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Coronavirus

Resurgen casos de coronavirus: 3 lecciones a tener en cuenta

Con estas nuevas olas de contagios de coronavirus, medidas basadas en las experiencias basadas deben ser aplicadas para evitar el caos.

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Miles de nuevos casos de coronavirus empiezan a propagarse por el territorio americano llenando los hospitales y saturando el sistema de salud en general. Grandes y radicales confinamientos han sido prácticamente declarados en otras partes del mundo como en el Reino Unido, ignorando cualquier tipo de conocimiento que pudo haberse obtenido el año pasado. Con estas nuevas olas de contagios, medidas basadas en las experiencias deben ser aplicadas para evitar el caos.

De acuerdo a un extenso reporte del Wall Street Journal hospitales a lo largo y ancho del país no se están dando abasto, inclusive los de áreas metropolitanas y grandes ciudades ante los casos rampantes de coronavirus.

«La crisis es una amenaza para la salud pública que va mucho más allá de las principales ciudades. Los hospitales más grandes de las principales áreas metropolitanas a menudo tienen especialistas y equipos de salvamento que no existen en los hospitales regionales más pequeños». Las instituciones más grandes sirven como válvula de escape cuando las instalaciones más pequeñas son invadidas. A medida que los grandes hospitales se llenan, se siguen acercando ambulancias locales, así como a la mayoría de los traslados de pacientes, creando una tensión de gran alcance en las redes regionales de salud.

John Friel, director ejecutivo del hospital Big Bear Lake en California, afirma que los hospitales más pequeños «están todos respaldados». La institución que dirige no cuenta con Unidad de Cuidados Intensivos y solo utiliza su sala de emergencias para atender pacientes en grave estado por coronavirus. Friel relata que tuvieron que utilizar una ambulancia aérea para transferir un paciente hasta Reno, Nevada, para disponibilizarle una cama.

Para el 2 de enero, la población contabilizada con coronavirus que está actualmente en hospitales llegó a 129,600 con 21,300 hospitalizados en California. Christina Ghaly, directora del Departamento de Servicios de Salud en el condado de Los Ángeles afirma que «muchos hospitales han llegado a un punto de crisis y tienen que tomar muchas decisiones difíciles sobre la atención al paciente».

En las últimas dos semanas se promediaron 13,988 casos nuevos de coronavirus y las cifras solo aumentarán, reporta el Wall Street Journal. Ante esto, se hace evidente que las decisiones difíciles no solo deberán ser tomadas por los hospitales, sino también por las autoridades públicas, por lo tanto, es fundamental tomar en consideración varias lecciones obtenidas en el primer año de la pandemia del coronavirus.

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Christina Ghaly, afirma que «muchos hospitales han llegado a un punto de crisis y tienen que tomar muchas decisiones difíciles sobre la atención al paciente» (Foto: Flickr)

Los confinamientos hacen más daño que bien

De acuerdo a un estudio realizado por Revolver News, los confinamientos son diez veces más letales que la misma pandemia de coronavirus, pues los años-vida que se pierden son prácticamente irrecuperables.

El estudio se enfocó en los efectos que el desempleo ejerce sobre la salud para calcular un estimado de cuántos años de vida se habrán perdido gracias a los confinamientos en los Estados Unidos, comparándolos con un estimado de cuántas vidas se habrían salvado gracias a ellos.

Revolver News arguye que «se puede utilizar una investigación exhaustiva sobre el desplazamiento laboral para estimar el impacto económico en años de vida del desempleo marcadamente aumentado para los trabajadores de carrera media o tardía». El estudio finalmente revela que el estimado de años de vida perdidos serán aproximadamente 18.7 millones (en los Estados Unidos) debido a los confinamientos.

La mecánica del lockdown si bien puede tener algún tipo de lugar en las poblaciones de riesgo, produce efectos negativos sin precedentes en las poblaciones más jóvenes. Pero a nivel económico y comercial también se han comprobado contraproducentes. A pesar de que el Banco Mundial achaca estas cifras a la pandemia y no a los confinamientos (que fueron la reacción principal ante ella), se estima que 150 millones de personas estarán en pobreza extrema. Por la parte comercial, Fortune reportó en septiembre que 100,000 negocios han cerrado por la misma razón.

Los confinamientos, queda claro, no son una solución viable para esta segunda ola de la pandemia que se está desarrollando.

Los confinamientos aumentan el gasto público

El senador Rand Paul probablemente haya sido el emisor más claro de una solución clara: abrir el país. En uno de sus últimos discursos del año pasado, Paul dejó claro que el radical paquete de estímulo que fue aprobado es una consecuencia clara de los confinamientos y de los efectos graves que tendrá sobre las generaciones posteriores. La deuda del Gobierno americano aumentó radicalmente gracias a este paquete, que solo tuvo razón de ser porque los gobernadores —a quienes llamaba «dictadores de latón»— sofocaron los negocios con confinamientos absurdos y sus voluntades intermitentes frente al coronavirus.

El problema del gasto público no es el coronavirus sino los confinamientos, las absurdas limitantes que los gobernadores imponen sobre los comercios y los cierres arbitrarios que los ahogan sin misericordia. Abrir el país es lo único que puede funcionar para que los negocios puedan costearse sus gastos, sus salarios y puedan iniciar el tortuoso camino para salir de una deuda eterna provocada por los gobernadores fundamentalmente.

Los confinamientos solo hacen más poderosos a los poderosos

Los tiranuelos en las gobernaciones del país solo mantienen su poder porque siguen recibiendo fondos federales. Sin confinamientos, ni los paquetes de estímulo ni el envío de fondos federales habrían ocurrido porque los negocios en las ciudades y estados habrían podido pagar los impuestos. Paralizar los estados mató de mengua a cientos de miles de negocios que daban trabajo a cientos de miles de familias, más de lo que el coronavirus pudo haberlos matado —y que no hizo.

Sin oro, los tiranuelos no ponen las reglas, sino los ciudadanos. Esto tiene que aprenderse demasiado bien, y probablemente sea la lección más importante, pues la miseria por la que pasan cientos de miles de personas gracias a los confinamientos viene dada exactamente por eso.

Los confinamientos son métodos que debilitan al ciudadano, indistintamente si las intenciones de los mandatarios sean buenas. El resultado ha sido terrible y en esta segunda ola del coronavirus es fundamental evitar que se repita.

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