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¿Renunciará el nuevo gobierno alemán a la complaciente política de Merkel hacia Beijing?

La constitución alemana permite al canciller determinar la política exterior, así que la solución de los conflictos en el gabinete respecto a China dependerá de la voluntad de Scholz para utilizar sus poderes

Con una inusualmente rápida felicitación a Olaf Scholz por su elección como canciller alemán, Xi Jinping mostró que Beijing entiende que la continuidad de la complaciente política hacia el totalitarismo chino de la era Merkel está en duda con la nueva coalición de gobierno alemana, aunque China sea el mayor socio comercial del país europeo y su segundo mercado de exportación tras Estados Unidos y pese a que Scholz había dado garantías de continuidad de la política pro China de Merkel.

El proyecto imperial de Xi Jinping exije mantener las ventajas manufactureras de China mediante una veloz renovación tecnológica de la industria. Eso requiere inversiones y transferencias tecnologicas de empresas extranjeras. Que las empresas alemanas continúen en China es tan importante para Beijing como que Berlín siga neutralizando cualquier posibilidad de presión política hacia Beijing desde la UE.

En los últimos 16 años la Comisión Europea nunca logró sostener una postura firme y coherente ante Beijing. La diplomacia China aprovechó las feroces presiones ideológicas de Berlín contra gobiernos conservadores de Europa Central para incrementar su influencia en la zona. La más reciente muestra de debilidad de la Comisión Europea ante Beijing fue el impune acoso de China contra Lituania, cuando Vilnius fortaleció sus relaciones comerciales con Taiwán dejó claro que Bruselas no es capaz de defender a un Estado miembro de la UE bajo presión de Beijing.

Pero Xi Jinping entiende que la debilidad de la UE depende del que Alemania mantenga la política complaciente de la era de Merkel. Que el acoso de Beijing no se limitase a Lituania, sino que se hiciera efectiva mediante agresivas amenazas contra empresas alemanas debió ser una línea roja. Pero el gabinete de Scholz se mantuvo en silencio.

Lo que pone en alerta al Partido Comunista chino no es el nuevo canciller, sino sus socios de coalición. Tanto el Partido Demócrata Liberal (FDP) como el Partido Ecologista Verde critican a China en temas tan intocables para Beijing como sus mecanismos de control social, censura, violación de derechos humanos y prácticas genocidas contra minorías. La Fundación Friedrich Naumann, próxima al FDP, se vio forzada a cerrar su sucursal en Hong Kong tras la brutal represión del año pasado.

La nueva ministra de Relaciones Exteriores Annalena Baerbock, del Partido Verde, criticó activamente al gobierno de Merkel por ser demasiado blando con China. Sus propias bases políticas esperan de ella una línea dura hacia Beijing en temas que van de derechos humanos a política ambiental. El ministro de Finanzas, Christian Lindner, del FDP, se ha opuesto a la política hacia China de Merkel y declarado que “no es posible copiarla”.

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Con demócratas liberales y verdes en el gabinete será difícil para el canciller Scholz mantener la promesa que, según el semanario alemán Wirtschaftswoche, le hizo a Xi Jinping sobre mantener intacta la línea pragmática de Merkel y apoyar el acuerdo de inversión de la UE con China.

En los acuerdos de coalición los tres partidos del nuevo gobierno alemán acordaron una “estrategia integral de China” como parte de la política conjunta UE-China, “para poder hacer realidad nuestros valores e intereses en la rivalidad sistémica” con Beijing. Washington podría presionar coherente y hábilmente a Scholz para que acepte realmente las implicaciones de esa “rivalidad sistémica”. Pero la coherencia ha sido escasa en la política exterior de la administración Biden.

La constitución alemana permite al canciller determinar la política exterior, así que la solución de los conflictos en el gabinete alemán respecto a China dependerá de la capacidad de Baerbock y Lindner para articular e imponer su propia línea política y de la voluntad de Scholz para utilizar poderes ejecutivos sobre política exterior con el fin de mantener, hasta donde le sea posible, la complaciente política de Merkel ante Beijing.



Pero Scholz ya está bajo fuerte presión de Washington para alinearse con el boicot diplomático contra los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de China. Y si no obtiene señales claras de un cambio en la posición de Berlín hacia Beijing, Biden podría verse obligado a retornar ruidosamente al unilateralismo americano antes de las elecciones de medio término.

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