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Peronismo-kirchnerista al vilo en las legislativas

Al parecer la suerte está echada, es decir, el peronismo tendrá una pírrica victoria a nivel nacional, pero los bastiones electorales más importantes los habrá perdido

Argentina, un país que padece una prolongada y profunda crisis económica, que tuvo su origen ya en los tiempos de Fernando de La Rua, que terminó golpe de Estado y el no menos nefasto “corralito financiero”. Luego el espejismo de los Kirchner que le costó al país una mega red de criminal, donde destacan casos emblemáticos como los cuadernos, Odebrecht, o el “maletinazo” de Antonini Wilson.

Seguido por Macri y su “gradualismo”, que si bien es cierto significó una reducción sustancial de la corrupción exorbitante durante la gestión de los Kirchner, infelizmente no resolvió algo ni en lo político, ni lo judicial y menos en lo económico. Por ello, la crisis argentina se agudizó tras el retorno del justicialismo o peronismo kirchnerista, con la victoria electoral de Alberto Fernández en octubre de 2019 sobre el centro-derechista Mauricio Macri de la alianza Cambiemos.

El actual mandatario que está en dupla con la rencorosa Cristina Fernández, básicamente su gestión ha estado marcada por la paralización de las causas judiciales que tenía abierta la exmandataria, guerra judicial para destituir jueces y fiscales; un pésimo manejo de la pandemia del virus chino, llegando a su cenit con el escándalo del centro de vacunación VIP, obligando la salida del titular de la cartera de salud Ginés González García.

En lo económico, se observa la peor cara del Gobierno expresada en una verdadera tormenta perfecta, alza desmedida del gasto público para financiar supuestos programas sociales, elevada emisión de dinero inorgánico con alta carga impositiva que a su vez paraliza o merma el sector productivo. El resultado no puede ser otro, el peso argentino experimenta una de las mayores devaluaciones a escala mundial, solo superada por el bolívar de Venezuela. Sin contar la mayor aceleración de la agenda izquierdista global, marcada por la legalización del aborto, imposición de la mamarrachada lingüística o el bodrio del “lenguaje inclusivo” y el confuso juego de los tipos de “géneros”, llegando al extremo del “DNI No Binario”.

En medio de todo lo antes expuesto, las grandes tendencias o bloques políticos procuran afinar o depurar sus candidaturas para las elecciones legislativas de finales de año, que serán la primera evaluación en las urnas de la gestión de los Fernández, pero debido a la explosión de candidatos –por demás habitual en elecciones parlamentarias– pero Argentina para tratar de dar un mínimo de operatividad y facilidad al elector en la votación definitiva, dividieron el proceso en dos fases: unas primarias bajo la denominación oficial de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), las definitivas que tendrán lugar el 14 de noviembre y se elegirán 127 curules en la Cámara Baja y 24 en la Cámara Alta.

Pero más allá de los números, ¿cuál es la esencia medular de estas elecciones? Pues, muy simple, la capacidad del peronismo-kirchnerista de consolidarse logrando establecer un quorum propio, es decir, hoy el oficialismo que se presenta con la fórmula “Frente de Todos” cuenta con 68 Diputados, si de los 51 escaños sometidos a elección los renueva y gana 10 más, tendrán mayoría calificada.

En cuanto a la Cámara Alta, el panorama no es muy diferente al anterior, pues, está compuesta por 72 Senadores, dicha Cámara se renueva por tercios cada dos años, de tal manera que para ese 2021, le corresponde renovar 24 curules, los elegidos –-al igual que sus pares– tendrán un mandato de seis años. La mayoría la tiene nuevamente el oficialismo con 41 curules más 2 de factores de izquierdas para un total de 43, es decir, posee quorum propio.

Este año le corresponde renovar el 40 % del Senado, lo que supone para el oficialismo 15 curules. En tanto, la coalición macrista de Cambiemos o Juntos por el Cambio, apenas posee 29 curules, de los cuales se renovarán 9, es decir, el 31 % de su composición.

Lo medular de estas primarias argentinas, consiste en que como es lógico, el peronismo-kirchnerista no quiere perder su dominio del Congreso, mientras que la oposición, desesperadamente necesita hacerse con el control del Congreso para poder ejercer un contrapeso y mayor control contra la embestida neocomunista de la gestión de los Fernández, he ahí lo crucial de éstas.

No se necesita una bola de cristal para ver lo que se avecina, pues, ya hay un enorme desgaste del gobierno de Alberto Fernández a quien la misma población lo llama “Alverso Fernández” por ser un experto hablantín, que discursea palabras vacías que la postre no resuelven problema alguno, además tiene su peor enemigo, él mismo y su pésimo desempeño económico, situación que afecta negativa y enormemente al bloque socialista del Frente para Todos.

Del otro extremo del péndulo, Cambiemos no cuenta con un líder aglutinador, fuerte y activo, papel que debería corresponder al expresidente Macri. Contrariamente, los candidatos de este grupo luchan individualmente contra el peronismo. Pero también, está la fuerza de los liberales-libertarios alentados por la figura de Javier Milei, que se oponen a las políticas socialistas del peronismo-kirchnerista y se cansaron del “gradualismo” o la política edulcorada de Cambiemos, por lo que apuestan a una sólida defensa frente al avasallante autoritarismo del peronismo-kirchnerista.

Para cerrar, al parecer la suerte está echada, es decir, el peronismo tendrá una pírrica victoria a nivel nacional, pero los bastiones electorales más importantes los habrá perdido, como son la Provincia de Buenos Aires y por paliza ya se vaticina su derrota en el distrito capitalino Buenos Aires Ciudad. En todo caso, en Argentina todo es posible, esperemos los resultados.

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