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Trump, Biden, Hispanos

Las propuestas de Trump y Biden para los hispanos

Donald Trump y Joe Biden presentan propuestas antagónicas para los hispanos en EEUU: uno ofrece soluciones estructurales para mejorar el estándar de vida; el otro, ofrece programas sociales y aumento del gasto público

El voto hispano, como el voto afroamericano, se ha convertido en uno de los objetivos centrales en las carreras presidenciales estadounidenses. Dada la creciente migración hispana en los últimos diez años, en las dos últimas elecciones específicamente, el voto de esta comunidad —y los estados donde más se concentra— ha ascendido como un factor determinante para los candidatos (han alcanzado más del 13 % del electorado).

Aunado a ello, la provocada tensión étnica y racial en los Estados Unidos, ha hecho que las propuestas para la comunidad hispana se vuelvan main subjects, tanto para los republicanos, como para los demócratas. Marcadas las diferencias tanto como sea posible, el presidente Donald Trump y el exvicepresidente Joe Biden ofrecen planes específicos para la comunidad de hispanos en los Estados Unidos.

Dando una primera ojeada a los programas se nota un gran contraste en la metodología del approach a la comunidad hispana en los Estados Unidos, especialmente en los problemas que plantea resolver cada uno.

La cara de Trump
El presidente Donald Trump propone exigir a los nuevos inmigrantes ser capaces de sostenerse financieramente (Foto: RTVE)

Si bien Trump, por una parte, no tiene una sección especial para los hispanos, en la presentación de su agenda puede notarse que no parte de la premisa de las identity politics que considera a las minorías, por ejemplo, tribus monolíticas de conciencia y voces colectivas, sino que trata problemáticas desde una óptica social cohesionada.

En su apartado «END ILLEGAL IMMIGRATION AND PROTECT AMERICAN WORKERS» tres propuestas causan una atención especial, siendo la primera, la prohibición a compañías americanas de «reemplazar» ciudadanos estadounidenses con trabajadores extranjeros subpagados; segundo, exigir a los nuevos inmigrantes ser capaces de sostenerse financieramente y, por último, impedir que los inmigrantes ilegales sean elegibles para asistencia social, atención médica y matrícula universitaria gratuita financiada por los contribuyentes.

A muchos les pudiera parecer —y convenir que pareciera— una afrenta a la comunidad entera de hispanoamericanos. Sin embargo, el primer punto mencionado puede solo beneficiar a los inmigrantes trabajadores que estarían expuestos a la depredación de compañías que pudieran establecer un injusto quid pro quo donde el trabajador es empleado ilegalmente —resolviendo su necesidad— pero que recibe un salario mucho más bajo que el que pudiera recibir estando regularizado migratoriamente.

De no establecerse previamente una protección al trabajador y que este sufra el problema de ser subpagado, no contaría con una ganancia necesaria para poder realmente sostenerse financieramente y tendría que apelar a la asistencia social, exigiendo al sistema ocuparse no solo de los nacionales, sino de los que también están entrando, provocando que eventualmente sean exigidos mayores o nuevos tributos para sopesar la demanda de asistencia social.

En cuanto a la educación, el presidente Trump tiene claro uno de sus objetivos: «proporcionar opciones de escuela a todos los niños en Estados Unidos».

A primera vista pudiera entenderse esta meta como una evocación al derecho humano a la educación, pero el matiz es claro: abrir también las puertas de las escuelas privadas para que los padres puedan escoger la educación que mejor consideren a sus hijos. De acuerdo a Eduardo Gamarra, profesor de política en la Florida International University: «Los latinos se preocupan mucho por la educación». «Pero no por la educación pública», precisó. Según el profesor, lo que les importa «es el acceso a la educación privada» porque en América Latina «las escuelas públicas son vistas como inferiores».

Los hispanos que han llegado y se han asimilado a las dinámicas de los Estados Unidos quieren lo mejor posible para sus hijos; la huida, de hecho, de los regímenes que han destruido sus países, es una viva prueba de ello para muchos de los que hoy hacen sus vidas en el país.

En asuntos de seguridad y migración, Trump destaca el desmontaje de redes de tráfico humano que están activas en los Estados Unidos. Referente a esto, en el estudio demográfico de las estadísticas del Instituto Polaris sobre el tráfico humano (2019) son más los extranjeros traficados (4.601) que los residentes permanentes o ciudadanos americanos (1.388). De los factores más influyentes en el tráfico humano es la reciente migración al país (2.364), siendo el uso de ofertas de trabajo la táctica más común (2.557).

Según otro informe de Polaris sobre la tipología del tráfico humano (2006-2016), son personas provenientes de Latinoamérica, especialmente de Centroamérica, las que encabezan los perfiles de las víctimas.

Desmontando estas redes, la inmigración pasaría a ser organizada, vigilada y regularizada propiamente de forma tal que el crimen organizado dentro del país no prospere, ni el crimen organizado extranjero empiece a permear más y a consolidarse.

En líneas generales, el presidente Trump deja clara dos posturas respecto a los problemas que afectan directamente a los hispanoamericanos: primero, que el slogan America First, más que ser simplemente eso, es una filosofía que se circunscribe a la América telúrica, pero que abarca también a los inmigrantes construyendo un marco apropiado para que no solo vivan en Estados Unidos, sino que vivan como estadounidenses.

En segundo lugar, Trump aclara con estas medidas que sólo resolverá los problemas de los que habiten en Estados Unidos, abandonando el approach globalista de los neoconservadores y de los liberals del Partido Demócrata, que encuadraban a EE. UU. en un grado mesiánico de acción política queriendo resolver los problemas del mundo.

La cara de Joe Biden
Joe Biden presenta una visión netamente asistencialista para los hispanos (Foto: CNN)


Del lado del candidato demócrata, dos sabores, el revanchismo y un sabor welfare-ish se hacen sentir inmediatamente al evocar Obamacare. La Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio fue una de las banderas mayormente defendidas por Joe Biden —probablemente de la que más se enorgullece también—; sin embargo, de acuerdo a la agencia Centers for Medicare & Medicaid Services, los grandísimos problemas del Obamacare son la poca rentabilidad (para el gobierno; por lo tanto, para los contribuyentes), los descalabros laborales que produjo en el mercado de seguros y el guiño totalitario al castigar ciudadanos por no poder mantener un seguro de salud que puede quitarles hasta la mitad de sus ingresos anuales.

Aunado a ello, Biden propone restituir los fondos a Planned Parenthood que trata a más de medio millón de hispanos indocumentados.

En el ramo educacional, se propone en su agenda expandir los ya abismales fondos para la educación pública para pre-K, triplicará los de las escuelas de Título I y creará nuevas escuelas comunitarias (duplicando el personal educativo, además).

En migración, Biden no propone ningún tipo de rigurosidad, sino de aceptación total y abierta a los once millones de inmigrantes indocumentados. Propone «dignificar» su entrada y no asegurarse de que los individuos indocumentados que ingresan al territorio posean una sustentabilidad financiera, haciendo que la primera opción para solucionar sea la asistencia social. En cuanto a las ciudades santuario, donde el crimen impera sin ningún tipo de oposición, el candidato demócrata se mantiene callado en sus propuestas.

Sobre los países vecinos, especialmente el Triángulo de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador), en vez de enfocarse en la influencia de los problemas que estos presentan y pudieran esparcir —por acción u omisión— sobre los Estados Unidos, Biden prefiere asumirlos como propios y ofrece una ayuda de US$ 750 millones para «apoyar reformas en la región».

En asuntos de seguridad, Joe Biden propone «reducir el encarcelamiento» no a través del aumento de la ley y del orden, sino a través de la despenalización de crímenes y «eliminará las disparidades raciales, de género y a base de los ingresos en el sistema» sin decir cómo. Más que en combatir el narcotráfico o el crimen organizado, que son negocios de los cuales se enriquecen organizaciones delictivas nacionales y extranjeras, Biden propone que «su Departamento de Justicia dé prioridad al enjuiciamiento de crímenes de odio».

Conclusión

Tanto la propuesta del presidente Trump como la del exvicepresidente Joe Biden destacan en antagonismos ideológicos y estructurales, consolidando la distancia entre dos visiones profundamente distintas que dejan claro que, sea cual sea el desenlace de la elección, el país seguirá un rumbo que desde hace años es inusual a raíz de la deriva provocada por pasados mandatarios.

Por un lado, el presidente Trump circunscribe su campo de acción a lo que siempre ha prometido: al país, a lo que ocurre dentro y lo que a él atañe. Las necesidades del «exterior», especialmente de poblaciones que han emigrado y que constituyen comunidades con importantes presencias en EE. UU., como la hispana, si bien son asimiladas por el sistema político y por la agenda del POTUS, son enmarcadas y en pro de las dinámicas nacionales.

Esto se refleja en la cosmovisión que ha venido defendiendo el presidente Trump, y en las políticas que ha venido llevando a cabo en aspectos como el tributario, el diplomático y el comercial, o el militar.

Por otro lado, Joe Biden constituye propuestas sobre una visión contraria: politizar a través del asistencialismo para lograr un compromiso de los ciudadanos y, en realidad, incentivar la inmigración masiva. Además, asume una estrategia de pandering a minorías y a agendas en las cuales en realidad no cree pero que necesita por el ruido que causan y por el apoyo que reciben de las corporaciones mediáticas del establishment. De ser lo contrario, no estaría proponiendo de forma tan ligera el aumento absurdo de impuestos, financiaciones multimillonarias, sin ocuparse de resolver las problemáticas desde la raíz.

Las propuestas de Biden, en general, se basan en la expansión del gasto público a costillas del dinero de los estadounidenses. Al tener como mecanismo único el aumento del gasto, no resuelve los problemas; en cambio, los atrae porque se vuelven rentables —tanto para el Estado, como para las personas—.

El asistencialismo ha sido usado históricamente por políticos que consideran a las personas votantes y no ciudadanos, apelando a las necesidades no para satisfacerlas, sino para profundizarlas y reproducirlas. Este problema ha sido uno que ha causado grandes calamidades en la región, entre ellas una pobreza y una corrupción endémicas. El hispano debe decidir entre arreglar problemas estructurales para poder mejorar su vida, o entregar su dinero a la endeble promesa de una solución mágica, esperando el mismo resultado que le dieron los gobiernos de los cuales huyó.

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