países en desarrollo se van a preocupar por mantener el debido proceso de la ley cuando los canadienses están tan dispuestos a tirarlo por la borda después de un par de semanas de protestas ruidosas (aunque en gran medida pacíficas)? ¿Cómo puede alguien señalar la orden de emergencia de Canadá, en la que el gobierno puede “desbancarte” sin el debido proceso, como un brillante ejemplo de democracia liberal?

Las democracias desarrolladas son, a pesar de lo que griten la extrema izquierda o los grupos reaccionarios, dignas de ser defendidas frente a regímenes como el chino. Sin embargo, permanecer ajeno a los claros abusos de poder de un líder de una democracia desarrollada no es la forma de hacerlo. Al contrario, las democracias son cosas frágiles y debemos estar aún más atentos cuando un líder de una democracia desarrollada decide violar los derechos civiles de su pueblo para sofocar la disidencia interna. 



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