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Iraní, El American

¿Podrá impedir Biden que la teocracia iraní llegue al umbral nuclear?

La cuota de realismo iraní viene cediendo terreno ante un fanatismo oficial que conduce al país a una catástrofe

Existen muchas dictaduras en el mundo, todas crueles, todas ilegítimas, pero la que gobierna Irán implica riesgos mayores para la paz mundial. ¿Por qué? Simplemente, porque el control está en manos de un grupo de fanáticos religiosos, que se sienten iluminados, y progresivamente confunden más y más sus delirios con la realidad. Esto los hace agresivos, irresponsables y peligrosos. Irán fomenta y financia el terrorismo en medio mundo, sea organizando atentados en Europa, América o África, atacando a sus vecinos o intentando desestabilizarlos, amenazando con el exterminio a Israel, y destruyendo países como el Líbano, en ruinas por la acción de Hezbollah, su organización satélite. Teherán apoya a las peores dictaduras del mundo, como Corea del Norte, Siria o Venezuela. 

La historia enseña que con regímenes de este tipo existen dos caminos: intentar apaciguarlos con concesiones —con el fracaso garantizado como le ocurrió a Chamberlain con Hitler— o provocar su derrumbe. Ambas opciones son riesgosas, pero la primera conduce siempre a las mayores tragedias. Por todo esto las actuales conversaciones diplomáticas en Viena están destinadas al fracaso, y la amenaza de un Irán nuclear —o en “el umbral”— seguramente no se concretará. 

Más allá de la retórica amenazante y su política exterior expansionista, la dictadura iraní vive un mal momento. La inflación descontrolada y un sistema sanitario inoperante no se tapan con carteles. Con una crisis social profunda y un descontento masivo, el régimen se mantiene mediante una represión brutal. Típico de las dictaduras. La filtración de datos secretos y los sofisticados ataques cibernéticos, evidenciaron su inferioridad en materia de inteligencia. No deja de ser un Estado peligroso, responsable de múltiples atentados y asesinatos, sin embargo, el precio por sus acciones es superior al beneficio. La ciudadanía lo tiene claro hace décadas.   



“La mentira corres despacio, la verdad siempre la alcanza”

El ministro persa de Inteligencia, Majmud Alavi, afirmó que el régimen “podría avanzar” en el desarrollo de armas nucleares. Lo dijo horas después que el presidente Joe Biden anunció que no eliminará las sanciones a menos que el régimen iraní deje de enriquecer uranio. “Nuestro programa nuclear es pacífico y la fatwa del líder supremo prohibió las armas nucleares, pero si nos empujan en esa dirección, no será culpa de Irán sino de quienes lo impulsaron”, concluyó. Otro vocero del régimen, el diplomático Amir Musavi, declaró que se podría revertir la orden religiosa que prohíbe el desarrollo de una bomba atómica. “Se emite una fatwa dependiendo de las circunstancias, por lo tanto, si el mundo actúa de manera inconveniente la fatwa puede anularse”. Clarísimo.

Teherán enriquece actualmente uranio al 4.5 %, por encima del límite del 3.6 % impuesto por el acuerdo de 2015. Cuando Irán firmó impuso las condiciones, pues lo condicionó a no hablar de derechos humanos, terrorismo o sus programas de misiles. Debido a estas graves omisiones el país avanzó en el área del terrorismo y las armas. Michael Goodwin escribió en el New York Post que “los términos del pacto negociado por John Kerry fueron una rendición que allanó el camino para que los ayatolás produjeran armas nucleares a su debido tiempo”. 

El analista David Bitan está de acuerdo. Él afirma que regresar al acuerdo sin un control estricto sería un error evidente. Debe haber condiciones firmes, de lo contrario se estaría “condenando al mundo a una época muy peligrosa”. Si los países árabes “ven que la Casa Blanca toma medidas claras, lo harán ellos por su cuenta, y esto es preocupante porque tampoco son estables ni democráticos”.

¿Quién hará el “trabajo sucio” que en realidad todos desean? —lo confiesen o no— está por verse. Quizás Estad Unidos, pues su presidente no puede dar otra señal de debilidad y torpeza tras el caótico retiro de Kabul. Europa, Arabia Saudí, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos e incluso Rusia estarían muy conformes con esta solución, aunque no lo reconozcan abiertamente. 

La Casa Blanca ha identificado “52 sitios clave”, cuya destrucción implicaría la eliminación del poder militar persa. Joe Biden se ha comprometido a impedir que los ayatolás obtengan armas nucleares, pero si el líder americano no actuara con decisión, seguramente lo hará Israel, que lo anunció abiertamente y tiene el poder de neutralizar el proyecto islámico. No hay opción, pese al actual show diplomático en Viena: la amenaza militar iraní será eliminada más temprano que tarde. 

 El socio del silencio

Según el senador republicano por Luisiana Bill Cassidy, “durante décadas Hezbollah se han infiltrado silenciosamente en América Latina, con el objetivo principal de recaudar dinero para controlar el sur libanés y organizar crímenes por el mundo, apuntando a Israel, nuestro principal aliado y única democracia en Medio Oriente”. 

Si bien no han ejecutado un ataque de alto perfil en Occidente desde el atentado a la AMIA en 1994, este aparente ausentismo no debe hacernos creer que ya no operan en la región. A través de “redes de empresas fantasma y alianzas con tiranías como Venezuela y Nicaragua” realizan operaciones de lavado de dinero, tráfico de personas, armas y drogas en la zona. “Si quiere acabar con una empresa criminal —repite Cassidy— busque el dinero”. Su equipo trabaja para implementar soluciones a través de la modernización de Aduanas, y realiza investigaciones para identificar debilidades y respuestas, todo con el objetivo de trabar el financiamiento de Hezbollah. 

Si se tiene éxito en la creación de un sistema eficaz para combatir sus sofisticados esquemas de capitalización, el grupo perderá la mayor parte del dinero que lo financia.

Aviv Kojavi, jefe del ejército israelí (FDI), declaró que “hemos golpeado cientos de objetivos y ejecutamos importantes ciberataques; gracias a nuestro poder de disuasión hasta el momento los iraníes se abstuvieron de responder”. Jerusalén está comprometida con su principal línea roja: impedir que los persas lleguen al umbral nuclear. 

La vicepresidente Kamala Harris prometió lograr —lo veremos en la práctica— un “acuerdo mejor con cambios que lo fortalezcan y lo extiendan en el tiempo… pues se debe detener el enriquecimiento nuclear, frenar la producción de misiles y eliminar todo apoyo al terrorismo… tenemos otras opciones si el diálogo fracasa”. Las amenazas americanas, lamentablemente, están bastante devaluadas en el último tiempo.

La cuota de realismo iraní viene cediendo terreno ante un fanatismo oficial que conduce al país a una catástrofe. Si el nuevo presidente Ebrahim Raisi —responsable de miles de ejecuciones y defensor de una línea radical— cree que su apuesta militarista puede triunfar, no entiende el poder de los rivales que enfrenta. Bien dice el refrán que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

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