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¿Quién nos protege de los ‘perros’ que están en el poder?

López Obrador, El American

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En un día lleno de noticias interesantes como fue el lunes 25 de abril, mi colega economista Carlos Navarro me envió un mensaje interesante: “Sin relación con lo que se está discutiendo, mira este video que me pareció muy gracioso”.

El espíritu del Estado de derecho

El video en cuestión era este corto del comediante británico John Oliver sobre la película Air Bud en la que un perro juega basquetbol. No soy admirador de Oliver, ni mucho menos, pero el video no tiene pérdida por razones que su propio autor no se imagina. En la película se argumenta que “no existe ninguna regla que prohíba que un perro juegue al básquet”, pero aparentemente un niño sí puede robar un perro, aunque las leyes lo prohíban. El mensaje del segmento es que las reglas no deben aplicar a veces sí y a veces no, lo cual es la esencia misma del Estado de derecho: leyes iguales para todos sin ninguna excepción y una aplicación idéntica de las mismas sin importar a quién.

Así fue que me llegaron a la mente ejemplos recientes en los que personas en el poder han abanderado la idea de que las reglas no deben aplicar de forma igual para todos.

No hay ninguna ley que impida que un perro nos cuide del Covid

Un primer ejemplo ocurrió recientemente cuando la jueza de distrito Kathryn Kimball Mizelle consideró como ilegales las disposiciones del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) sobre el uso obligatorio de cubrebocas en los medios de transporte de Estados Unidos.

No discutiremos aquí la efectividad del cubrebocas ni mucho menos, ese juicio hágalo usted, pero lo que la jueza encontró no fue que ese artefacto sea inútil para prevenir las enfermedades, sino que, con base en la Constitución, la CDC no tiene autoridad legal para emitir un decreto de esa categoría.

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El decreto de la jueza fue bien recibido por unos y mal por otros, después de todo su dictamen cuestiona la narrativa oficial sobre el manejo de la pandemia. Pero la reacción importante fue la de Anthony Fauci, zar del Covid, quien no tardó en declarar que las leyes y la Constitución no importan, sino lo que la CDC y sus individuos calificados digan; “las cortes no deben meterse en asuntos de salud pública”, declaró, lo cual implica que, para él, la CDC está por encima de la ley y de los derechos de las personas.

No hay ninguna regla que impida que un perro te enjuicie por traición a la patria

Mientras tanto en México en las pasadas semanas se discutieron un par de reformas. La primera, la que sí importó, fue una propuesta de reforma energética que anulaba parte de la del expresidente Peña Nieto en la misma materia y que hubiera sido costosísima para la economía mexicana de haberse aprobado. La propuesta visitó la Suprema Corte de Justicia de la Nación para discutir su constitucionalidad, fue un debate tan accidentado que no pudieron contar correctamente los votos: son 11 ministros y el ministro presidente Zaldívar sólo tiene 10 dedos.

La Suprema Corte consideró que la reforma sí era constitucional, pero lo importante para nosotros fue la declaración del presidente antes de la discusión: “No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”. Así es, el presidente no tuvo reparo en decir que la ley no debería aplicar a su reforma.

Peor fue lo que sucedió después. Conforme al procedimiento legislativo, la propuesta de reforma se discutió en la cámara de diputados y no obtuvo los votos necesarios para ser aprobada.

La reacción del partido del presidente: primero, la mediática, inventarse una nueva reforma a la Ley Minera que deja todo igual pero que se intentó vender como la “heróica nacionalización del litio”. Como nadie compró el cuento, la segunda reacción, violenta, fue acusar de traición a la patria a los legisladores que votaron contra la reforma energética y convocar a una consulta para enjuiciarlos.

Todo el procedimiento fue de acuerdo a la ley, pero tal parece que, igual que a Fauci, a AMLO no le importan las leyes, ni las instituciones, sino que sólo le importa el poder.

En una última nota, el canciller mexicano Marcelo Ebrard respondió a las declaraciones que hizo Trump en un mitin en Ohio sobre sus discusiones de política migratoria con el gobierno de México: “(estoy)… muy orgulloso de… formar parte del equipo del presidente López Obrador”, concluyó Ebrard en su cadena de twitts. Tal parece que no hay ninguna regla que impida que un perro sea canciller.

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