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El gran problema de la macroeconomía contemporánea

La ausencia de anclaje microeconómico coherente es la clave del problema

Tal como en la interferencia sobre el sistema de precios, el sostenimiento de un precio regulado exige la regulación de otros al punto que finalmente todos habrían de estarlo. La interferencia arbitraria sobre cualquier característica de aquella mercancía que de la evolución competitiva emergió como medio de intercambio indirecto, de universal aceptación, conduce fatalmente a similares interferencias sobre el resto de sus características y finalmente a la arbitraria interferencia creciente en otras instituciones relacionadas con el dinero. Así como a la distorsión adaptativa de los sistemas no interferidos arbitrariamente, debido a los artificiales escenarios de oportunidad generados por esas arbitrariedades.

El problema de la macroeconomía —de Keynes en adelante— es que, como señaló Robert Solow —a quien difícilmente nadie consideraría influido por el paradigma austríaco tras declarar en una entrevista que consideraba los argumentos de Hayek completamente incomprensibles— carece de conexión real entre el corto y el largo plazo. La ausencia de anclaje microeconómico coherente es la clave del problema, como se ha evidenciado en los estériles intentos de desarrollar dicho anclaje dentro del paradigma macroeconómico dominante, que han terminado por sacrificar la aplicabilidad de la teoría para conservar una cierta rigurosidad.

Ludwig von Mises afirmaba sobre estos asuntos que:

Macroeconomía, El American
(Flickr)

“Una cosa hay que dejar clara: no existe relación aritmética directa entre un aumento o una disminución en la emisión de medios fiduciarios, por una parte, y el aumento o disminución del tipo de interés que esto ocasiona de forma indirecta a través de sus efectos sobre la distribución social de la riqueza […] La redistribución de la propiedad hace que los agentes económicos individuales tomen decisiones distintas de las que en otro caso hubieran tomado. Tratan a los bienes de que disponen de manera diferente; los asignan de modo diferente entre el empleo presente (consuntivo) y el empleo futuro (productivo). […] De hecho es indudable que, por muy grande que sea el aumento en la cantidad de dinero en el sentido amplio, ya se origine en un aumento de los medios fiduciarios o en el aumento en la cantidad de dinero en sentido estricto, el tipo de interés nunca podrá reducirse a 0”.

Y también afirmaba Mises que: “Nada ha sido más fácil que burlar las medidas legislativas encaminadas a la protección del patrón monetario. Todos los gobiernos, incluso los más débiles e incapaces, lo han hecho sin dificultad. Su política bancaria les ha permitido crear una situación que el patrón oro estaba destinado a evitar: el sometimiento del valor del dinero a las fuerzas políticas. Y, habiéndose arrogado este poder, lo gobiernos lo han empleado del peor modo posible. Pero, habida cuenta de lo que fueron los demás factores políticos e ideológicos, no podemos afirmar sin más ni más que la plena libertad bancaria habría podido o debido hacer otra cosa”.

Otros problemas de la macroeconomía

Y como explica Roger Garrison, el problema es que la estructura dinámica del capital tiende a reequilibrarse intra e intertemporalmente a través de orden espontáneo del mercado, lo que efectivamente se puede entender como que produce ciertos resultados agregados a partir de ciertos previos agregados —aunque la regularidad no prueba nunca la causalidad por sí sola, es un indicio clave que la hace muy probable— pero tal idea no tiene sentido si se hace abstracción del proceso por el que aquello en realidad ocurre, como ha hecho la macroeconomía convencional desde la tercera década del pasado siglo.

Garrison señala que “En respuesta a la cuestión ¿De qué tratan las expectativas tenemos la teoría de malas percepciones monetarias de los Nuevos Clásicos, la teoría del ciclo económico real, y la nueva teoría keynesiana. Este es el estado de la moderna macroeconomía. Mientras cada una de estas teorías contiene demostraciones rigurosas de que los supuestos sobre expectativas son coherentes con la teoría misma, ninguna va acompañada de razones convincentes para creer que hay una conexión entre la construcción teórica y la verdadera actividad económica en una secuencia de expansiones y depresiones. La aplicabilidad ha sido sacrificada al rigor. La proyección keynesiana nos ha llevado a este final estéril”.

Y agrega Garrison que, por el contrario: “En la teoría austríaca se hallan implícitos dos «postulados» o «supuestos» sobre las expectativas: (1) los empresarios no conocen —ni pueden comportarse como si conociesen— las realidades económicas subyacentes cuyas características cambiantes se expresan a través de cambios en los precios, salarios, y tipos de interés; y (2) los precios, salarios, y tipos de interés contribuyen a facilitar la coordinación de las decisiones económicas y a mantener aquellas decisiones en línea con las realidades económicas subyacentes”.

Ahora bien, es a través de la comprensión teórica de los cambios en la estructura del capital por etapas que se conecta el corto y el largo plazo de lo que en teoría económica se puede llamar macroeconomía; y es en el tiempo transcurrido entre que el ahorro se invierte en la compleja estructura del capital para iniciar la producción —lo que implica siempre invertir en las etapas más alejadas, y en determinadas circunstancias incluso extender la estructura— y que los bienes de primer orden llegan a sus demandantes finales y son consumidos, que tenemos un período de tiempo durante el cual las conjeturas sobre el futuro comportamiento de la demanda deben ser realizadas para decidir inversiones y tales conjeturas pueden fallar.

De hecho siempre fallan algunas en mayor o menor grado, que es tanto como decir que otras aciertan en mayor o menor grado, cosa en la que la necesidad de adelantar sobre todo la demanda de la etapa inmediata inferior, más que la del consumo final, ciertamente es de alguna ayuda, pero también es ese el período de tiempo durante el que las distorsiones de origen monetario pueden inducir errores sistémicos en los agentes, ocasionando alargamientos insostenibles de la estructura del capital hacia los bienes de orden superior en las etapas de auge de los ciclos, con su consecuente y doloroso ajuste posterior.

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