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McCarthy, macartismo

Por un nuevo macartismo

Un macartismo que exponga, investigue y detenga las pretensiones de conquista del PCCh es fundamental.

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«¿Es ahora o ha sido usted miembro del Partido Comunista?». Esta pregunta que el Senador Joseph McCarthy hacía a sus interrogados se convirtió rápidamente en el eslogan del macartismo. Esta etapa ideológica en los Estados Unidos se formalizó cuando el senador de Wisconsin (R) dio un discurso titulado «Enemies from within» (Enemigos desde dentro, literalmente; pero pudiera ser «Enemigos Internos») denunciando la presencia de espías y colaboradores soviéticos en el Departamento de Estado.

El macartismo es una visión netamente anticomunista y defensiva. En el contexto de la Guerra Fría, tenía su razón de ser pues dos paradigmas estaban chocando —el soviético y el norteamericano—y su dinámica «defensiva» estaba dada por la inexistencia de conflictos bélicos de gran alcance, reemplazados por tensiones ideológicas, geopolíticas y de seguridad.

Ahora, si bien McCarthy falló en muchas ocasiones y precisamente por eso llegó a ser considerado un hooligan conspiranoico, su postura no deja de ser una premonición infravalorada por el público en general y que hoy comprobó su gran necesidad. El macartismo que hoy necesitan los países que atesoran su soberanía es uno intransigente con el Partido Comunista de China (PCCh).

John Ratcliffe, director de la Inteligencia Nacional de los Estados Unidos, lo dijo muy claro: «China es la mayor amenaza que este país ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial». Luego de que fuese revelada la mega-infiltración empresarial, comunicacional y política del PCCh, queda en evidencia que nadie está a salvo. Pero no por eso tengo la obligación de hablarle a un Occidente inmenso, sometido y terco; mis palabras, más bien, van dirigidas a Hispanoamérica.

El discurso, coronación del macartismo

La denuncia más relevante y notoria de McCarthy fue durante el Día Lincoln del año 1950 donde dio el polémico discurso, en el que bautiza la naturaleza de la época: se trata de una guerra abierta entre «el ateísmo comunista contra la Cristiandad» —enemistad que también consideraba Alexander Solzhenitsyn.

Para apoyar esta tesis, se sirve de dos citas, una de Iósif Stalin, líder de la URSS en el momento, y de Vladimir Lenin, el líder de la Revolución Bolchevique. El primero aseguraba que creer en la posibilidad de la revolución comunista dentro del marco de la Cristiandad es demencia o repudio total al comunismo. El segundo creía que uno de los dos, comunismo o Cristiandad, debía vencer, pues la coexistencia entre la República Soviética y el cristianismo era «impensable».

Continuando la idea, McCarthy sacó unas cuentas realmente preocupantes que transformaron finalmente el conflicto a un choque de civilizaciones. El senador recuerda la Conferencia Dumbarton Oaks, donde se negoció la conformación de las Naciones Unidas. Para la época, el mundo soviético contaba con 180 millones de habitantes y del lado «anti-totalitario» 1.625 billones de personas, pero las cifras se voltearon tan solo cinco años después, en proporciones de 8 a 5: para el año del discurso habían 800 millones en la órbita soviética y 500 en el bando opuesto.

Esto representaba una clara y silenciosa derrota de los Estados Unidos, y el macartismo que iba hilvanándose en el contraste de las cifras se coronó en una sola frase: si perdemos esta guerra y nuestra democracia es destruida, será por «enemigos internos». Con esto denunciaba no solo una infiltración de la URSS en las estructuras gubernamentales sino de altas traiciones llevadas a cabo por ciudadanos estadounidenses como el caso de John S. Service, quien sugirió al Departamento de Estado que se acabara con Chiang Kai-shek, archienemigo de Mao Zedong durante la Guerra Civil.

Alger Hiss, Departamento de Estado
Alger Hiss fue detenido y sentenciado a cinco años de prisión por perjurio, en virtud de las denuncias de espionaje hechas por Whittaker Chambers, un miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos. (Politico)

McCarthy citó también el caso de Gustave Duran, un «conocido comunista internacional» que fue nombrado subsecretario de estado encargado de asuntos latinoamericanos y luego jefe de la Sección de Actividades Culturales en la oficina del Subsecretario General de la ONU. Siguiendo en sus denuncias, cita el caso de Alger Hiss, quien fue detenido y sentenciado a cinco años de prisión por perjurio, en virtud de las denuncias de espionaje hechas por Whittaker Chambers, un miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUS).

Hiss, quien estuvo presente en diez grandes acontecimientos que fortalecieron al comunismo, como la Cuestión Polaca pos-IIGM, la situación en Manchuria, Corea, fue un eslabón clave para el debilitamiento estadounidense, arguyó McCarthy.

El senador republicano al final de su discurso, y abrazando lo que filósofos como Jünger, Solzhenitsyn, y escritores como Hemingway pensaban al respecto, vinculó este fenómeno a «una resaca y a un lapsus moral temporal que prosigue a cada guerra». La apatía y la insensibilidad al mal, prosigue McCarthy, son creaciones directamente fomentadas en las personas tras ver genocidios, tras presenciar la destrucción de gente inocente e indefensa y la criminalidad rampante y carencia de moral que trae consigo la guerra.

Por un nuevo Macartismo hispano

Ahora, sin duda las cosas han cambiado. La URSS ya no existe, y la carrera por la revolución ahora está en manos del Partido Comunista de China, quien en su heterodoxia y jingoísmo económicos ha encontrado su diplomacia. McCarthy murió y su legado fue una premonición que el PCCh cumplió, para sorpresa de Beijing, Moscú y Washington. Sin embargo, esa apatía ha sido también una característica prominente en la historia hispana contemporánea, plagada de ignorancia y dejadez que han sofocado la prosperidad en nuestras naciones a favor del entreguismo revolucionario del proxy del PCCh, el Foro de São Paulo.

La destrucción de la Amazonía venezolana, la depredación comunicacional y política en Brasil, las pretensiones de dominación tecnológica con las redes 5G y de dominación crediticia y energética en toda la región —especialmente en Venezuela, Ecuador y Chile— son suficientes argumentos para dar un paso adelante. Un macartismo que exponga, investigue y detenga las pretensiones de conquista del PCCh es fundamental. El Foro de São Paulo se nutre del narcotráfico y del terrorismo mientras sus aliados centristas como Piñera y Moreno entregan soberanía a China; estas actitudes deben ser detenidas a toda costa.

China infiltra a sus agentes en gobiernos, ejércitos, compañías y medios de comunicación para hacer la entrega de soberanía un consenso aparente. El macartismo que se debe aplicar tiene que estar inspirado en la visión que líderes como Trump han asumido: abandonar dogmatismos libremercadistas y poner la soberanía por encima de beneficios macroeconómicos temporales y relativos por demás.

Una iniciativa que debe servir de modelo para este macartismo es la de la Comisión Parlamentaria de Investigación del Foro de São Paulo que el diputado Eduardo Bolsonaro quiere establecer en Brasil.

Con comisiones de investigación —parecidas al Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara o a la CPI del Foro de São Paulo—, campañas comunicacionales que expongan al público las pretensiones del PCCh de convertir Hispanoamérica en una sucursal de poder y mano de obra barata, este macartismo despertará sin dudas un patriotismo que será de gran ayuda.

Es importante aclarar que el trabajo comunicacional y político deberá ser tratado como un asunto de seguridad y de patriotismo, no de sinofobia. Existe una gran diferencia entre el patriotismo y la discriminación a ciudadanos que sufren el totalitarismo del Partido Comunista de China. Una consecuencia sumamente positiva que podrá obtenerse será el debilitamiento de esta organización criminal y el fortalecimiento de los ciudadanos chinos y de naciones vecinas que se están viendo amenazadas. Al final, salvar a Hispanoamérica tendría efectos más importantes y positivos de lo que imaginamos.

El macartismo es una necesidad para Occidente, pero este se rehúsa a tomar cartas en el asunto. Los hispanoamericanos que no desistimos en nuestra lucha por liberar nuestras naciones del comunismo tenemos posibilidades reales porque trágica e irónicamente, la carencia de prosperidad nos ha evitado escenarios como el de Estados Unidos. Los hispanoamericanos por eso y por nuestra lucha contra el comunismo tenemos la responsabilidad histórica de combatir al Partido Comunista de China.

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