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El peligro del “metaverso” de Facebook

Las grandes corporaciones tecnológicas están más centradas en la prebenda política interesada que en responder a las necesidades de la sociedad por medio de la dinámica espontáneamente ordenada del mercado

Los avances tecnológicos están a la orden del día, tanto para bien como para mal. No importa si se trata del social media, la Inteligencia Artificial (IA), la minería de datos, el desarrollo de aplicaciones o las telecomunicaciones en sentido amplio.

También es cierto que los magnates de las grandes corporaciones tecnológicas mantienen que “han de cambiar el mundo” (ya sabemos que cuando corresponde se orientan mucho con base a las premisas socialistas y “progres”).

De esto tratará este artículo, sobre una de las recientes ideas que ha tenido el creador y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Hablamos del “metaverso”, una especie de síntesis entre elementos virtuales y componentes del mundo real con un toque de “trascendencia”.

No se trata solo de una experiencia tecnológica intuitiva

De primeras, uno puede imaginarse que el “metaverso” de Facebook es una transformación de las comunidades virtuales, tal y como las conocemos, en entornos de realidad virtual donde, por ejemplo se vean en 3D, nuestros rostros, escenas deportivas y ciertos lugares de ensueño. En sí, es una buena idea, que da lugar a un uso tecnológico más intuitivo (¿acaso no suscitan más interés las películas cinematográficas que han requerido el uso de gafas especiales por mostrar los gráficos de manera tridimensional?). Pero el problema, lamentablemente, es que el trasfondo de la enésima invención tecnológica de Facebook no es tan simple como se puede imaginar uno de manera comprensible y totalmente inocente.

Una nueva cosmovisión artificial

Creo, más bien, que hay que prestar  más atención y tener cautela respecto al llamado “metaverso” porque podría ser un experimento social, cultural e ideológico que aproveche el elevado volumen de usuarios de Facebook y otras redes de su propiedad como WhatsApp e Instagram.

Recientemente, Zuckerberg inició contactos estratégicos con varias comunidades religiosas americanas, no necesariamente cristianas, para poder albergar funcionalidades que igual que pueden editar fotos pues “virtualicen las experiencias de adoración y profesión de fe”. 

Por otro lado, tengamos en cuenta que si ya de por sí esta red social vulnera nuestra privacidad e incluso censura nuestros mensajes de modo que no cuestionen la “verdad oficial”, piensa ir más lejos, monitorizando nuestros movimientos corporales, lo que pensamos y el giro ocular.

La dinámica política e ideológica del Big Tech

Quizá algunas apreciaciones puedan denotar actitud “conspiranoica”, pero no es mi intención especular en exceso. Franca y honestamente, los motivos por los que advierto responden al fenómeno ideológico que suscribe Zuckerberg.

Como sabemos, las grandes corporaciones tecnológicas están más centradas en la prebenda política interesada que en responder a las necesidades de la sociedad por medio de la dinámica espontáneamente ordenada del mercado.

Alterando la algoritmia que está detrás del content retrieval (muestra de contenidos) y censurando perfiles y mensajes contrarios a la “verdad oficial”, estos servicios se han convertido en aparatos de propaganda de la Revolución, avalando a las opciones políticas que la aceleran.

Por poner algunos ejemplos más concretos de mensajes, recordemos cómo se persigue todo aquello que cuestione el socialismo, la ideología de género, el ecologismo, el multiculturalismo y la confianza en aquellas opciones que supongan una mayor amenaza para el mundo libre.

No será el problema la red de redes en sí

Desde estas columnas no deseo que se fomente la desconfianza en la tecnología en general o de lo que conocemos como Internet o la red de redes, de lo que cada vez somos más dependientes. Sino que podamos entender que la esencia de Internet se basa en la dispersión y la descentralización. Así, existen conceptos tecnológicos como el blockchain, que son la antítesis del centralismo político y de cualquier otra jerarquía rígida.

Con lo cual, para finalizar, el problema es quién está concibiendo el metaverso en este sentido, no la digitalización de la vida social. Recordemos que existen soluciones tecnológicas que no benefician al establishment, que son más respetuosas con la propiedad, la privacidad y la libertad, como por ejemplo, el ya mencionado Blockchain, ciertas soluciones de código abierto, los VPNs y servicios de social media y comunicación que no dependen de las grandes corporaciones.

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