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Migración ilegal, 10 ideas más allá de las patrañas

El debate de la migración se ha llenado de patrañas electorales. América debe construir un diálogo sensato, y enfocarse en la lealtad más que en el pasaporte

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La llegada de Joe Biden a la presidencia de los Estados Unidos ha despertado la expectativa de una reforma migratoria, un tema de particular relevancia para la comunidad hispana. Sin embargo, ya hace 12 años, tras la elección de Barack Obama, habían surgido esperanzas similares que quedaron en el vacío porque el presidente optó por utilizar su capital político en el Affordable Care Act (Obamacare), mientras los migrantes se quedaron con un palmo de narices.

La migración es un tema incómodo, lleno de patrañas

La migración y especialmente la migración ilegal, es uno de los temas más espinosos en la conversación americana. Sí, sale muy, muy seguido en la tele, pero como una mera herramienta para hacer politiquería. El resultado es que el problema se ha arrastrado y complicado durante décadas sin que demócratas ni republicanos sean capaces de lograr una solución efectiva.

No basta con asumir la posición de “migrantes buenos buenísimos” a los que hay que darles todo aunque hayan llegado sin cumplir los requisitos jurídicos, o la igualmente absurda posición nativista de “migrantes malos malísimos” que arrebatan los recursos del presupuesto y no aportan nada al país. El fenómeno de la migración es mucho más complejo y como primer paso para entenderla van las siguientes reflexiones, más allá de las patrañas:

  • 1. Los migrantes llegan y se quedan porque América lo necesita. Sí, así de sencillo. Si la migración ilegal ha alcanzado una cifra de 30 millones de personas en los Estados Unidos es porque esos 30 millones han encontrado en América la bienvenida y las oportunidades que no pudieron conseguir en sus países de origen. Pareciera una verdad de Perogrullo, pero es una verdad de Perogrullo que es necesario refrendar: los migrantes están en América porque América lo ha querido así, les ha dado empleo, les ha dado familia, les ha dado un hogar y un proyecto de vida.
  • 2. Y, sin embargo, el Gobierno de Estados Unidos no les ha dado papeles. Desde hace décadas la política migratoria de los Estados Unidos está apantanada en el absurdo. Se limitan drásticamente las opciones de migración legal en un intento de mantener tranquilos a sindicatos y nativistas, mientras en la práctica ingresan millones de trabajadores ilegales.

El resultado es una esquizofrenia institucionalizada donde al mismo tiempo el país convoca a los migrantes (a través de las oportunidades económicas), mientras el sistema jurídico les limita sus oportunidades de migración y de hecho los incentiva a llegar de forma ilegal. No les dan papeles, pero sí les dan trabajo.

  • 3. No siempre fue así. Un ejemplo muy claro es el de los trabajadores temporales. Durante la Segunda Guerra Mundial, y los años inmediatamente posteriores, los programas de trabajadores temporales permitían que millones de personas llegarán a trabajar a los Estados Unidos y luego regresaran a sus países (principalmente a México). Eventualmente, esos programas fueron reducidos por presiones de la izquierda, que consideraba a estos trabajadores invitados como una “competencia desleal”. El resultado de esas patrañas fue mayores controles fronterizos y más migración ilegal.

¿Por qué? Porque ni los trabajadores extranjeros, ni los empresarios americanos iban a renunciar a una colaboración que los beneficiaba a ambos, así que optaron por simplemente quedarse en forma permanente en los Estados Unidos. Se cortó el ciclo de interacción fronteriza, pero en lugar de dejar a la gente fuera, la dejó adentro, y el problema de la migración, que ya era complicado, se volvió aún peor.

La migración despierta pasiones, es hora de que también reciba soluciones. Imagen: Flickr
La migración despierta pasiones, es hora de que también reciba soluciones. Imagen: Flickr
  • 4. El tema se ha vuelto amargo y absurdamente partidista. El paradigma actual es que los demócratas son el partido que defiende la migración y los republicanos son el partido que se opone a ella, pero todavía hace un par de décadas el territorio no estaba dibujado así.

En 1980, tanto George H. W. Bush como Ronald Reagan tenían una posición mucho más matizada (y más sensata) respecto a la regulación de los flujos migratorios y la situación de los migrantes ilegales. Reagan logró una amnistía y todavía en este siglo George W. Bush planteó una reforma migratoria. Así parecía que se habían construido los consensos necesarios, hasta que llegaron los atentados del 11 de septiembre y las prioridades cambiaron radicalmente (Bush aun así planteó su propuesta en 2006, pero no logró consolidarse en el Congreso).

Desde entonces los republicanos han asumido una postura cada vez más antinmigrante en un intento de aprovechar la justificada preocupación de muchas personas respecto a los cambios en la identidad de los Estados Unidos. Sin embargo, al optar por el aplauso fácil el GOP ha comprado el voto de un puñado de nativistas a cambio del innecesario repudio de millones de personas que podrían ser sus aliados. El discurso antinmigrante les da el triunfo en las primarias de hoy, mientras los condena a la inevitable derrota en las elecciones abiertas del mañana.

  • 5. El GOP no ha entendido que los migrantes, y en particular la comunidad hispana, podría ser uno de sus mayores aliados. Los hispanos, por su ideología, valores religiosos y aprecio por instituciones como la familia, deberían estar abrumadoramente del lado republicano, pero se han inclinado hacia los demócratas porque estos han sido más hábiles, invitando a los “Tigres del Norte”, comiendo tacos, recitando “despacito” y dándole juego político a los líderes de las comunidades hispanas.

Del lado republicano esas cortesías aparentemente insignificantes fueron olvidadas durante años y se unieron a un discurso antinmigrante cuyo único resultado concreto fue el de alienar a los aliens y a sus familias, que, por cierto, no se van a ir a ningún lado.

  • 6. Ni los demócratas, ni los republicanos quieren deportar a los migrantes, así de claro. Más allá de las patrañas ninguno de los dos partidos está dispuesto a cargar el costo político que implicarían las deportaciones masivas. Si en serio quisieran actuar, el Gobierno tiene la información y las herramientas para hacerlo a través de los datos del IRS o la aplicación obligatoria de sistemas como “e-verify”, pero ni el más nativista de los republicanos está realmente dispuesto a expulsar a los migrantes ilegales.

Eso nos lleva al colmo del absurdo porque básicamente lo que está haciendo la clase política republicana es agraviar, humillar y hacer enojar a un grupo de personas que de todos modos seguirán en el país.

  • 7. Más allá de las patrañas, con la migración ilegal hay 2 sopas. Si en serio no quieren a los migrantes, entonces, el camino es una deportación masiva e inmediata; y si no están dispuestos a hacer eso, el otro camino es regularizarlos, porque es ridículo tener al 10 % de la población de los Estados Unidos viviendo con “el Jesús en la boca” ante la amenaza de una deportación que no tiene sentido.
  • 8. La derecha y particularmente los republicanos deben recordar algo que solían comprender en tiempos de Reagan y George W. Bush: Que los migrantes importan y aportan, que los hispanos pueden ser sus aliados y que ellos, al igual que muchos otros migrantes serían apoyos naturales por el Partido Republicano.
  • 9. La lealtad no depende de dónde hayas nacido. Colando los pretextos, la posición antinmigrante parte de una absurda posición nativista: la idea de que si alguien no nació en Estados Unidos, no le será leal país; mientras que quien tiene papeles, pasaporte, idioma y bisabuelo con boleto del Mayflower será siempre un modelo de patriotismo.

Quienes sigan creyendo esa patraña, tengan la gentileza de observar a los arrestados por las marchas de “Antifa” o los disturbios de “Black Lives Matter” (BLM) y analice quiénes están impulsando la retórica antiamericana; casi todos son blancos, anglosajones y protestantes; personas con todos sus papeles en regla, con 10 generaciones en el país, pero también con un odio visceral y terrible contra América.

  • 10. El enemigo no son los migrantes (ni siquiera ilegales), los enemigos son quienes odian a América, tengan papeles o no. Los verdaderos peligros para la identidad y la sobrevivencia de los Estados Unidos de América no están en un carrito tamalero del centro de Los Ángeles, sino en un muy bostoniano salón de las universidades Ivy League.

Por lo pronto, Biden coquetea con un plan que ofrezca el camino a la ciudadanía a millones de migrantes ilegales, y quizá como señal de ese compromiso adorna la Oficina Oval con un busto del activista César Chávez. Ese mismo detalle ilustra lo complicado del camino hacia una reforma en materia de migración, pues el propio Chávez, junto con el movimiento sindicalista, fue uno de los impulsores iniciales de las restricciones laborales y migratorias que metieron a los Estados Unidos en el problema actual.

Del lado republicano será necesario un replanteamiento del discurso para ir más allá de las patrañas, hacia una alternativa real, conscientes de que la solución real no es la deportar a los migrantes, sino la de lograr que estos asuman el amor al país con el mismo fervor con que lo hicieron los migrantes europeos hace 100 años.

El camino no está en la deportación, la xenofobia y el nativismo, el camino está en el amor a los Estados Unidos, ese que no se consigue con un pasaporte, sino que se forja con trabajo, se demuestra con la vida y se asume con el alma.

Lo demás, son patrañas.

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