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Perú en la encrucijada: Comunismo o libertad

Aunque pareciera que aun la suerte está echada para Fujimori, pues, la esperanza de salvación del Perú con su victoria está en el segmento de los votos ocultos que están solapados entre los indecisos

Este domingo en Perú tendrán lugar las elecciones presidenciales, la segunda y definitiva vuelta. Se trata de una contienda entre dos propuestas diametralmente opuestas: Pedro Castillo, el outsider, maestro de escuela, sindicalista e izquierdista radical, literalmente ficha de Evo Morales y Pablo Iglesias y; por otra parte, la ya veterana en elecciones presidenciales con su tercera postulación Keiko Fujimori, hija del mandatario autoritario Alberto Fujimori y actualmente abanderada por Fuerza Popular y con un proyecto más de carácter centro-derecha, aunque tal vez, lo más importante es que preservará la democracia en el Perú, algo que su adversario está dispuesto a dinamitar apenas llegue al Palacio de Gobierno en Lima.

Todas las encuestas hasta ahora, dan por ganador —aunque por muy estrecho margen— a Pedro Castillo, la última medición de IPSOS la encuestadora más respetable del Perú, le da un 51.1 % en tanto que Fujimori con 48.9 %. Otros estudios hablan de Castillo con 50.4 % contra 49.7 % para Fujimori.

En crudo, se trata de un empate técnico, luego del titánico esfuerzo por parte de Fujimori por estrechar la otrora brecha de 2 dígitos que tenía Castillo los primeros días luego de la primera vuelta.

El proyecto de Pedro Castillo, quien ha ocultado al máximo posible su equipo técnico, una suerte de secretismo para tratar de impedir que salgan a la luz pública los aventureros y fieles operadores de Vladimir Cerrón, un comunista confeso admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez. Su agenda política no puede ser otra cosa que un proyecto comunista ortodoxo: Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución, estatización de empresas privadas, cierre de medios de comunicación, reducción de lo que llama “salarios de oro en un 50 %, amalgamado en un lenguaje de odio y confrontación de lucha de clases y su eslogan, salido de los laboratorios de comunicación de La Habana “Fujimori nunca más”, ya harto utilizado en Brasil, Colombia o España “fascismo nunca más”, en Paraguay “ANR nunca más”.

Entre tanto, el proyecto de Keiko Fujimori apuesta por el mantenimiento de la actual Carta Magna, su fuerte se ha concentrado en la política de gestión de la pandemia con su propuesta de construcción de 100 mil plantas productoras de oxígeno y un plan masivo de vacunación, además del saneamiento fiscal además de realizar pagos de deuda pública con el sector salud. Finalmente, procura junto al prestigioso economista Luis Carranza apuntalar las pequeñas y medianas empresas, todo ello en un lenguaje moderado sin confrontación propio de una demócrata como Keiko Fujimori.

Lamentablemente Keiko, tiene mucho viento en su contra, infelizmente el peso del ayer debido a su padre la hace ganadora de unos cuantos miles de odiadores, está bajo un proceso de investigación por lavado de activos. Además de los familiares de pacientes fallecidos por el virus chino, cargados de rabia y frustración por un pésimo sistema de salud público que ha hecho al Perú uno de los países de la región con mayor tasa de fallecidos como consecuencia de la pandemia.

Aunque pareciera que aun la suerte está echada para Fujimori, pues, la esperanza de salvación del Perú con su victoria está en el segmento de los votos ocultos que están solapados entre los indecisos, amén que ha seguido cosechando éxitos a partir de los desaciertos de Castillo quien ha señalado que enviará periodistas y “damas” al campo, o las alabanzas al sistema venezolano señalando que es país posee el mayor salario mínimo de Suramérica.

Cerramos con el deseo que este domingo los hermanos peruanos tengan la suficiente sabiduría para no caer en la tentación del proyecto de venganza propuesto por Castillo, terminando por suicidar la libertad como infelizmente lo hicieron los venezolanos en el 1998 con Hugo Chávez.

No olviden tampoco que el neocomunismo o el socialismo ortodoxo, es contrario a la democracia y es un gran productor de pobreza que hoy opera bajo la égida de los cárteles criminales internacionales como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.

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