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Ronald Reagan: un ícono americano

La “Revolución Reagan” fue un reajuste del excepcionalismo americano. Este movimiento sísmico conservador constaba de dos componentes: la Doctrina Reagan y la Reaganomics

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Este 6 de febrero se cumple el 110º aniversario del nacimiento de Ronald Wilson Reagan. Locutor de radio, actor, líder sindical, capitán de las Fuerzas Aéreas, gobernador de California y cuadragésimo presidente de los Estados Unidos; Reagan, para algunos, lo tenía todo en contra. Después de todo, abandonó el Partido Demócrata, luchó contra el comunismo y fue un conservador a ultranza cuando era impopular serlo. En su primera reunión del gabinete presidencial, expuso en términos sencillos cuáles serían sus objetivos: “Odio la inflación, odio los impuestos y odio a los soviéticos”. Su tenacidad, visión y voluntad política le permitió demostrar que la izquierda estaba equivocada y llevó a cabo un cambio de paradigma fundamental en Estados Unidos que ha tenido repercusiones importantes en el mundo.

La “Revolución Reagan” fue un reajuste del excepcionalismo americano. Este movimiento sísmico conservador constaba de dos componentes: la Doctrina Reagan y la Reaganomics. Con ambos, el cuadragésimo presidente y su muy capaz administración abordaron los enormes problemas a los que se enfrentaban Estados Unidos y el mundo libre. El comunismo había hecho enormes incursiones a nivel mundial, debido a la negligente Détente, las políticas basadas en la coexistencia que los anteriores gobiernos americanos, tanto demócratas como republicanos, abrazaron, y de las que los soviéticos se aprovecharon e hicieron su agosto. El segundo frente de calamidad fue el económico. La estanflación (stagflation), esa fusión de estancamiento económico (sin crecimiento), alta inflación y alto desempleo, un subproducto de los desastrosos planes económicos de inspiración keynesiana de hace décadas, estaba matando a Estados Unidos. La Revolución de Reagan ofreció una liberación.

La Doctrina Reagan sustituyó a la Doctrina Truman. La contención, la pieza central de la reacción de Occidente tras la Segunda Guerra Mundial al avance del comunismo soviético y que lleva el nombre de Harry S. Truman, estaba fracasando en los años 60 y 70. En otras palabras, el marxismo había desarrollado una inmunidad contra él. Como sustituto, la administración Reagan inició una política agresiva para hacer retroceder al comunismo. Esta estrategia no probada resultó ser fundamental para derribar el comunismo soviético.

A través de una serie de Directivas de Decisión de Seguridad Nacional (NSDD) muy eficaces, el equipo de Reagan derribó efectivamente a la Unión Soviética y, en consecuencia, a sus satélites del bloque oriental. Estas directivas presidenciales sirvieron para orientar la política instruyendo a los asesores y departamentos relacionados con la Seguridad Nacional, de los objetivos de la administración. En concreto, se trata de las NSDD 24, 41, 48, 54, 66, 70, 75 y 166, todas ellas, excepto esta última, firmadas entre febrero de 1982 y enero de 1983 (la NSDD se firmó en marzo de 1985). Estructuralmente, estos destacados NSDD trataban de desafiar la hegemonía soviética mediante una combinación de estrangulamiento financiero, confrontación beligerante indirecta y jaque mate por delegación.

Desde la frustración del oleoducto siberiano, el despliegue de misiles Pershing en Europa, el apoyo a la oposición en Europa del Este y el armamento de los luchadores por la libertad en América Central, África y Afganistán, la limitación de la tecnología a la URSS, la modernización del ejército americano y el desarrollo de la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), Reagan puso a los soviéticos en un aprieto. En un plano periférico, pero no por ello menos importante, la venta de aviones AWACs a Arabia Saudí atribuyó a que Riyadh rompiera el control de la OPEP sobre la producción de petróleo, llevando los precios a niveles bajísimos. El “Gipper” (apodado así por uno de los papeles cinematográficos de Reagan) sabía que el petróleo era la principal fuente de ingresos en divisas de la URSS. Al no poder instituir las adaptaciones de un Estado leninista con una economía híbrida, como hizo China, el comunismo soviético implosionó.

Ronald Reagan falleció el  5 de junio de 2004. (Pixabay)
El rescate de Reagan

El rescate y el renacimiento económico americano que encabezó la Revolución Reagan no fue menos grandioso que los resultados de su política exterior. La Reaganomics consistió principalmente en el taburete de tres patas de los recortes de impuestos, la desregulación y la política monetaria estable. Con unos tipos de interés del 21 %, una inflación del 13.2 % y un desempleo del 7.4%, la situación económica del país era pésima cuando llegó Reagan. Siguiendo una política de oferta monetaria frugal estricta para controlar la inflación, liberando la economía mediante una amplia revisión desreguladora y aplicando enormes recortes fiscales, al final de su presidencia, Estados Unidos se había transformado para mejor.

El Producto Interior Bruto (PIB) real creció un 35.7 % durante su mandato, con una media del 4.1 % anual. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, esto representó un crecimiento, en términos reales, de más de un tercio del PIB. Se generaron 20 millones de nuevos empleos y 5 millones de nuevas empresas. La inflación se redujo al 3.2 % en solo dos años. Los tipos de interés bajaron al 10 % desde el monstruoso 21 % que heredó. El desempleo se redujo al 5.4 %. Los izquierdistas y los keynesianos de grandes gastos atacaron los recortes de impuestos y señalaron engañosamente el aumento del déficit. Sin embargo, esto no es sincero.

El hecho es que el déficit, cuando se mide en términos absolutos, disfraza la cuestión fundamental de la relatividad en economía. Las Tablas Históricas del Presupuesto del Gobierno de Estados Unidos nos dicen que cuando Reagan dejó el cargo, el déficit era solo del 3 % del PIB, que era el mismo porcentaje cuando entró en el cargo. El mito de los déficits horribles no se cumple cuando se analiza responsablemente y se mide como porcentaje de la economía. Además, los recortes fiscales produjeron un aumento exponencial de los ingresos estatales, al ampliarse el pastel económico. Los ingresos federales totales se duplicaron, pasando de poco más de 517,000 millones de dólares en 1980 a más de un billón en 1990. Esto representó un aumento del 28 % en dólares constantes ajustados a la inflación.

Ronald Reagan fue fundamental para que Estados Unidos volviera a ser una “Ciudad sobre una Colina”. Después de Abraham Lincoln, su presidencia puede ser la más importante. Ciertamente, fue la más importante del siglo XX. ¡Feliz cumpleaños, presidente Reagan! El mundo le saluda y le echa de menos.   

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