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Mientras se diluye la esperanza, AMLO se aferra al vodevil

AMLO llegó a la presidencia montado en una ola de esperanza, pero conforme se diluye, se aferra al vodevil, ofreciendo show en lugar de resultados

En el 2018, López Obrador fue el candidato de la esperanza, eso es indudable. Él y su equipo fueron muy hábiles para alimentar este sentimiento, encarnarlo en una propuesta política y movilizarlo primero en la conversación pública y luego hacia las casillas, lo que se convirtió en un elemento clave para su abrumador triunfo con 53 % de los votos, el porcentaje más alto para un Presidente de la República (en México) desde 1982.

Sin embargo, conforme nos acercamos a los dos años de Gobierno, esas esperanzas de acabar con la corrupción, rescatar la “soberanía” de PEMEX, terminar con la violencia del crimen organizado y reducir la pobreza no se están transformando en una realidad. por el contrario se diluyen en nuevas promesas o entre pretextos absurdos. Vamos una por una:

  1. La promesa principal fue la de romper con la impunidad de los corruptos, pero a pesar del triunfalismo “obradorista” el hecho es que, a dos años de su Gobierno, la administración federal sigue adjudicando directamente 7 de cada 10 contratos, en lugar de licitarlos. Ninguno de los grandes corruptos está en la cárcel, y el único detenido de alto perfil fue Emilio Lozoya, pero incluso este salió en libertad provisional y el gobierno federal lo trató a cuerpo de rey, supuestamente con la esperanza de que les regale información.

Con el mismo cuento de “combatir” la corrupción, Obrador ordenó cancelar la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que estaba destinado a ser uno de los más grandes y modernos del mundo, aunque hasta la propia secretaría de Comunicaciones y Transportes reconoció que no tenían pruebas de actos de corrupción. Es decir, la cancelación fue capricho y la corrupción fue pretexto.

Peor aún, con Obrador ha empeorado el desabasto de vacunas y medicamentos, especialmente los tratamientos para el cáncer y el SIDA. La escasez llegó a tal punto que las familias de los niños con cáncer formaron un movimiento para exigirle al gobierno que cumpla sus compromisos, pero hasta la fecha sólo han recibido promesas. ¿El pretexto? Adivinaron: que no hay medicinas porque “están combatiendo la corrupción”.

  • En cuanto a PEMEX la situación llega al punto de lo grotesco. El gobierno le ha destinado cada vez más dinero, pero los resultados empeoran. En 2019 las pérdidas de PEMEX se duplicaron (pasando de 9.575 a 18.367 millones de dólares) y luego escalaron a casi 22.000 millones de dólares en el primer trimestre del 2020. Es decir, antes de que llegara la pandemia. La infraestructura de PEMEX está en tan mal estado que ya no pueden producir gasolina de alto octanaje y a partir del mes de agosto toda la gasolina “premium” que se vende en México es importada.
  • Veamos la seguridad pública. AMLO prometió que cuando llegara a la presidencia, los delincuentes se volverían honestos, porque ya no habría corrupción ni necesidad de robar y su gobierno traería como consecuencia la pacificación del país. Esa era la esperanza; la realidad es muy distinta: México ha vivido los 2 años más violentos de su historia moderna, con más de 65.000 asesinatos, mientras el crimen organizado se adueña de amplias regiones, no solo en la zona rural, sino incluso en las carreteras federales y en las ciudades más importantes.
  • Combatir la pobreza es otra promesa incumplida. México entró en recesión económica desde mucho antes que llegará el COVID-19 y es notorio que la economía del país esencialmente se frenó desde el momento en que Andrés Manuel ganó presidencia. Mientras tanto, la única respuesta de su gobierno son programas paternalistas cuyas reglas de operación y resultados están en serias dudas.
La esperanza del AMLO
Manifestantes de AMLO con pancartas comunistas en una manifestación en apoyo al presidente López Obrador (Flickr)
El vodevil como reemplazo de la esperanza

A pesar de esta situación, la popularidad presidencial sigue siendo bastante elevada y se ha recuperado por completo del golpe que implicó el impacto inicial de la pandemia. Al 23 de octubre, Andrés Manuel López Obrador tiene el apoyo de un 58.9% de la población.

Esto puede explicarse en parte por la incompetencia de los opositores y su incapacidad de construir una alternativa que sea relevante y cercana hacia los ciudadanos. Más allá del relativo éxito del “Frente Nacional Anti-AMLO” o de “Sí por México”, en términos generales los mexicanos siguen considerando que, incluso si Obrador fuera malo, la oposición es peor.

La otra mitad de la explicación es que AMLO ha logrado compensar con entretenimiento lo que no cumple en avances concretos. Obrador tiene una gran habilidad para marcar la agenda mediática, y ésta se ha incrementado todavía más con los amplios recursos económicos y políticos que tiene a su alcance en la presidencia de la República.

La estrategia del presidente es la del vodevil, con dramas, comedia y hasta números musicales. En estos meses le ha exigido disculpas al papa Francisco, ha pedido que Austria devuelva el penacho de Moctezuma, ha acusado de pinochetistas a los opositores y ha construido todo un repertorio de hombres de paja que utiliza para posicionarse ante sus seguidores como el valiente que lucha contra las malignas fuerzas de la maldad, sintetizadas en el “PRIAN”. No es buen gobierno, pero vaya que es un buen espectáculo.

Por lo pronto, las encuestas parecen darle la razón a su estrategia, pues a pesar de la erosión de la esperanza, mantiene un nivel de popularidad sería inexplicable en otras circunstancias, pero apostarle al vodevil también asume un riesgo lo que yo llamo el “síndrome de Andy Kaufman”: cuando tu estrategia es llamar la atención escandalizando, llega un momento que te quedas sin ideas y entonces el apoyo termina revirtiéndose.

Y el oficialismo, sostenido con alfileres

Mientras tanto, la alianza oficialista está sostenida con palillos. Morena, el “partido” del presidente ha sido incapaz de consolidarse como tal en los hechos. El 23 de octubre, el Instituto Nacional Electoral declaró que el nuevo dirigente de Morena será Mario Delgado, pero (fiel a la costumbre izquierdista) el otro aspirante, Porfirio Muñoz Ledo, ya adelantó que no reconocerá los resultados, y esos conflictos internos se repetirán en todos los niveles, conforme se acerque el momento de elegir a los candidatos para las elecciones intermedias del 2021.

A menos de 8 meses de los sufragios, que definirán el futuro de su régimen, Obrador tiene a favor los recursos del gobierno federal, una amplia alianza política y la tentación del regreso al autoritarismo (atractiva para muchos mexicanos). En su contra operan la falta de resultados, el desgaste natural de una estrategia basada en hacer teatro y el enorme odio apenas disimulado entre sus las facciones de su propio partido.

Con lo que ya no contará es con la ilusión del cambio. Una cosa está clara: cuando se va la esperanza, sólo queda el vodevil.

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