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Ortega robustece su modelo tiránico en Nicaragua con unas falsas elecciones

Dos días antes de las elecciones, el presidente Biden se negó a firmar la ley RENACER, un proyecto creado para presionar a Daniel Ortega, sus jerarcas y apoyar la libertad del pueblo nicaragüense

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Nicaragua es desde hace mucho tiempo una cruenta tiranía. Con ensañamiento criminal, sin nada que envidiarles a los regímenes de Cuba y Venezuela, el dictador Daniel Ortega persiguió, encarceló, torturó y mató opositores durante todo el 2021. Ahora mismo en Nicaragua hay 159 presos políticos, incluyendo siete que se perfilaban como serios candidatos opositores a las elecciones llevadas adelante el 7 de noviembre, donde el dictador de Managua y sus secuaces volvieron a declararse ganadores en unos comicios donde reinó la masiva abstención.

¿Por qué son falsas las elecciones en Nicaragua?

Hay tres grandes razones:

  1. No hay garantías de transparencia y pluralidad, así lo ha determinado la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, Europa y las principales instituciones que se encargaron de evaluar la situación político-institucional en Nicaragua, como la Organización de los Estados Americano (OEA), a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
  2. No había competencia ni electores.
  3. Represión política y civil.

Según el Consejo Supremo Electoral de Nicaragua (CSE), Ortega ganó los comicios con un margen amplísimo: 75,92 % de los votos con el 97 % de las actas escrutadas. Sin embargo, la cifra no es sorpresa, pues el CSE, así como todas las instituciones en Nicaragua —poder legislativo, judicial y militar— están en manos del régimen sandinista. A lo que hay que prestar especialmente atención es a la cifra de la autoridad electoral, que destaca una participación del 65,23 %.  

El número, que representa prácticamente 2/3 partes del electorado, no coincide con las desérticas imágenes en los centros de mesa que se vieron a lo largo y ancho de Nicaragua. El Observatorio de Urnas Abiertas, una ONG independiente, dijo que en el país centroamericano la abstención alcanzó el 81,5 %. Asimismo, Kitty Monterrey, presidente del partido político Ciudadanos por la Libertad (organización perseguida, ilegalizada e inhabilitada por el régimen de Ortega) dijo a El American que, según su experiencia y fuentes consultadas, la cifra de abstención superó el 80 %, coincidiendo con los datos de Urnas Abiertas.

 Ortega robustece su modelo tiránico en Nicaragua con unas falsas elecciones
Algunos nicaragüenses asistieron a los centros de votación. Según denunció Kitty Monterrey, muchos de los pocos electores son funcionarios públicos, que asisten obligados a votar por miedo a perder sus empleos. (EFE)

Monterrey afirmó que esta abstención sería la más alta en la historia del país, ya que en 2016 la abstención fue del 72 %, según las mediciones de la oposición. Además, dijo que la “protesta ciudadana fue quedarse en las casas”, pues “cualquier acto de protesta en Nicaragua termina fuertemente reprimido”.

La presidente de Ciudadanos por la Libertad, una figura preponderante de la oposición a Ortega, ahora mismo se encuentra exiliada en Costa Rica, luego de que el régimen iniciara una cruzada contra los políticos opositores donde ella estaba en el punto de mira. El régimen, incluso, llegó a quitarle la nacionalidad nicaragüense a Monterrey de forma ilegal. Ahora ella es ciudadana de los Estados Unidos, ya que contaba con doble nacionalidad.

Ortega no solo inició una persecución contra los políticos opositores, sino que también realizó una dura campaña represiva contra la prensa nacional e internacional y los empresarios nicaragüenses. A Michael Healy, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, lo detuvieron por supuestos delitos de lavado de dinero, bienes y activos, además de violar la Ley 1055, o Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo, que impone sanciones a quienes “inciten a la injerencia extranjera o gestionen bloqueos económicos contra Nicaragua”, según informó el medio La Voz de América.

Este delicado contexto, según Monterrey, expone que hoy Nicaragua “está peor que Cuba o Venezuela. En Cuba tienen programada su marcha para el 15 de noviembre, obviamente no sabemos qué va a pasar, pero por lo menos pueden tratar de salir, en Nicaragua ni eso se puede. Es reprimido de manera inmediata”.

 Ortega robustece su modelo tiránico en Nicaragua con unas falsas elecciones
Ciudadanos nicaragüenses en el exilio salieron a las calles a protestar contra Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, quien es considerada por el régimen como “copresidente”, una figura que no existe en el marco legal de Nicaragua. (EFE).

¿Es suficiente el rechazo a Ortega?

A la gran abstención se le debe sumar el inequívoco rechazo a la legitimidad de Ortega por parte de la comunidad internacional. Estados Unidos, la Unión Europea, la enorme mayoría de países sudamericanos y centroamericanos condenaron las falsas elecciones. El presidente Joe Biden utilizó uno de los términos más duros para rechazar los comicios, calificándolos de “pantomima electoral”, en un comunicado publicado el 7 de noviembre.

Sin embargo, la administración demócrata está teniendo una postura un tanto incoherente para hacerle frente al régimen sandinista de Ortega. El 5 de noviembre, dos días antes de las elecciones, el presidente Biden se negó a firmar la ley RENACER, un proyecto creado para presionar a Daniel Ortega, sus jerarcas y apoyar la libertad del pueblo nicaragüense.

Esta ley, impulsada por congresistas republicanos de raíces hispanas, como María Elvira Salazar (FL), fue aprobada tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, pero el presidente no quiso firmarla, pues según él, no quería entorpecer el proceso electoral que ya se avizoraba fraudulento.

La decisión de Biden fue criticada por la representante María Elvira Salazar, una de las líderes del proyecto de ley, quien dijo a El American que estaba “absolutamente sin palabras. Después de meses de arduo trabajo mío y de mis colegas en el Congreso y, sobre todo, del pueblo de Nicaragua que ha sufrido esta pesadilla, la Administración Biden se niega a firmar a RENACER a tiempo para las elecciones”.

Asimismo, Salazar dijo que “la política de América Latina de la Administración ha sido un fracaso desde el principio. Una y otra vez no actúan. Están cambiando el papel de Estados Unidos de guardián de la democracia a espectador de su caída”.

Un nicaragüense protesta en Costa Rica contra el sandinismo, el sustento ideológico de la tiranía de Ortega. (EFE)

La ley RENACER es otro mecanismo de presión contra Ortega y su tiranía, que goza con el apoyo de enemigos claros de Estados Unidos, como los regímenes de Cuba y Venezuela. En 2019, la administración Trump calificó a estos tres países como “la troika de los tiranos”, haciendo alusión al “Eje del mal” que la administración Bush usó para señalar a las amenazas que en su momento representaron Irán, Irak y Corea del Norte.

La lógica de la troika de los tiranos es clara. Son tres las dictaduras de corte socialista en la región: Cuba, Venezuela y Nicaragua; todas son criminales y cruentas y no solo representan un riesgo para sus ciudadanos, sino también para la región, el patio trasero que los Estados Unidos viene ignorando descabelladamente mientras la influencia de Rusia y China crece.

Si bien Managua no tiene la fama de Caracas y La Habana de querer inmiscuirse en los asuntos internos de otros países de la región —las tiranías chavistas y castristas desde siempre han intentado desestabilizar democracias, promover su ideología política y también financiar partidos y políticos de extrema izquierda— el régimen de Ortega está buscando estrechar aún más sus relaciones con Moscú y, de hecho, lo está consiguiendo.  

Las elecciones en Nicaragua fueron reconocidas por Rusia, un aliado incondicional de Ortega que ofreció su apoyo armamentístico ante la solicitud de Managua de obtener armas modernas. Las armas rusas, que también fueron ofrecidas a Venezuela y Cuba, serían entregadas a Nicaragua como una forma de apoyar militarmente al país centroamericano que se encuentra inmerso en una tensa relación con Estados Unidos, según afirmó el ministro de Defensa ruso, el general del ejército Serguéi Shoigu, durante la Conferencia de Seguridad de Moscú celebrada en junio pasado.

La sólida presencia rusa en Nicaragua es abordada en la ley RENACER que Biden se negó a firmar de momento. El proyecto de ley contempla un aumento de la inteligencia americana para analizar y estudiar la presencia de Rusia en el país centroamericano.

Este crecimiento de influencia ruso coincide con el incremento de la presencia china en América Latina, pues el gigante asiático se ha convertido en el principal socio comercial de los países latinoamericanos.

Estados Unidos pierde influencia en su patio trasero

Mientras se siguen consolidando tiranías socialistas en la región y China y Rusia trabajan exitosamente para mejorar sus relaciones y ganar influencia geopolítica, Estados Unidos descuida a Latinoamérica.

Los comunicados y los mecanismos de presión están siendo insuficientes para combatir a los dictadores del patrio trasero; y eso es un problema de seguridad para el hemisferio entero, incluyendo Estados Unidos, por diversas razones: los desplazados nicaragüenses, cubanos y venezolanos deparan en tierras americanas; Caracas, como cabecilla financiera de “la troika de los tiranos”, financia a criminales del mundo y a los enemigos de los Estados Unidos, también facilita el envío de cocaína al país, igual que Nicaragua, que está dentro de la lista de países con mayor transito de droga.

A todas estas, Ortega sonríe, porque sabe que, pese a la condena internacional, su futuro inmediato bien podría ser similar al de su aliado Nicolás Maduro, quien ha logrado sortear sin mayores dificultades las presiones internacionales atrincherándose en el poder. Los que sufren con esto, claramente, son los nicaragüenses.

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