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Pemex, El American

PEMEX: la apuesta irresponsable de AMLO

La epopeya cardenista está hoy tan bien instalada en la ideología mexicana que casi 84 años después, no existen voces en la arena pública que se atrevan a cuestionar la propiedad estatal del petróleo

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Toda apuesta lleva un riesgo. Incluso los Toros de Chicago de 1996 perdieron un juego contra los mediocres Nuggets de Denver. Siempre existen factores que no podemos prever, aún en una apuesta segura es posible que tu caballo se tropiece en el hipódromo o que un improvisado noquee al campeón de peso pesado. 

Un apostador debe saber que cuanto mayor es el riesgo mayor es también la recompensa, pero también entiende que es un juego de probabilidad en el que, si apuestas a un resultado muy improbable, será muy difícil obtener algún retorno y solo alguien muy irresponsable jugaría con su patrimonio en una apuesta de este tipo. 

La apuesta cardenista 

El 18 de marzo de 1938 el petróleo en México fue nacionalizado. No se trató de un acto heroico y patriótico sino de una respuesta a disputas e incumplimientos contractuales entre las compañías petroleras internacionales que operaban en México y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. 

A diferencia de eso, la leyenda que nos cuentan sobre la expropiación inicia con un osado Lázaro Cárdenas quien se enfrentó a las petroleras para “devolverles a los mexicanos su patrimonio”; nuestros abuelos y bisabuelos ayudaron a pagar la expropiación con sus ahorros. Fue una demostración de patriotismo equiparable a la Guerra de Independencia, una apuesta por el futuro de la nación mexicana. 

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La epopeya cardenista está hoy tan bien instalada en la ideología mexicana que casi 84 años después, no existen voces en la arena pública que se atrevan a cuestionar la propiedad estatal del petróleo.  

Administrar la abundancia 

La emergencia de la economía estructuralista ayudó a afianzar las ideas del nacionalismo petrolero que llegaría a su punto más alto a principios de los 70 con una de las desafortunadas coincidencias de la historia mexicana, el casi simultáneo descubrimiento del yacimiento petrolero de Cantarell y la Crisis de Petróleo de 1973.  

Al mundo le faltaba petróleo y a México le sobraba mucho. O en palabras del presidente José López Portillo en un discurso ante el Consejo de Administración de PEMEX, en 1977: “(México)… ha estado acostumbrado a administrar carencia y crisis… ahora tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia…”. 



El momento de cobrar la apuesta cardenista había llegado. Pero no hubo abundancia para nadie, la renta del petróleo se convirtió en gasto corriente y en una excusa para que el gobierno mexicano nunca se apretara el cinturón y pudiera romper marcas de gasto cada año. 

La extracción de petróleo crudo, el mayor negocio de PEMEX, lleva ya 15 años en una caída sostenida, las exportaciones casi 10 años en esa misma dirección y la empresa tiene más de una década operando en pérdida. Sería muy irresponsable que alguien apostara nuestros impuestos al futuro de esta empresa. 

Cuando López Portillo le apostó todo a PEMEX, los momios le favorecían por todos lados y el riesgo visible era mínimo, pero fue más irresponsable que listo, abusó de la deuda y la política monetaria suponiendo que los precios del crudo se sostendrían y lo perdió todo, aunque por fortuna para él ya era tiempo de entregarle el país, con todos los problemas, a otro. 

La segunda vez como tragedia 

Hoy Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha decidido volver a apostarle todo a PEMEX, revivir la idea setentista de la autonomía y el mito cardenista del nacionalismo petrolero. Igual que López Portillo, AMLO habla de un pasado en el que fuimos saqueados y que él no permitirá que vuelva a suceder, aunque, más atinado, se compara con un tigre y no con un perro


Echando mano al manual estructuralista ha decidido optar por una vieja estrategia que nunca ha funcionado: la sustitución de importaciones. Aunque el negocio de PEMEX siempre ha sido la exportación de crudo, AMLO ha optado por invertir 1,600 millones de dólares en rehabilitar las refinerías existentes, 600 millones en construir una nueva y 1,600 millones más en comprar una refinería en Estados Unidos. 3,800 millones de dólares en nueva inversión en refinerías para una empresa que perdió alrededor de 11,000 millones de dólares en su “negocio” de refinación en 2020.  

El 28 de diciembre de 2021 junto con Octavio Romero, director de PEMEX, AMLO pareció hacer una broma del día de los inocentes, el Plan de Transformación Energética. No era un chiste sino una nueva apuesta mediante la cual se dejaría gradualmente de exportar crudo hasta 2023 para que el 100 % se refine en territorio nacional.  

La apuesta de AMLO es que la demanda por combustibles y la extracción de petróleo en México se mantendrán por 20 años. Todo indica que es una apuesta irresponsable, pero cosas más extrañas han pasado. Entretanto, el contribuyente seguirá endeudado y teniendo que internalizar los costos de PEMEX, mientras que el tema de la privatización seguirá siendo tabú.

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