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La “feminista” Megan Rapinoe da la espalda a la ciencia para defender la participación de hombres biológicos en el deporte femenino

Megan Rapinoe, la feminista anticiencia que defiende la participación de hombres biológicos en categorías femeninas

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MEGAN RAPINOE y el sentido común no se llevan muy bien. La estrella del fútbol femenino, afamada por su activismo políticos en pro de ideas progresistas y feministas, salió en contra de las mujeres deportistas al defender la participación de hombres biológicos en las categorías femeninas; explayándose con argumentos carentes de base fáctica y anticiencia.

En una entrevista con la revista TIME, la estrella de la selección de fútbol femenino habló sobre la participación de atletas trans —biológicamente hombre—- en categorías femeninas y resaltó —falsamente— que no existe evidencia de que haya hombres dominando a las mujeres en diferentes disciplinas.

“Muéstrame la evidencia de que las mujeres trans están tomando las becas de todos, están dominando en todos los deportes, están ganando todos los títulos. Lo siento, pero no es así. Así que tenemos que partir de la inclusión, y punto”, dijo la futbolista, quien culpó “a la derecha” por supuestamente polemizar e impulsar el debate sobre la posibilidad de que los deportes femeninos estén dominados por atletas trans.

“Francamente, creo que lo que mucha gente conoce son versiones de los temas de conversación de la derecha porque son muy ruidosos. Son muy consistentes y son implacables”, afirmó.

Asimismo, también aseguró que la sociedad debe entender que, en este caso, el deporte no es “tan importante” como “la vida” y por ende se debe aceptar la participación de los atletas trans en competiciones femeninas porque se podría poner en riesgo la salud física y mental de los atletas trans.

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“También animaría a todos los que tienen miedo de que alguien tenga una ventaja injusta sobre su hijo a que den un paso atrás y piensen de qué estamos hablando realmente. Estamos hablando de la vida de las personas. Lo siento, el equipo de voleibol de su hijo no es tan importante”.

La jugadora de fútbol americana Megan Rapinoe sube al podio durante una visita en la sala de prensa James Brady de la Casa Blanca en Washington, DC, el 24 de marzo de 2021. (EFE)

Megan Rapinoe y su falso feminismo

La realidad es que, primero, lo que dice Megan Rapinoe es falso. Sí que hay atletas trans dominando categorías femeninas, como fueron los conocidos casos de halterófilo neozelandés Laurel Hubbard y el nadador Lia Thomas, que batieron récords nacionales y se posicionaron en la élite del deporte femenino siendo deportistas realmente mediocres en las divisiones masculinas.

El de Hubbard es, de hecho, un claro ejemplo de cómo un atleta trans puede colarse entre la élite injustamente. El neozelandés, quien gozó de un desarrollo físico masculino en su pubertad y adultez, alcanzó jugar unos Juegos Olímpicos teniendo una técnica defectuosa (que por ello no logró trascender en las Olimpiadas), muchas lesiones en su historial físico y una edad muy avanzada (43 años en ese momento) para la disciplina de levantamiento de pesas. Evidentemente, Hubbard le sacó el lugar a muchas atletas jóvenes y talentosas neozelandesas que pudieron ir a las Olimpiadas de Tokio de no haber enfrentado a un atleta que simplemente tenía más fuerza que ellas.

Lo de Lia Thomas es aún más evidente: arrasó en casi todos los campeonatos nacionales en los que participó y, cuando competía en las divisiones masculinas, ocupada el ranking 463 a nivel nacional; mientras que en las categorías femeninas ascendió al primer lugar del ranking.

¿Qué pasaría con el deporte femenino si los atletas trans se multiplican y empiezan a participar masivamente tanto en juegos colectivos como individuales? Sencillamente tendrían una ventaja por sobre la mayoría de las mujeres biológicas. Y esto queda en evidencia cuando FINA, la máxima autoridad de la disciplina de natación del mundo, decidió prohibir la participación de los atletas trans en categorías femeninas porque atenta contra los principios de equidad y justicia deportiva.

Los hombres, en la pubertad y también parte de su adultez, desarrollan de una forma mucho más considerable sus músculos y huesos que las mujeres; se hacen más fuertes y veloces, con mayor capacidad para levantar, saltar, lanzar o correr, evidentemente en la mayoría de los deportes existe una ventaja biológica y se comprobó que la simple supresión de la testosterona luego de hacer la transición de género no revierte esta ventaja.

Es muy hipócrita por parte de Rapinoe decir que se trata de defender vidas y que el deporte no es muy importante, cuando ella en los últimos años de su carrera, no está en riesgo de perder su lugar deportivo. Sin embargo, las nadadoras que compitieron contra Lia Thomas sí perdieron puestos deportivos y hasta la posibilidad de ganar una medalla, porque simplemente competían contra alguien fuera de su nivel. Eso es frustrante e injusto, además, no se sabe cómo una decepción de ese tipo puede afectar la vida de una deportista que está intentando alcanzar la élite.

Es irónico porque, en efecto, Megan Rapinoe y el equipo nacional femenino de Estados Unidos quedaron en evidencia en 2017 cuando un equipo juvenil masculino sub-15 del FC Dallas les ganó por 5-2 en un amistoso. Es decir, la mejor selección nacional del mundo femenino, fue goleada por unos adolescentes. En la élite no tendrían oportunidad.

Los argumentos de Megan Rapinoe en su entrevista con TIME son, primero, manipuladores. Porque defender la competitividad del deporte femenino no significa discriminar a los atletas trans. FINA, por ejemplo, creará una categoría abierta para que ellos compitan en un ambiente más amistoso y acorde a sus capacidades físicas. También son abiertamente “anticiencia”, porque simplemente ignora los casos donde hay ventajas físicas evidentes y se olvida de analizar que podría llegar a pasar con el deporte femenino si los atletas trans multiplican su participación. Y, por último, demuestra la doble moral del feminismo, que se dice defensora de la mujer, pero en las primeras de cambio no lo piensa dos veces para soltarle la mano a las propias mujeres.

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