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Papa francisco, El American

El papa Francisco: un verdadero seguidor del castrocomunismo

El levantamiento cubano del 11 de julio obligaba a una respuesta moral cristiana del jefe de la Iglesia católica. El silencio de la Santa Sede de Bergoglio ha sido escalofriante

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El 24 de octubre en la Plaza de San Pedro la policía política del Vaticano retiró una bandera cubana a un feligrés arrodillado que rezaba tranquilamente por la libertad de Cuba durante la misa dominical. Este incidente deplorable no debería haber sorprendido a nadie, pues el papado bajo el cardenal Jorge Mario Bergoglio ha sido testigo de un cambio sísmico en la relación de la Santa Sede con religiones políticas paganas como el socialismo desde 2013. El castrocomunismo, sin embargo, parece tener un lugar especial en el corazón y el alma del papa Francisco.

El primer obispo jesuita de Roma ha hecho causa común en un sinfín de temas sostenidos por la ultraizquierda y los actores globalistas sobre el medio ambiente, la política de inmigración, el capitalismo de libre mercado, las premisas de la Teoría Crítica (raza, género, feminista, poscolonial, etc.), las políticas de Covid-19 y los regímenes comunistas e islámicos en el mundo. El papa Francisco nunca ha sido tímido a la hora de expresar sus opiniones sobre asuntos temporales en el ámbito público. Sin embargo, durante su visita de 2015 a la Cuba comunista, no se expresó ni una sola vez sobre la gravedad de los crímenes contra la humanidad que sus anfitriones marxistas-leninistas han cometido sistemáticamente. 

Los temas principales abordados por el primer papa nacido en las Américas durante su viaje papal a Cuba fueron la búsqueda de “reconciliación” en la que el régimen de Castro, la administración Obama y él estaban trabajando en secreto. Esta infame farsa de reproche, el Pacto Castro-Obama, no condicionaba absolutamente nada en términos de mejora de los derechos humanos para el pueblo cubano. Fue un regalo salvavidas que el Vaticano de Bergoglio extendió a la dictadura comunista.

Durante la reunión privada con el tirano cubano Fidel Castro, el papa Francisco le dio una copia de su encíclica Laudato Si, un tratado de defensa ecosocialista sobre el cambio climático, el calentamiento global y las emisiones de carbono, que además distorsiona y tergiversa las opiniones de San Francisco de Asís. Ni una pizca, ni siquiera un panfleto sobre las libertades civiles y políticas. 

El activista cubano por los derechos humanos y expreso político Ángel Moya declaró en su momento a The Guardian comparando el viaje del pontífice argentino con la visita papal de Juan Pablo II en 1998: “Juan Pablo habló claro, pero el actual papa [el papa Francisco] es demasiado blando con respecto a los derechos humanos. Los cubanos tienen una vida dura, pero él no ha sido lo suficientemente categórico al hablar de las libertades civiles”. Tanto Moya como su esposa, Berta Soler, líder del movimiento de las Damas de Blanco, fueron detenidos al igual que la mayoría de la oposición cubana durante la estancia del Papa Francisco en Cuba. Esta racha represiva no molestó a Bergoglio ni a su séquito. 

El lamentable y mal llamado “Acuerdo de Paz” colombiano (2016), que fue mucho más un “Acuerdo de Impunidad”, fue apoyado y mediado tanto por el régimen castrista como por el del papa Francisco. Este acuerdo, a pesar de ser rechazado por el pueblo colombiano en un referéndum, el Gobierno de Juan Manuel Santos lo forzó por el Congreso, pasando por alto el escrutinio popular.

La resolución hecha en Cuba extendió una impunidad insidiosa al movimiento terrorista marxista de las FARC y les permitió encajar en la formulación postsoviética del modelo dictatorial del Foro de Sao Paulo, un mecanismo socialista reinventado para lograr el control político por medios democráticos, pero una vez en el poder, comienza la demolición sistémica. Venezuela, Nicaragua y Bolivia son ejemplos de este prototipo dirigido desde La Habana. 

Los lazos de simpatía del papa Francisco con las ideologías de izquierda no han sido un caso aislado entre los sectores del clero latinoamericano de las décadas de 1960 y 1970. La Teología de la Liberación, la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín (Colombia) de 1968, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (Argentina) fueron algunas de las expresiones revolucionarias en acción de un intento de fusión artificial y antinatural entre marxismo y cristianismo que buscaba rehacer América Latina a imagen del socialismo. El actual ocupante de la Santa Sede no fue inmune a esa toxicidad.


El levantamiento cubano del 11 de julio obligaba a una respuesta moral cristiana del jefe de la Iglesia católica. El silencio de la Santa Sede de Bergoglio ha sido escalofriante. Cientos de miles de cubanos salieron a las calles exigiendo ser libres, queriendo esa misma libertad que Dios nos dio a todos como un derecho natural. La esperada carnicería y las draconianas sentencias de prisión, llevadas a cabo por la dictadura comunista cubana contra el vulnerable pero patriótico pueblo cubano que tenía a Cristo en su corazón y en sus oraciones mientras actuaba, tristemente no han encontrado ningún espacio en el mundo del papa Francisco.    

El padre Félix Varela, polifacético sacerdote cubano, filósofo e independentista, se refirió a la impiedad entre sectores de los llamados “religiosos” en su clásico Cartas a Elpidio (1838). Muchos pontífices, a través de encíclicas, cartas y discursos, han advertido sobre los peligros de una penetración comunista en la Iglesia.

Entre las que destacan están Noscitis et Nobiscum (papa Pío IX1849), Pascendi Dominici Gregis (papa Pío X 1907) y Divinis Redemptoris (papa Pío XI 1937). En la Pascendi Dominici Gregis, la encíclica dice al referirse a los enemigos de la Iglesia, “ponen en marcha sus designios para su ruina no desde fuera sino desde dentro, de ahí que el peligro esté presente casi en las mismas venas y en el corazón de la Iglesia”. La Divinis Redemptoris de 1937 declara que “el comunismo es intrínsecamente malo”. 

Estas son algunas expresiones y preocupaciones de la Iglesia real. El papa Francisco es un outsider moral periférico, como lo demuestra su posición frente al comunismo cubano. 

 

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