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¿Hay que preocuparse por la Inteligencia Artificial?

Con la IA podemos disponer de sistemas que, por ejemplo, mejoran las estrategias de predicción de una catástrofe natural

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Recientemente, el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al mando de la expresidenta chilena Michelle Bachelet (representante del llamado “socialismo del siglo XXI” en su país) ha publicado un detallado informe cuyo título es El derecho a la privacidad en la era digital.

El documento comienza tratando de cuantificar “la medida en la que el uso que hacen los Estados y las empresas de la Inteligencia Artificial (IA), incluyendo la monitorización, la toma de decisiones y el aprendizaje máquina, afectan al disfrute del derecho a la privacidad y otros derechos asociado”.

De hecho, más adelante específicamente sugieren que existe una preocupación ante la tendencia a integrar soluciones de IA en mecanismos de control fronterizo, ejercicios penales y seguridad nacional. También mencionan su uso con fines predictivos de futuro y a la automatización de acciones políticas que irían aparte de la recopilación de datos de muchos individuos.

Las soluciones biométricas (detección facial o de huella dactilar) que ya se utilizan como mecanismo de autenticación en dispositivos electrónicos o como alternativa a las llaves o las “tarjetas de plástico” con las que queda registrado que uno entra en una oficina u otra dependencia de acceso restringido. Ante ello, Bachelet ha exhortado a los Estados-nación así como a otras instituciones políticas a regular la fabricación y distribución de los robots y otras soluciones electrónicas que respondan a esta nueva tendencia tecnológica. Al mismo tiempo propone nuevas legislaciones orientadas a la “protección de datos”.

Visto lo anterior, creo que hay que atender a esta cuestión tratando las implicaciones morales, sociales y prácticas del uso de la Inteligencia Artificial así como la lógica que pudieran tener o no estas conclusiones supraestatales, máxime a sabiendas del funcionamiento y del ideario que las guía en su funcionamiento.

La Inteligencia Artificial puede ayudar al prójimo en su día a día

Del mismo modo que en un laboratorio farmacéutico se puede tratar de investigar un tratamiento para contrarrestar el deterioro cognitivo que afecta a personas de avanzada edad o de elaborar una píldora abortiva, los robots y otros sistemas que automatizan decisiones y predicciones pueden tener finalidades tanto positivas como negativas.

En su día, con la invención del tractor, la cosechadora, el helicóptero y el correo electrónico, hemos visto mejoras que han repercutido en un menor tiempo de espera ante una emergencia sanitaria, un mayor abastecimiento alimentario, comunicaciones más instantáneas y mejores precios de mercado en distintos productos.

Pues bien, con la IA podemos disponer de sistemas que, por ejemplo, mejoran las estrategias de predicción de una catástrofe natural como un tsunami o una erupción volcánica, aumenten la precisión diagnóstica de lesiones traumatológicas o cuadros tumorales, o reducen la capacidad de dependencia física de las personas con alguna discapacidad.

Con lo cual, no se puede negar que podremos cobrar más dinero trabajando menos horas (nada se deberá a la “cursilada” de ciertas facciones de la “nueva izquierda” tanto en España como en Estados Unidos) así como tampoco el hecho de que nuestra esperanza de vida puede ser mucho más elevada en general.

Pero tampoco es incierto que puede haber aplicaciones negativas. Por ejemplo, mecanismos que permitan a los Gobiernos obtener un mayor volumen de datos sobre cada uno de nosotros y ejercer un mayor control de datos analítico y/o predictivo (movimientos, transacciones financieras, marcadores biométricos, expediente académico o la historia sanitaria).

De hecho, en algún momento, la capacidad de las máquinas podría ser tan sofisticada como para poder avanzar sin necesidad del cerebro humano, lo cual puede suponer una amenaza para la existencia de la especie humana tal y como la conocemos. De igual modo, puede haber conflictos espirituales al discutirse el concepto de muerte según la cosmovisión cristiana.

Contradicciones de las instituciones globalistas

La ONU, también conocida como la instancia supranacional superior que promueve los conceptos ideológicos del globalismo, característicos del proceso revolucionario (wokeism, marxismo cultural, “nuevas religiones”, etc.), se contradice a la hora de elaborar estos informes.

Para empezar, la ONU nunca ha condenado el intervencionismo político y económico que desarrollan los distintos entes políticos en el mundo. De hecho, pretende reforzarlo, incluso en lo cultural, tratando de alienar competencias que corresponden a organismos políticos de orden inferior.

Hay varios ejemplos contemporáneos a los que podría hacer referencia. Uno de ellos es el interés del fisco de muchos Estados modernos, por medio de la interdependencia combinada del Big Data, la Inteligencia Artificial y el Machine Learning para reforzar la persecución al contribuyente, bastante expoliado (lo cual atenta contra el ahorro y la propiedad privada).

Pero también cobra interés la reacción política general y común ante la pandemia del COVID-19. La mayoría de Estados modernos han tratado de alinearse a la ONU en lo concerniente a las invasiones de privacidad y vulneraciones a la libertad de circulación (cierres perimetrales, confinamientos, restricciones de actividad económica y “pasaportes sanitarios”).

Para ser más precisos, habría que referirse a su “brazo sanitario”, conocido como la Organización Mundial de la Salud, la cual no solo está dirigida por un comunista vinculado a ese episodio del Terror Rojo Etíope, sino que ha tratado de tener una clara cooperación mutua con el Partido Comunista de China.

Así las cosas, uno no entiende muy bien esta hipocresía contradictoria. Podríamos interpretarlo como una cortina de humo que justifique regulaciones contrarias a la innovación empresarial y que puedan suponer también trampas que al final acaben erosionando más libertades.

Para finalizar, debemos estar alertas ante aquellos usos de la IA que contravengan su finalidad de servicio. La automatización de procesos, el abuso de la predicción y el manejo de grandes volúmenes de datos son algunas de las estrategias socialistas para acabar con la tradición, la familia, libertad y la propiedad.

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