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Equipo legal de Trump en rueda de prensa sobre denuncias de fraude. AFP.

Quedan las Cortes, pero la opinión pública luce mal para Trump

El cuento no luce disparatado, aunque la prensa demócrata trate de hacer creer que todo es una ridícula «teoría de conspiración» de Trump. Es probable, es verosímil, es grave. Sabemos, por ejemplo, de la relación de Dominion con Smartmatic, la experta en fraudes del Caribe

Hubo gran expectativa ante la rueda de prensa de los abogados de Trump este mediodía. Desde hace semanas, la campaña del presidente ha alzado la narrativa de que Biden se robó las elecciones y la evidencia es abrumadora. Sin embargo, a más de diez día desde que los medios proyectaran el triunfo de Biden, aún el relato del trumpismo no se impone. Al menos no en la opinión pública.

El cuento no luce disparatado, aunque la prensa demócrata, soberbia, trate de hacer creer que todo es una ridícula «teoría de conspiración». Andamos a finales de este año, ha pasado demasiado: sería muy ingenuo desestimar por completo la denuncia de que grandes empresas de tecnología manipularon unas elecciones bastante reñidas. Es probable, es verosímil, es grave. Sabemos, por ejemplo, de la relación de Dominion con Smartmatic, la experta en fraudes del Caribe.

Por ello hace muy mal la prensa sediciosa, irresponsable, al simplemente desestimar la justificada y documentada acusación. Es el presidente de Estados Unidos, es su equipo de abogados, fue una contienda reñida, la mitad del país cree que le robaron, las big tech han quedado expuestas y el ruido es atronador. Irresponsable, nuevamente, simplemente lanzar al aire que todos son delirios, arrebatos usuales del perdedor.

Las elecciones no han terminado aunque Joe Biden muestre orgulloso la corona que le dieron los medios. Un backing que diga president-elect le ayuda a armar su universo que, aún, es ficticio. Las elecciones no han terminado porque hay demasiadas dudas, demasiado recelo, sobre los resultados. Y, en consecuencia, hay todo un equipo de abogados comprometidos con la cruzada de que se resuelvan las inquietudes. Allí andan Sidney Powell y Rudy Giuliani, quienes este jueves se pararon frente a los medios a explicar el fraude del que, según ellos, fueron víctimas millones de americanos.

No obstante, luego de una rueda de prensa de más de dos horas, los medios se limitaron a recoger todo lo banal, todo lo risible, todo lo caricaturesco, más digno de una película de Tom Shadyac, que lo importante, lo grande, lo crucial: se habló más del tinte de pelo corriendo por los cachetes de Giuliani que de la denuncia y la información sobre el fraude. Y esto terminó siendo así porque, para el pesar de quienes queremos que todo se aclare, la rueda de prensa fue eso: una denuncia y la presentación de información. No llegó la prueba definitiva. Nada del smoking gun. Declaraciones juradas, eso sí, de algunos anónimos y otros valientes que dieron su nombre. Pero no mucho más. Y eso no ha sido suficiente para permitirle a la campaña de Trump imponer, finalmente, su relato.

No lo ha hecho porque ni hay consenso entre los medios de la derecha, afines al Partido Republicano, en cómo —y si es necesario— cubrir la rueda de prensa. The Daily Caller, por ejemplo, no le dio la cobertura correspondiente. Periodistas de The Daily Wire acompañan a quienes piden pruebas —como lo hizo Cabot Phillips, quien escribió que «pedir evidencias de fraude no te hace un simpatizante de los demócratas, te hace un simpatizante de la verdad»—. El mismísimo Tucker Carlson, una de las voces más lúcidas de la derecha americana, dijo que, aunque le parece despreciable que los medios anden caricaturizando y burlándose de las denuncias, la campaña de Trump no ha terminado de presentar evidencias irrebatibles. Además, Carlson reveló que su equipo ha contactado reiteradamente a Sidney Powell, la campeadora del equipo legal de Trump, para que dé detalles y pruebas de la denuncia de fraude. Powell, dice Carlson, nunca envió «evidencia» ni accedió a darle una entrevista a su programa en Fox News. Finalmente, molesta, dijo al equipo de Carlson que dejara de contactarla.

Lo anterior es preocupante porque las voces con las que cuenta Trump no lo acompañan al unísono. Esto es, de momento, una muestra de que, al menos en la opinión pública, el presidente va mal. Por supuesto que los medios de izquierda caricaturizarían todo. Irresponsables, como vienen siendo desde hace años, hoy son los autores de una canalla conspiración contra el presidente. Pero inquietan los aliados naturales del presidente.

El presidente Trump y su equipo legal mordieron duro. Apretaron las fauces y no soltarán hasta que concluya la batalla legal. Van a los tribunales y ahí, como debe ser, presentarán, si realmente existe, la prueba dura, irrebatible, la smoking gun que los demandantes y quienes apoyaron la reelección, necesitan. Quedan las cortes, pero la opinión pública luce mal para Trump.

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