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¿Qué puede hacer Putin ahora sobre su guerra en Ucrania?

¿Qué puede hacer Putin ahora sobre su guerra en Ucrania?, EFE

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Hoy todas las opciones de Vladímir Putin en Ucrania son malas. Septiembre trajo una exitosa ofensiva ucraniana en dos frentes. La ofensiva no pondrá fin a la guerra y Kiev debe reagrupar fuerzas, reabastecerse y renovar tropas mientras Moscú intenta consolidar posiciones defensivas. Lo más probable es que el lodo del otoño complique las maniobras y en invierno se reinicie la guerra de desgaste del verano. Mientras Rusia pasó a la defensiva, la batalla de Donbas sigue devastado a ambos lados y Kiev depende de armas y fondos occidentales para capitalizar el éxito de su ofensiva.

Putin inició la guerra asumiendo que su ventaja militar era más que suficiente para la opción maximalista que eligió, subestimar a Ucrania fue un error costoso que eventualmente podría costarle el poder. Por eso Moscú ha seguido la doctrina de la escalada en Ucrania. Para evitar la derrota escaló del intervencionismo de baja intensidad a la guerra total y los crímenes de guerra. Y seguirá escalando aunque ya han muerto más rusos en Ucrania que los soviéticos que cayeron en diez años de guerra en Afganistán. El 21 de septiembre, Putin anunció una “movilización parcial” que mostró claramente lo impopular que es su guerra ucraniana para buena parte de la población rusa. Y Rusia ni siquiera ha declarado el conflicto en Ucrania una guerra, denominándola oficialmente “operación especial”, con lo que una movilización total no es posible por ahora.

La escalada de Putin eventualmente requeriría esa movilización total para recuperar la ofensiva con nuevas formaciones, capturar Odesa, controlar el acceso a Transnistria y atacar a Kiev y tener la esperanza de someter a Ucrania como a Bielorrusia y anexar a Rusia los territorios ucranianos del este y del sur. Para eso Putin necesita declarar la guerra y para que su guerra tenga apoyo necesitaría señalar una amenaza existencial para Rusia y que la abrumadora mayoría de los rusos le crean. Por ahora invoca los ataques a sus fuerzas en Crimea como ataques a Rusia y atribuye a Kiev el asesinato de Darya Dugina. Pese a la censura, es claro que esta vez la guerra de Putin es impopular y la movilización total un gran riesgo político.

Para escalar la guerra sin llegar a la movilización total la única alternativa de Putin serían las armas nucleares tácticas. Y puede usarlas si Occidente no demuestra una fuerte voluntad en la disuasión nuclear. Hasta ahora Washington ha ignorado las amenazas nucleares de Moscú contra Ucrania. Es un error. En lugar de desestimar la posibilidad del ataque como una baladronada, Washington podría advertir firmemente a Moscú que por sus compromisos del Memorándum de Budapest daría pleno apoyo de defensa a Kiev ante un ataque nuclear táctico ruso. Eso tal vez no sea suficiente, pero la completa ausencia de disuasión nuclear creíble no es una opción razonable.

La mejor opción para Moscú, aunque no necesariamente para Putin, sería una “pausa estratégica” que congele la guerra. Ya Putin dio una primera muestra en esta dirección al con referéndums en los territorios ocupados del sur de Ucrania, no para unirse a Rusia como los de Crimea, sino para declarar la independencia como las llamadas Repúblicas de Lugansk y Donetsk.

Kiev difícilmente aceptaría una congelación de esta guerra mediante un alto fuego tras las consecuencias de algo similar, que en la guerra de 2014 concluyó en los –para Ucrania– infames acuerdos de Minsk. Pero Kiev podría verse forzado por Washington a aceptar un estancamiento de facto para una guerra reanudada e interrumpida localmente, una y otra vez. Pero la retirada de Rusia de la guerra contra Ucrania, incluso sin retirarse de todos los territorios ocupados, hoy parece requerir que Putin pierda el poder, lo que no es imposible, pero tampoco hay señales de que sea inmediatamente probable.

Entre tanto, de una u otra forma, Putin seguirá tratando de pasar a la historia como el gran integrador de “todas las Rusias”, porque, aunque ya no apuesta por la falta de voluntad de defensa de Ucrania, seguirá apostando porque la fuerza militar y económica de Occidente se vean frenadas eventualmente por su debilidad política interna.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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