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Precio de las big tech, El American

El precio de las Big Tech, ¿tu eterno espionaje?

No hay nada de ilegítimo, en principio, en que las apps de Facebook y Google para iOS sean de pago, como, por ejemplo, puede ocurrir con otras aplicaciones con fines de entretenimiento

Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, puede recordarse, dijo, con razón, que el precio de la libertad de la cual podemos gozar (entiéndase en sentido negativo) es su eterna vigilancia.

Así pues, me veo motivado, en la redacción de este artículo, por cuanto quiero poner de manifiesto mi preocupación ante un hecho de actualidad tecnológica tal como que apps de social media como Facebook e Instagram podrían perder su gratuidad.

El precio de las Big Tech

Sí, dado que la versión 14.5 de iOS, sistema operativo de Apple, emitía una ventana en la que se pedía al usuario autorización, de modo que la compañía de Zuckerberg pudiera tener acceso a los datos personales de navegación del usuario y mostrar así publicidad (según ellos, así se asegurarían tanto la innecesidad de “cobrar”).

Dicho esto, no es la cuestión centrarnos demasiado en una serie de detalles técnicos de determinadas soluciones, sino aprovechar este hecho para profundizar y comprender la dinámica del fenómeno de la digitalización, en el cual, día tras día, estamos digitalizados en mayor medida.

Se ratifica, más bien, que los datos son el nuevo petróleo

Precio de las bigtech, El American
“El precio de las Big Tech, ¿tu eterno espionaje? Seamos conscientes de que la gratuidad de los servicios de las Big Tech puede ser muy relativa”.

El impacto ingenieril y económico del Big Data es bastante palpable a estas alturas. De hecho, se prevé que, para el año 2022, de acuerdo con los datos recopilados por el portal Statista, suponga alrededor de setenta millardos de dólares americanos a nivel global.

Por tanto, se puede decir, con más razón, que hablamos del sustituto económico, en términos de valor subjetivo de mercado, de esos compuestos de hidrocarburos que conocemos como petróleo. Encima, podemos obviar esto en tanto que cada vez dependemos más de la red de redes y se generan mayores volúmenes de datos a tratar.

Ahora bien, hay que decir que, desde tiempos más pretéritos, grandes corporaciones como las Big Tech (Google, Facebook, Twitter…) han participado en determinados intercambios de datos de sus usuarios, con fines comerciales, con independencia de que, por otro lado, haya una connivencia con entramados como el Deep State.

Gracias a esas operaciones, pueden responder a buena parte de su disponibilidad presupuestaria, sin olvidar el beneficio que les supone que no sean pocas las entidades, tanto privadas como estatales, que recurren a estas para promocionar sus productos, sus eventos o, en general, sus respectivas marcas.

De hecho, cabe no olvidar que a muchos, por ejemplo, en plataformas web que utilizan Google AdSense (el servicio de anuncios de la misma empresa de Mountain View que también es propietaria de YouTube, cuya monetización se ha convertido en un modus vivendi para muchos, siendo esto totalmente legítimo), les aparecen resultados que coinciden con sus últimas búsqueda (por ejemplo, conceptos de moda y deportes).

Manifestar nuestra aprobación o rechazo por medio de la democracia económica 

No voy a entrar, en este instante, en las tesis según las cuales, servicios como Google ignorarían las opciones de privacidad de los usuarios en cuestiones como la geolocalización. Apliquémonos, en esos respectos, un “velo de ignorancia” estrictamente temporal. Supongamos que toda preferencia del usuario se respeta.

No hay nada de ilegítimo, en principio, en que las apps de Facebook y Google para iOS sean de pago, como, por ejemplo, puede ocurrir con otras aplicaciones con fines de entretenimiento, convivencia o diseño (muchas suelen basarse en las llamadas versiones premium).

Pero será el usuario el que decidirá si merece la pena pagar o no para socializar con los suyos desde su smartphone, es decir, en la palma de la mano. No olvidemos que, en cierto modo, la relevancia y el prestigio de los servicios de la Web 2.0 no depende del crony capitalism, sino de lo que Ludwig von Mises llamaba “democracia económica”.

Con lo cual, nadie sabe si en ese hipotético caso no surge ya siquiera una app de terceros que conecte con los servidores de Facebook e Instagram (usando su interfaz de programación de aplicaciones), sino una oportunidad para una red social, que puede salir de la nada o, existir, pero viendo nichos para crecer (lo que se conoce como Alt Tech).

Con lo cual, ya para finalizar, seamos conscientes de que la gratuidad de los servicios de las Big Tech puede ser muy relativa. Y lo que tenemos que hacer no es ni más ni menos que potenciar la vocación emprendedora de cada cual en ese libre mercado competitivo, natural y espontáneo, sin dejar de criticar las dichosas colusiones “progres” y estatistas.

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